Clubes de lectura: literatura en vivo y de primera mano en Núñez

Se trata de una nueva fecha de Mandinga, el ciclo de lecturas que invita a tres escritores y un músico para que hagan sus delicias en un pequeño y cálido escenario del barrio de Núñez.

(CABA) En el coqueto Club Besares, entre copas de vino y tazones de sopa, la concurrencia escucha atenta a Pedro Mairal, una de las estrellas de la lectura porteña, quien intercala versos junto a su pequeño hijo. Hay risas, muecas de emoción y, finalmente, una torrencial andanada de aplausos. Se trata de una nueva fecha de Mandinga, el ciclo de lecturas que invita a tres escritores y un músico para que hagan sus delicias en un pequeño y cálido escenario del barrio de Núñez.

“La escucha es una experiencia diferente, ni mejor ni peor. Reenvía a la primera relación que la mayoría de nosotros tuvimos con la literatura en la infancia: que nos cuenten cuentos. Y también a la «infancia de la humanidad», por así decir, a la oralidad de los mitos”, explican Lara Segade y Florencia Abadi, coordinadoras de este ciclo que ya lleva nueve años de actividad ininterrumpida.

“Cuando empezamos no había tantos ciclos, y sobre todo tenían una impronta menos divertida. Lo que nos propusimos fue armar algo que estuviera verdaderamente curado, con muy buenas lecturas y música, y que funcionara de modo tal que no fuera aburrido. Y la clave: que se escuchara en silencio”, cuentan.

En una ciudad que respira literatura por doquier, los ciclos de lectura permiten que el público se encuentre cara a cara con el escritor o que, pinchados por la curiosidad, descubran la obra de un autor inédito. Además hay otro motivo, ya del orden de la significación: “Muchos leen especialmente bien sus textos, haciendo los énfasis adecuados de acuerdo al carácter más cómico o más dramático del texto, lo cual supone un plus respecto de la lectura solitaria”, coinciden Segade y Abadi.

“La gente realmente disfruta de tener a escritoras y escritores leyendo en vivo y dando a conocer material muchas veces desconocido”, explica Julián López, uno de los creadores, junto a Selva Almada y Alejandra Zina, de Carne Argentina, el ya clásico ciclo que acaba de cumplir una década de vida y que ha puesto en circulación una extraordinaria cantidad de narradores y poetas.

El rango de público que asiste a las lecturas literarias es sumamente amplio. De los fieles que escuchan hiperconcentrados a un poeta, hasta los que asisten casi exclusivamente por el momento social, pre y post lectura, que permite codearse con los invitados y disfrutar del ambiente. Pero, en la mitología de las lecturas, hay más: están los eternos ruidosos, por ejemplo, y los infaltables, aquellos autores que asisten a un ciclo para que luego los inviten a leer. Igualmente, de una manera u otra, lo que predomina es el goce.

“La diversidad de disfrute es sorprendente, recuerdo la intensidad con que siguieron la lectura de Sylvia Molloy, o la sorpresa amorosa con que escucharon a Raúl Escari, en medio de carcajadas y suspiros de ternura, o la tensión y la demanda con que escucharon a Inés Garland cuando leyó las traducciones que hizo con Ignacio di Tulio de la poeta Sharon Olds”, cuenta López.

Para Mariana Eramo, actriz y productora de TV de 37 años y habitúe de este tipo de eventos, asistir a una lectura es comparable con ir al cine, a escuchar una banda o al teatro. “Para mí, esto es lo mismo. Salgo del espacio íntimo de la lectura para escuchar los textos en boca de un escritor, lo que me ayuda a entender quien está detrás de lo que uno lee. Además, me encuentro con amigos, compañeros de taller y otros narradores”.

Pero no sólo de palabras vive el hombre. En el Club de Letras del Centro Cultural Matienzo, las lecturas de narradores y poetas son acompañadas por música en vivo y visuales a cargo de VJs, confeccionando así una amalgama multidisciplinaria. “Trabajamos linkeando poemas, con música y con imágenes. La palabra es concreta, la imagen también, juntas se refuerzan. Así se crea un lugar en el espacio de la imagen que el espectador puede habitar mientras se sumerge en los relatos”, cuenta Nela Regazzoni, coordinadora del área de literatura del Matienzo.

En este itinerario de lectura en vivo, imposible obviar a los ciclos dedicados exclusivamente a la poesía. La poeta Carolina Castro lleva adelante Nada Dorado Perdura -traducción libre de un verso de Robert Frost, “Nothing gold can stay”- ciclo que ha tenido ediciones en La noche de las librerías, la última Feria del Libro y Espacio Enjambre. En su primera edición, leyeron tres mujeres: María Lucesole, Marina Serrano e Irene Gruss. “El objetivo es que el público joven se acerque a autores importantes y pueda ampliar su registro, y que el público de autores consagrados conozca nuevas voces. En conclusión, eliminar los prejuicios”, explica Castro.

Pero a los escritores, ¿qué les pasa por la cabeza en el momento de leer? “A veces lo disfruto mucho y a veces no tanto. Depende bastante del público y del momento: hay auditorios que prestan atención y otros que están más dispersos. Y también depende de cómo esté yo ese día: si leo con más ganas y actitud y concentración el resultado puede ser interesante, pero si me pierdo y siento que lo estoy haciendo solamente por obligación porque me invitaron a leer, eso de alguna manera se transmite”. El que habla es Ignacio Molina, autor de la novela Los modos de ganarse la vida y del libro de cuentos Los estantes vacíos, publicados por Entropía.

Molina fue miembro de El quinteto de la muerte, un grupo itinerante que realizaba recitales de lectura y música en diferentes centros culturales de la ciudad. “Me gustaban las lecturas en sí pero también todo el ambiente que se generaba en esas noches. Era hermosa la sensación de ir fabricando un nuevo público lector ahí donde antes no había nada, y al mismo tiempo un espacio de encuentro de chicas y pibes en torno a un evento literario que no tenía el halo de solemnidad que cualquiera imaginaría”.

Como se ve, hay ciclos para todos los oídos: poesía, narrativa, encuentros multidisciplinarios. Lo mejor es sacarse de encima los preconceptos y dejarse llevar por el fascinante mundo sonoro de la escena literaria argentina.

S.C.