Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Comer en Retiro es más caro que hacerlo en la Bristol

Los usuarios se quejan de los precios abusivos que tienen que pagar en la terminal de ómnibus de la ciudad. (CABA) Los turistas que en estos días salen de vacaciones desde los aeropuertos, la terminal de ómnibus o el puerto de Buenos Aires se llevan una impresión amarga: la de sentir que quisieron estafarlos o –peor– que lo lograron. Porque, en las esperas, comer o tomar algo se convierte en...

Los usuarios se quejan de los precios abusivos que tienen que pagar en la terminal de ómnibus de la ciudad.

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(CABA) Los turistas que en estos días salen de vacaciones desde los aeropuertos, la terminal de ómnibus o el puerto de Buenos Aires se llevan una impresión amarga: la de sentir que quisieron estafarlos o –peor– que lo lograron. Porque, en las esperas, comer o tomar algo se convierte en necesidad. Pero en esos ámbitos, como si fueran islas, los precios se multiplican.

Un relevamiento mostró que las bebidas y comidas más comunes se están vendiendo en esas terminales a valores que duplican los vigentes en zonas aledañas, y que llegan a triplicar los de comercios de zonas de clase media. Precios que la gente, cargada de valijas y sin alternativas, muchas veces termina pagando.

Los diferencias son notorias en una simple compra de kiosco. Una gaseosa o un agua saborizada de medio litro, que ronda los $ 14 en comercios comunes, está a $ 25 en la terminal de ómnibus de Retiro y a $ 36 en Aeroparque. Y la botellita de agua mineral, en vez de $ 12, sale $ 22 y $ 28 respectivamente.

Son varios los kioscos que funcionan en la terminal de micros, pero entre ellos no parece haber competencia: tienen todos los mismos precios. Así, por ejemplo, los paquetes chicos de galletitas se ofrecen a $ 22, alfajores triples a $ 17 y a $ 20 un yogur firme que en todos los súper se vende a $ 6,95.

Los restoranes de la terminal, en tanto, sorprenden en sus menúes con precios a la altura de sus pares más selectos de Palermo y Recoleta: $ 26 el café, $ 30 la gaseosa, $ 17 cada empanada y $ 130 la pizza grande de mozzarella. Algo llamativo es que, fuera del predio, a dos cuadras, el sandwich de jamón y queso baja de $ 42 a $ 20 y el de milanesa completo, de $ 65 a $ 30.

Otro dato: al que vaya a Mar del Plata le saldrá más caro comer una hamburguesa completa en Retiro ($ 70) que disfrutarla en un parador de la Bristol ($ 50), a metros del mar. Como barato, se puede comer una pizzeta con gaseosa por $ 70 y un sandwich de carne o pollo con papas fritas y bebida por $ 84.

Son valores que, de todos modos, envidiarían los “cautivos” del aeropuerto porteño, en cuyos restoranes el café sube a $ 30, el café con leche a $ 46, sale $ 25 cada empanada, $ 78 la porción de tarta, $ 100 la hamburguesa completa (igual que en balnearios top de Punta del Este) y $ 130 un completo de milanesa. Un combo promocional, en ese contexto, se puede llegar a pagar $ 120 por un sandwich de jamón y queso con bebida, o por un plato de ñoquis con gaseosa.

A los precios inflados se pliegan incluso conocidas cadenas gastronómicas. Un café con leche con jugo y 3 medialunas, por ejemplo, sale $ 44 en la sucursal de Tienda de Café de Chacarita, pero $ 79 en la de Aeroparque. La pizzería Accademia cobra $ 77 la grande mozzarella y $ 12 la empanada en Palermo, pero $ 145 y $ 25 respectivamente en su local del aeroportuario, más un servicio de mesa de $ 20.

Y la situación no varía para quien parte en crucero desde la terminal Quinquela Martín, en Retiro. Allí los turistas sólo encuentran un kiosco donde la botellita de gaseosa sale $ 30, $ 25 la de agua y $ 72 un sandwich de miga con bebida.

Las empresas señalan sus altos costos para explicar los precios que cobran (ver aparte), pero entidades de consumidores los consideran “abusivos”. “En Retiro, Ezeiza y Aeroparque todo sale el doble o más. Da bronca porque se aprovechan de laburantes y jubilados que muchas veces viajan por trabajo o para ver a sus familias. Son lugares donde no hay opciones. Con razón, la gente se indigna y, con las vacaciones, los reclamos crecieron”, revela Sandra González, presidenta de Adecua.

Es un abuso imposible de justificar contra consumidores indefensos –coincide Héctor Polino, fundador de Consumidores Libres–. Fijan los precios como si quienes viajaran fueran sólo extranjeros adinerados o argentinos de clase alta. Y el Estado, en vez de intervenir, permanece indiferente”.

Frente a esto, el consejo que dan es comprar lo menos posible. Y son muchos, de hecho, los que están llevando comida de afuera. Entre ellos están Pablo y Darío, dos hermanos que esperaban el micro en Retiro. “En el camino –relataron–, compramos dos sandwiches en un Subway y un agua para compartir. Gastamos menos de $ 70. Acá en la terminal, por esa plata, uno de los dos se quedaría sin cenar

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Fuente: Clarín

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