Buenos Aires, 23/09/2017, edición Nº 1774

Cinco medidas sencillas para mantener un peso saludable sin recurrir a dietas

Algunos pequeños cambios que podemos tomar para ponerle freno a la obesidad sin dietas restrictivas que generan frustración y más ganas de comer.

(PBA) Debemos saber que la obesidad es un problema multifactorial, en el que los genes y el ambiente juegan un papel central. A la hora de alimentarnos, las personas tenemos una sola preferencia innata, que es al gusto dulce; y una sola aversión gustativa, al sabor amargo. Todas las demás preferencias son adquiridas por experiencias sucesivas y aprendizaje asociativo, y están determinadas en la interacción con el medio. Primero será la familia y luego el mundo, la sociedad y el mercado. Pero siempre será la interacción de lo innato y lo adquirido lo que genere el resultado final.

Como todo animal, los humanos estamos programados para sobrevivir y para ello tendemos siempre a comer lo que se encuentre delante de nosotros y terminarlo para cuando no haya alimento disponible.

Estamos destinados a no morir de hambre y ésta es la trampa, porque en una sociedad con trabas para el movimiento y una disponibilidad calórica constante y sin barreras, este ‘genotipo ahorrativo’ se manifestará con una pandemia de obesidad. ¡Es que se necesita un verdadero esfuerzo mental para tomar la decisión de detener la ingesta frente a una bandeja repleta de medialunas o de un asado completo!

Pero hay medidas sencillas que podemos tomar para intentar mantener un peso saludable sin sucumbir a dietas restrictivas que sólo nos generarían frustración y más ganas de comer.

– Uno de los secretos es no prohibir ningún tipo de alimento sino controlar las porciones. Comer lo mismo, pero menos. ¿Cómo lograrlo? Por ejemplo, no llevando la cacerola o la fuente a la mesa, sino colocar los platos ya servidos; esto es bueno para frenar las ansias de repetir.

Woman Eating Cereals From a Plate

– Puede parecer paradójico pero a veces es nuestra propia casa la que nos hace engordar. Un dato que pocos tienen en cuenta es que el exceso de calefacción atenta contra la posibilidad de mantenernos en forma. Cuanto más alta es la temperatura, menos energía gasta el organismo, ya que sentir frío hace que utilicemos la grasa almacenada; eso, sin contar que el calorcito nos da más fiaca y nos ayuda a quedarnos quietos y cómodos.

La alacena también puede ser una trampa, por eso siempre recomiendo comprar en el supermercado sólo lo que se va a comer y no tentarse con acumular “para eventos especiales”. Almacenar –sobre todo snacks o cosas dulces– puede generar mayor deseo.

– Es preferible colocar las frutas bien a la vista y no escondidas al fondo del cajón de la heladera. La idea es que lo más saludable esté al alcance y lo menos saludable menos accesible.

– Otro punto a tener en cuenta son las horas que se pasa frente a las pantallas, que guardan una relación directa con el tiempo en el que nuestro organismo está quieto, sin hacer nada. Ni hablar de si se las usa mientras se come: un error por partida doble, ya que además del sedentarismo al que nos obligan se suma el hecho de que el comer se vuelve, más que nunca, un acto mecánico, en el que el registro de saciedad desaparece, dando vía libre a comer de más.

En fin, a esta altura de las evidencias, con una pandemia de obesidad que hace estragos en el planeta, no se la puede seguir interpretando sólo como el fracaso del individuo. Se trata de un fracaso de la sociedad toda: gobiernos, universidades y mercados. Pero si estamos atentos, el cambio puede empezar por cada uno de nosotros.

frutas a la vista

Por la Médica Especialista en Mónica Katz

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