Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Claudia Rucci pidió indagar a ex líderes Montoneros por el crimen de su padre

El juez Lijo declaró que la causa estaba prescripta pero los hijos del sindicalista baleado en 1973 argumentan que fue un crimen de lesa humanidad.

(CABA) Claudia Rucci, hija del sindicalista peronista José Ignacio Rucci-secretario general de la CGT asesinado a balazos en 1973-, pidió a la Justicia que cuatro ex jerarcas de Montoneros sean citados a declaración indagatoria por el crimen.

La solicitud de Claudia Rucci involucra a los ex montoneros Mario Eduardo Firmenich, que vive en Vilanova I Geltru, en Catalunya, España; Fernando Vaca Narvaja, residente en la ciudad rionegrina de Bariloche; Roberto Cirilo Perdía y Ernesto Luis Jauretche, sobrino del escritor Arturo Jauretche.

“Resulta indispensable indagar a quienes, producto de numerosos testimonios, podrían resultar presuntos autores intelectuales y/o materiales del asesinato de Rucci”, indicó el escrito de la hija del gremialista, asistida por el abogado Miguel Angel Plo.

El juez Ariel Lijo había archivado esta causa en agosto de 2012 admitiendo que el crimen fue perpetrado por Montoneros, aunque lo declaró prescripto por el paso del tiempo y argumentó que no podía ser “delito de lesa humanidad” ya que no concurrían suficientes requisitos para esa tipificación.

Pero los hijos de Rucci recurrieron con el argumento de que sería un crimen de lesa humanidad, o sea que no prescribe. Según ellos, hubo participación del Estado, ya que el grupo comando y las armas se habrían transportado en coches oficiales de la gobernación bonaerense.

La Cámara Federal revocó el archivo por “prematuro” y advirtió a Lijo que “deviene imprescindible la profundización de la pesquisa”, para saber si la emboscada pudo haber sido financiada o apoyada desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires, entonces a cargo de Oscar Bidegain.

A Rucci, enrolado en el ala ortodoxa del peronismo de los años ’70, lo acribillaron varios francotiradores cuando salía de su casa de Avellaneda 2935, en Flores, el 25 de setiembre de 1973, dos días después de las elecciones generales en que Juan Domingo Perón resultó electo por tercera vez como presidente.

Al día siguiente el líder justicialista concurrió al velatorio del jefe de la CGT y confió a la viuda: “Me mataron a un hijo“. Y al irse dijo a la prensa: “Estos balazos fueron para mí; me cortaron las patas”.

Nunca nadie se atribuyó aquel crimen político, pero siempre se sospechó de Montoneros, que por entonces pretendía disputar la conducción del movimiento justicialista a su líder. NR

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