Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

Centro Cultural Recoleta: pasado, presente y futuro conviven en la nueva programación

Hasta noviembre se puede apreciar la variedad de muestras del CCR: homenajes, archivos compartidos, intimidad, ciencia ficción y sensuales fantasías animadas

(CABA) Tres tiempos conviven en la nueva programación de artes visuales presentada por el Centro Cultural Recoleta: pasado, presente y futuro. Hay continuidades, bucles, pasajes de uno a otro, además de homenajes y clausuras de poéticas personales, colectivas e institucionales.

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Cronopios

Formas e historia del Centro Cultural Recoleta, la gran muestra por partida triple en la Sala Cronopios y las J y C, curada por Rafael Cippolini. Las exposiciones laterales, con material de archivo audiovisual, gráfico y documental, rinden homenaje al CCR y al Espacio Historieta. La central está integrada por 80 obras de artistas que expusieron allí desde 1983.

En Cronopios se agrupan obras heterogéneas: están las de Marcia Schvartz, Liliana Porter y Federico Klemm, una pintura monocromática de Juan José Cambre y otras de Alfredo Prior; varios collages calendarios de Nora Iniesta se cruzan con fotos de Nora Lezano, y esculturas de Pablo Suárez (como la audaz El pibe Bazooka) conviven con el díptico de sillas de Luis Benedit y León Ferrari.

Las dos muestras contiguas exhiben entrevistas filmadas a artistas, ex directores y trabajadores de los equipos de las distintas gestiones (ocho desde 1983), una línea de tiempo, videos musicales, afiches y vitrinas con producciones gráficas. Es deseable que la capacidad de producir catálogos y afiches del CCR no se pierda en aras de la no tan revolucionaria revolución digital. Los catálogos construyen identidad y memoria cultural.

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Las nuevas líneas de programación del CCR son explícitas: aumentar los espacios de promoción de artistas jóvenes, sumar disciplinas e impulsar una mayor apertura en la definición de contenidos, con curadores invitados rotativos. Sin picaporte, el conjunto de muestras curadas por Laura Spivak, se acerca de manera ideal a esas premisas. “Sin picaporte refiere a la idea de puertas abiertas, de invitación a entrar sin golpear ni pedir permiso”, dice Spivak, que convocó a artistas de edad intermedia, provenientes de artes visuales y escénicas: Gabriel Baggio, Daniel Basso, Mariano Giraud, Luciana Lamothe, Gonzalo Córdova, Fernando Rubio, Juliana Iriart y Matías Umpierrez, que participa con una serie de video-instalaciones cuya huella se puede rastrear en www.proyectoconstrucciones.com.

“Nos interesaba conformar un grupo de artistas ecléctico, que trabajaran diferentes formatos, que presentaran universos disímiles y que involucraran al público a través de diversos mecanismos”, cuenta Spivak. Varias propuestas lo consiguen. En especial las de Giraud, Basso y Baggio.

Stellarator, de Giraud, propone una obra-viaje de realidad virtual. En la sala no hay picaporte, aunque sí un organizador de fila que dispone el paso de una persona por vez. Desde el umbral, el espacio parece un escenario incongruente de carpas y banderas con insignias. Una vez abierto el paso, el espectador es guiado por una joven vestida como la princesa Leia de Star Wars. Al sentarse en un sillón, equipado con un casco visor, el visitante asiste a una transformación increíble. Giraud narra una historia interestelar en la cual las carpas se han convertido en bases espaciales y naves abandonadas entre íconos del arte occidental; las banderas se ven ahora quemadas. Giraud, que apoya su proyecto en presupuestos científicos (algo muy de moda hoy), crea una obra de ciencia ficción poética.

“Elijo los materiales en función del concepto blando, soft -cuenta Basso, creador de Tour blando-. Decidí anular las ventanas de la sala y poner en su lugar esculturas que le den continuidad.” Alfombras, módulos curvos y tapizados, una escultura incorpórea y monturas acolchonadas de cuero, mármol y madera configuran un itinerario de cabaret, de confort inquietante y sensualidad, en el que las superficies amortiguan el sonido y expanden las potencias de lo táctil.

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Con La mano inteligente, Baggio lleva su poética doméstica y artesanal a un plano espacial. Ocupa la sala con una instalación que incluye vitrinas repletas de herramientas, libros y tejidos; un juego de sillones con mesita ratona y obras enmarcadas con esmero. Cerámicas esmaltadas decoran el salón con vistas al Patio de los Naranjos, a la vez que permiten reflexionar sobre las estrategias del artista e incluso preguntarse si esas estrategias no deberían ser renovadas. “Lo particular de Sin picaporte radica en los encuentros inesperados -agrega Spivak-. Las obras se nutren entre sí y conforman un grupo que se caracteriza por tener una extraña naturalidad.”

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En el espacio Radar, que convoca a creadores sub-30, José Sainz (compilador de Informe-Historieta del siglo XXI) reunió a varios dibujantes e historietistas argentinos. Los accidentes rinde tributo a la labor que el CCR desarrolló por la historieta nacional. “Intenté elegir a los autores emergentes que tienen propuestas gráficas y narrativas más arriesgadas, sólidas, originales o todo eso al mismo tiempo -dice Sainz-. Estética y temáticamente se puede organizar una lista de coincidencias entre varios integrantes, pero al mismo tiempo hay una diversidad amplia de registros.” En las paredes de la sala, la historieta evoca el espacio de los sueños, “una arquitectura mutante capaz de conseguir cualquier forma”, dice Sainz.

Su seleccionado incluye a Lucila Adano, Jo Murúa, Rip Gordon, Maia Debowicz, Fran López, El Waibe y Pablo Guaymasi, entre otros. La sala se asemeja a una revista diseñada con entusiasmo, creatividad y desparpajo. “Lo que propone visiblizar la muestra no es tanto el futuro de los jóvenes, que por suerte no sabemos dónde queda y cómo es -agrega el curador, editor y poeta-, sino distintas variaciones del ahora.”. NT

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