El Centro Cultural Recoleta busca nuevos públicos

Con una presentación en sociedad que llega ocho meses después de su asunción, el centro cultural tiene la misma conducción que la Bienal de Arte Joven y un foco "interdisciplinario"

(CABA) “El Centro Cultural Recoleta es un espacio público no sólo de exhibición, sino también de formación, de creación. Nos interesa la diversidad de las propuestas, queremos ampliar las bocas de acceso con convocatorias abiertas y curadores rotativos, porque eso garantiza la diversidad de un espacio que debe estar conectado con otros actores públicos y con otras organizaciones tanto sociales como culturales”, dicen, casi de forma coral, Luciana Blasco, subsecretaria de Políticas Culturales del gobierno porteño, y Jimena Soria, nueva directora del CCR.

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En verdad, no tan nueva: asumieron hace ya ocho meses. A lo sumo ésta es la primera vez que se topan frente a un grabador para dar a conocer las líneas de gestión de este lugar, que en sus años mozos supo ser un potente faro cultural. “Estos meses de programación acordada por la gestión saliente nos permitieron discutir con el equipo las líneas conceptuales, el objeto de esta organización, la búsqueda, y pensar un plan institucional para el Recoleta”, apunta, rodeada de parte de lo que llaman Departamento de Contenidos, Mediación y Audiencias, un equipo interdisciplinario. “Interdisciplinario” es la palabra clave de esta etapa que se abre.

En este largo primer semestre, también tuvieron dos ministros, Darío Lopérfido y Ángel Mahler, pero ninguno de los dos les formuló un pedido específico para el centro cultural. “Cuando les contamos la dinámica de trabajo y la idea para el espacio, nos dieron apoyo y libertad de trabajo”, cuenta la subsecretaria, directora general de la Bienal de Arte Joven, de la que Soria es coordinadora. Pero durante su gestión Lopérfido tomó dos medidas relacionadas con el CCR: que el Teatro 25 de Mayo pasara a depender administrativamente del Recoleta -decisión de la cual Blasco desconoce las razones- y que se crearan equipos interdisciplinarios para pensar los contenidos de los dos centros culturales de la ciudad: éste y el San Martín. La última fue una idea que nunca prosperó.

A diferencia de otros organismos culturales porteños, éste ha tenido un importante aumento en el presupuesto anual. En lo que hace a producción artística, pasó de unos 10 millones de pesos a 20, contando la partida otorgada y los recursos propios, ingresos que les reportan los espacios en concesión (el bar, la sala Villa Villa y el Museo Participativo de Ciencias Prohibido No Tocar).

A la hora de citar referencias inspiradoras, Jimena Soria nombra el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM) de Santiago de Chile; el Matadero de Madrid, y el Centquatre de París. “Queremos que el Recoleta sea una casa de puertas abiertas. Que la gente pase el día y se encuentre con los contenidos. Que sea un espacio agradable para ser habitado”. NT