Buenos Aires, 27/07/2017

Comenzó en el Cervantes el Festival Latinoamericano de Teatro

Hasta el 4 de septiembre se ven obras de Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, México, Paraguay y Uruguay.

(CABA) Con la presencia de elencos de Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Chile, El Salvador, México, Paraguay y Uruguay, el Festival Latinoamericano de Teatro que se realiza en el Cervantes es un acontecimiento que se propone “la complicidad” de los espectadores. Eso dice su director, Gabriel Cosoy. “El público del FIBA busca la impronta de los nuevos procedimientos estéticos del canon europeo. En cambio, este festival propone la complicidad con los lenguajes, con aquello que transmite la pertenencia latinoamericana”, compara. Los espectáculos, entrelazados por la preponderancia de lo político aunque diversos en términos estéticos y de modos de producción, pondrán sobre la mesa la pregunta por la identidad.

La que arrancó con un acto inaugural (en Libertad 815, CABA), que incluyó un show musical de Axel Krygier, es la segunda edición de este festival. Hace dos años fue la primera. En rigor, el origen del evento se ubica en los noventa, cuando Osvaldo Dragún dirigía el Teatro Nacional Cervantes. El nombre era otro: Festival Iberoamericano. En 2014, Rubens Correa, ex director del TNC, decidió retomarlo, “como una continuidad de la expansión del Cervantes”, cuenta Cosoy. “Luego de estabilizar su actividad en Buenos Aires, el teatro empezó a tener presencia en las provincias y fue invitado a realizar giras por muchos países de Latinoamérica. El festival surgió como una prolongación natural”, relata el director y dramaturgo.

Entrevistado en 2014, Cosoy conectaba al festival con la idea de la Patria Grande. “Es un concepto que tiene su sube y baja. Por momentos nos sentimos más integrados a esa idea de amplitud. Y por otros, los procesos políticos no nos permiten sentirnos de esa manera”, reflexiona en esta ocasión.

LAS OBRAS
Es para destacar la presencia de La Candelaria, de Colombia, grupo emblemático de la creación colectiva en América latina, con más de cincuenta años de trabajo. La compañía presenta Camilo, una obra sobre Camilo Torres, cofundador de la sociología en Colombia, profesor, sacerdote y político, insurgente y desaparecido.

Desde Uruguay, con dramaturgia y dirección del franco-uruguayo Sergio Blanco llega Tebas land, tesis sobre el acontecer teatral que parte del parricidio y que está inspirada en el mito de Edipo, la vida de San Martín (el santo europeo del siglo IV) y un expediente jurídico creado por Blanco.

En representación de Chile está Hilda Peña, de Isidora Stevenson, con dirección de Aliocha de la Sotta. Se trata de un testimonio de un pedazo de historia nacional femenina por fuera de los relatos oficiales. Cada una a su manera, Del manantial del corazón (México) y Princesas (Bolivia) remiten a “la mixtura, la irrupción de lo local confrontándose con lo internacional”, sugiere Cosoy. La primera llega desde Yucatán, de la mano del grupo Sa’as Tun y compila rituales y cuidados pre y post parto de las mujeres yucatecas, entre otras cosas. La segunda, del grupo El masticadero (nacido en Cochabamba en 2005) toma como referencia cuentos de hadas de Disney y, con principios del teatro documental, aborda la construcción social del género y la identidad.

El trabajo de Hara Teatro, grupo paraguayo es, según su propia definición, “una reparación histórica”. Damiana, una historia silenciada (obra que se presenta en el C. C. Haroldo Conti) aborda la historia de la niña aché Krýgi, raptada de su comunidad en 1896 para servir a estudios científicos. Recién en 2010 sus restos fueron devueltos a su comunidad.

En la primera edición de este encuentro no se habían presentado espectáculos de Brasil. En esta oportunidad el TNC salda su deuda. Olympia, de Guiomar de Grammont, con dramaturgia de Angela Mourao y Marcelo Bones, quien también dirige, es una creación del Grupo Teatro Andante. Aborda el universo femenino, la soledad, los límites entre lo real e imaginario, la locura y el arte, a partir de la historia de la andariega más famosa de Brasil, que recorría las calles de Ouro Preto, encantando a turistas y residentes. También desde Belo Horizonte llega No Pirex, con dramaturgia de Eid Ribero y del grupo Armatrux (fundado en 1991), un espectáculo con ingredientes surrealistas que combina teatro físico, comedia muda, clown y manipulación de objetos. La programación se completa con Algo de Ricardo, de Costa Rica, y Los más solos, de El Salvador (ver recuadros).

VIOLENCIA Y COMPROMISO POLÍTICO
Un concepto es común a varias de las propuestas: “en general, la temática de la violencia sigue atravesando a las más atractivas creaciones que he visto en Latinoamérica”, resume Cosoy. No obstante, aclara: “Uno imagina que el festival va a ser una colección de llantos y violencia. Pero no. Son obras atravesadas por el humor y la reflexión”.

Consultado sobre la fuerte impronta política que caracteriza a la programación, el artista responde que el teatro es político por definición. “Es siempre una reflexión del hombre en sociedad, aunque la obra plantee una escena amorosa de dos perros en la luna. Tal vez en este caso esté más a la vista porque la mayoría de los creadores están vinculados al acontecer político de sus países, con tomas de posición, participación en jornadas por la ampliación de derechos, comprometidos con todo tipo de violencia. La comunidad teatral latinoamericana no se escapa de los compromisos sociales de su época”, concluye.

La selección corrió por cuenta de Cosoy. Recibió videos y recorrió festivales. Más allá de en las cuestiones de logística –el apoyo económico que los artistas extranjeros puedan recibir en sus países para viajar o la chance de aprovechar la visita para presentarse en otros lugares de la Argentina–, el director enfocó su búsqueda en la identidad del teatro de cada país. “El criterio no está puesto en la concepción de lo novedoso. La idea es poder acercarnos a una realidad que no conocemos o no nos resulta cotidiana”, añade.

QUEBRAR LA HEGEMONÍA
El objetivo es habilitar el acceso de los espectadores a los creadores latinoamericanos, que “muy escasamente se presentan en la cartelera porteña”. Cosoy cree que “un combo de factores” explica este fenómeno. “Por un lado, la tradición teatral porteña, o mejor dicho rioplatense, es bastante eurocentrista. La mirada está más puesta en las novedades que vienen de Francia y últimamente de Alemania. Y el objetivo de la trascendencia del creador argentino no está puesto en girar por Latinoamérica, sino en ser invitado a festivales europeos”, opina Cosoy. Un segundo elemento es “la hegemonía de autores anglosajones, fundamentalmente de los éxitos de Broadway” en el ámbito comercial.

“Contamos con una gran ventaja que nos resulta inadvertida. Hablamos el mismo idioma desde Tijuana hasta Ushuaia. Esto es fundamental para el teatro. Porque, más allá de experiencias vinculadas más a la forma y el movimiento, es un arte vinculado a la palabra. El idioma nos da una identidad en la diversidad”, sostiene el director. Las funciones se extenderán hasta el 4 de septiembre, en Libertad 815.

El cronograma puede consultarse en www.teatrocervantes.gob.ar

Diario de Cultura

S.C.

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