Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

Clásica y Moderna cumple 75 años

La emblemática librería de Buenos Aires, Clásica y Moderna, cumple 75 años y se los dedica al fundador del linaje de libreros, Emilio Poblet, abuelo de su heredera, Natu Poblet, y responsable de una tradición familiar que convirtió un espacio literario en un faro que amplió el panorama cultural y que hoy es visita obligada de la tradición porteña. (CABA) Ubicada en el neurálgico Barrio Norte, en diagonal a la...

La emblemática librería de Buenos Aires, Clásica y Moderna, cumple 75 años y se los dedica al fundador del linaje de libreros, Emilio Poblet, abuelo de su heredera, Natu Poblet, y responsable de una tradición familiar que convirtió un espacio literario en un faro que amplió el panorama cultural y que hoy es visita obligada de la tradición porteña.

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(CABA) Ubicada en el neurálgico Barrio Norte, en diagonal a la Plaza Rodríguez Peña, Clásica y Moderna se levanta disimulada por la avenida Callao al 800, como un restaurante o bar de culto.

Es que detrás de ese vidrio semipolarizado el caminante desprevenido no imaginaria que ahí se aloja una de las librerías porteñas de reliquia que supo ser foco cultural de resistencia a lo largo de los años.

Fundada en 1938 por Francisco Poblet, hijo de Emilio, español que llegó a la Argentina con la misma profesión y que creo junto a sus hijos en 1916 la “Librería Académica de Poblet e hijos”, Clásica y Moderna es el símbolo de un linaje de libreros y editores, que continúa hasta la actualidad de la mano de Natu, hija del primer fundador y única heredera tras la muerte de su hermano Paco.

Luego de la muerte de su padre, Natu y Paco rediseñaron el espacio: la librería dejaría de ser un despliegue de libros prolijamente ordenados, típico del siglo XX, para convertirse en un punto de encuentro, algo así como un centro cultural más una librería de sello familiar, descontracturado y agradable, de aires modernizados.

El nombre no es casual, “tiene su explicación”, asegura Poblet y despeja dudas: “Todo el mundo cree que se lo pusimos después del arreglo, pero no”.

“Cuando mi padre lo pensó -explica-, el concepto era diferente al que le daríamos hoy. Clásico implicaba todo aquello que ya estaba, que eran los libros de fondo. Y moderno le llamaban a las novedades”.

Los 75 años de “Clásica” -como le dicen en modo abreviado sus responsables- Natu se lo dedica a su abuelo Emilio Poblet, el primero en tirar la piedra de este linaje que se deleita del libro y la lectura.

“Cuando uno se va acercando a esa edad -la de mi abuelo- va buscando más atrás”, revela, en el marco de este aniversario que incluye la publicación de “La Cuna Verde”, las memorias del padre de su padre (“se lo debía”, aclara).

“Durante la dictadura se daban cursos buenísimos; venían personajes que no podían presentarse en otros lugares como Alfredo Bravo y Eugenio Raúl Zaffaroni. Había un enemigo en común, por consiguiente los intelectuales estaban del mismo lado, mientras que hoy tal vez no entran”, dispara sobre la convocatoria del espacio que lleva adelante desde hace décadas.

Desde David Viñas, Horacio Verbitsky, Juan José Sebreli, José Pablo Feinmann hasta Liliana Heker, Josefina Delgado, Enrique Pessoa y Oscar Hermes Villordo, entre otras tantas figuras del ámbito, pasaron por Clásica y Moderna.

Esta trayectoria se hizo eco en otros ámbitos, como ejemplifica Poblet: “cuando en el 83 sube Alfonsín, el nuevo director del San Martín me dice `te voy a copiar´ y yo pensé ¡qué bueno! Esto tiene que salir de las sombras, del ámbito privado”.

La librería ocupa hoy un pequeño espacio de 45 metros cuadrados en dos plantas. Abajo se venden títulos de literatura europea, española, latinoamericana argentina, traducciones; arte y diseño. Arriba, la historia, el cine, las ciencias sociales y la filosofía se adueñan del entre piso.

Apilados unos sobre otros pero con referencias claves en cuanto a su clasificación, los libros exhibidos invitan a la lectura, acaso el aparente desorden sea su causa: “Implica movimiento, me da la sensación de que está vivo”, explica Poblet.

La idea de “desacralizar al libro” es clave porque, recuerda Natu, “cuando papá estaba a cargo -era otra época, aclara- muchos nos dijeron que les daba miedo entrar porque no sabían pronunciar el autor o desconocían el título que buscaban. Quisimos cambiarlo y ahora es parte de una práctica común en muchas librerías”.

Con esta historia de tradicionales y renovaciones, Clásica y Moderna -integrada por un café restaurant y una librería- festeja sus 75 años el sábado próximo desde las 20 “hasta lo que la noche dé”, invita su dueña.

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