“Chapa” Retegui: “Fui una persona desordenada, pero quiero encontrar el orden”

“Chapa” Retegui: “Fui una persona desordenada, pero quiero encontrar el orden”

(CABA) A los 46 años, el hombre parece que lo tuviera todo. Una ex presidenta, un ex candidato a presidente y un presidente que hicieron turno para felicitarlo, un reconocimiento unánime de la gente, dos padres a los que adora, dos hijos que lo aman y que siguen el mandato familiar del deporte y amigos por todos lados, aquí y en el mundo. Pero el hombre que parece que lo tuviera todo en realidad lo tiene casi todo. “Me gustaría encontrar una compañera que me dé paz y tranquilidad, quiero encontrar a la persona con quien envejecer; fui una persona desordenada, pero quiero encontrar el orden”, dice y sus ojos verdes que hacen juego con el césped que lo rodea y que siempre están vivaces ahora dejan una luz de melancolía en el mediodía de una primavera que no termina de arrancar.

Carlos José Retegui (Carlos por el abuelo paterno y José por el padre) sólo es Carlos José Retegui para su papá y su mamá. Para el resto de los mortales él es Chapa, el apodo que recibió de chico y que tiene dos orígenes probables: la similitud con un preso que se había escapado de una comisaría y cuyo rostro había aparecido en los diarios o ciertos raptos de mal humor -locura, en criollo- que de chico surgieron por su personalidad y su compromiso con la exigencia y con la pasión, una característica de su personalidad que lo hizo conducir a los varones del hockey sobre césped argentino a lo más alto del mundo con la reciente medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

De chiquito mamó el deporte en San Fernando, el club que lo recibió de la mano de su padre, Bebe, el mismo para quien su hijo le pidió una foto al mismísimo Muhammad Ali en los Juegos Olímpicos de Atlanta y que fue un superdotado para los deportes que fue tapa de El Gráfico como campeón panamericano de remo, que llegó a jugar con el seleccionado argentino B de rugby, que tuvo su paso por la Primera división del basquetbol porteño y que hasta fue un crack del fútbol de ascenso con Central Argentino. Luego, a los 14, la mudanza a Mar del Plata para que los Retegui rearmaran la economía familiar con una rotisería y fiambrería. Y la seguidilla de viajes a Buenos Aires cada fin de semana para referear partidos de damas los sábados y volver a jugar en San Fernando los domingos. Y para empezar a coquetear con otro de sus grandes amores: la camiseta del seleccionado argentino con cuyo número 8 en la espalda se convirtió en un símbolo a través de 17 temporadas en las que disputó tres Juegos Olímpicos y pasó por todas las posiciones menos la de arquero.

La historia reciente de Retegui es más conocida. Y en ella se mezclan el deporte y la política. “Me tildan de kirchnerista pero la verdad es que yo amo mi país. Tengo una afinidad y un cariño muy grande por la ex presidenta pero a su vez quiero que al país le vaya bien y voy a desear que a Mauricio Macri le vaya de la mejor manera. ¿Por qué hay que ser blanco o negro?, pregunta y se pregunta quien fue elegido concejal en San Fernando por el Frente para la Victoria aunque ahora piensa en dar un paso al costado porque “creo que puedo ayudar a la sociedad desde otro lugar”.

Micaela -20 años, estudiante de Publicidad en la Universidad de Belgrano, preseleccionada en las Leoncitas hasta hace poco y jugadora de la primera de San Fernando- y Mateo -17, prometedor 9 de la Sexta de Boca- son sus hijos que tuvo con María Grandoli (campeona del mundo junior en 1993 en un seleccionado en el que jugaban, entre otras, Magdalena Aicega y Vanina Oneto, por ejemplo). Ellos son los que muchas veces lo conectan con la realidad, le “acomodan los patitos” y lo devuelven a ese “pibe normal, de barrio” que ama descansar, leer, hacer deporte. Con ellos también logró recluirse para aislarse del tsunami que desató el oro olímpico y mirar la película desde afuera. Para disfrutarla de una mejor manera.

Ahí está Retegui mientras diagrama lo que le vendrá, sabiendo que en el seleccionado tiene fecha de vencimiento pero que no le sucederá lo mismo en el hockey, en el deporte y en la vida misma. Y mientras, sigue despertando los amores y los odios que toda persona que no pasa desapercibida debe saber disfrutar y sufrir, según el caso. “Tengo claro que mi lugar lo quiere tener mucha gente y eso produce enojo y envidia”, explica. “Acá sí que soy blanco o negro”, argumenta. NT