Buenos Aires, 26/06/2017

Cinco consejos para no enojarte por todo

Controlar estos enfados frecuentes y aprender a manejarse con calma es posible, siendo consciente de algunos puntos clave

(CABA) Hay personas que sufren ataques de ira y enfados frecuentes que les dificultan la vida diaria con la pareja, la familia, los amigos y en el trabajo.

Controlar estos enfados frecuentes y aprender a manejarse con calma es posible, siendo consciente de estos puntos que plantea la psicóloga Ana María Manzanera, miembro de Saluspot y Psycos Tres Cantos.

1. ¿Por qué se producen los enfados?

Responden a un estrés y tensión no controlados. Pero se pueden controlar.

Son tendencias de respuesta aprendidas. Interpretamos la realidad según nuestra experiencia y los hábitos de respuesta y respondemos en función de esas interpretaciones. Cuando los episodios de enfado o agresividad se repiten frecuentemente, es que no hemos aprendido a responder adecuadamente ante situaciones estresantes, en las que puede haber desacuerdo, frustración, decepción o rabia. Siempre podemos cambiar esta forma de responder por otra más adaptativa.

2. ¿Por dónde empiezo para aprender a controlarme?

– Es importante aprender a conocer e identificar los acontecimientos, situaciones, personas, etc., que “disparan” el enfado o ira. Estas son respuestas emocionales subjetivas, reacciones en las que, a menudo, media poco la razón y mucho la emoción. Pensá: “¿qué sentis?”, “¿Qué crees que te hace sentir así?”

3. ¿Qué técnicas físicas puedo emplear para ayudar a la mente?

– Parate. Antes de contestar con enfado o ira, es mejor detenerse y serenarse.

– Respirá. Una respiración abdominal profunda. Inspirá lentamente, llevando el aire a la parte baja de los pulmones, contando despacio hasta cuatro. Espirá contando hasta ocho. Varias veces. Siete u ocho puede estar bien, pero si necesitas más, repetí. Nos ayuda a calmarnos y controlarnos.

– Cuida tu tono de voz, ritmo, gestos y lenguaje corporal. Normalmente transmitimos mucho más con los gestos y el lenguaje corporal que con el verbal.

4. ¿Qué hago si no consigo controlar mi enfado?

– Tiempo fuera. Si no lográs controlarte, es mejor salir de la situación, ir a otro sitio para calmarte y tomarte un tiempo. Una vez en calma, puedes volver a la situación, o reiniciar la conversación.

5. ¿Qué actitudes me ayudarán a relativizar mi enfado?

– Escuchar al otro, sus puntos de vista, sin interrumpir, y responde despacio, sin levantar la voz.

– Busca explicaciones alternativas a los pensamientos negativos. Seguramente hay otras posibilidades en las que no has pensado.

– Sé flexible. Cambiá las exigencias, los “debería”, por “podría”, “tal vez”, “me gustaría”, “estaría bien”.

– Evitá la tendencia a juzgar a los demás y tratá de ponerte en el lugar de los otros. Quizá no conozcas sus razones y, aún así, tienen derecho a tener opiniones diferentes o a actuar de manera distinta a como tú esperas.

– Es saludable perdonar. Tené cuidado con la agresividad indirecta y el sabotaje encubierto. Ignorar a los otros o la venganza no son buenos para tu salud, ni para la de los que sufren tu ira.

La ira se manifiesta con…

– Hostilidad: actitudes, pensamientos.

– Agresividad: respuestas y conductas motoras que pueden producir daños a otras personas.

– Verbalizaciones negativas: palabras, frases, que pueden provocar agresividad en otros. NT

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