Buenos Aires, 23/11/2017, edición Nº 1835

Comienzo de clases: vuelve el miedo al bullying

Para muchos volver al colegio significa reencontrarse con amigos, pero para otros es reencontrarse con el dolor del acoso escolar.

(CABA) Inició un nuevo ciclo lectivo y los chicos experimentan diferentes emociones. Para muchos volver a la escuela significa reencontrarse con amigos, la posibilidad de conocer nuevos, disfrutar de recreos y juegos, nuevos profesores, nuevas materias… pero para otros tiene un significado muy distinto que se evidencia en un estado de ansiedad e incluso cuadros depresivos, y la causa de esto es el acoso escolar conocido como bullying.

“Una de las problemáticas sociales más importantes que se manifiesta en los colegios primarios y secundarios es el hostigamiento de pares. La continuidad de este fenómeno a lo largo de la escolaridad provoca en las víctimas efectos claramente negativos que hacen difícil su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes”, comienza explicando un estudio realizado por el Médico psiquiatra infanto-juvenil y Secretario General de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Flores, Bernardo Kerman.

La violencia y maltrato entre los alumnos afecta cada vez a más niños en las escuelas tanto públicas como privadas. Según datos de la ONG Bullying Sin Fronteras, entre 2013 y 2014 la problemática creció en torno al 33 por ciento en el país y se estima que se denuncian al menos unos seis casos al día.

Es una de las situaciones más duras con las que se pueden encontrar los adolescentes. Los chicos o chicas que se ven sometidos a este tipo de acoso llegan  y en algunos casos llegan a tener depresión y pensamientos de suicidio.

El maltrato no se limita o lo físico. Tras desarrollar el análisis a través de una encuesta en 9 establecimientos educativos de la Ciudad de Buenos Aires, en la que participaron 966 estudiantes de ambos sexos de 11 a 13 años, una investigación de la UFLO observó en 2013 que las formas más frecuentes en que se ejerce la agresión son el insulto, el hablar mal del otro y llamar con sobrenombres que ofenden. Además, “el hostigamiento tiene que ser repetido. Debe tener continuidad durante un largo periodo de tiempo y de forma recurrente. La agresión supone dolor no sólo en el momento del ataque sino de forma sostenida, ya que crea la expectativa en la víctima de poder ser blanco de futuros ataques”, explica Kerman.

Padres y docentes deben estar alertas para distinguir y prevenir este grave problema. Es importante prestar atención a determinadas manifestaciones de la conducta de los niños, por ejemplo, si no quiere ir al colegio, e intentar abrir canales de diálogo para ver qué sucede, ya que a pesar de los esfuerzos por darle visibilidad, la mayoría de los casos de bullying aún pasan inadvertidos.

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