Buenos Aires, 22/10/2017, edición Nº 1803

Celebran fiestas electrónicas de delirio místico en una vieja iglesia porteña

Se las conoce como “Church Rave”. Tocan músicos del under y se hacen en lo que tiempo atrás fue una capilla cristiana de la comunidad sirio-libanesa.

Por Ezequiel Viéitez

(CABA) Del inglés al español, la palabra “rave” se traduce como “delirar”. Las primeras fiestas rave, décadas atrás, nacían y terminaban casi secretas, en edificios abandonados y con clima libertario. Después, se volvieron capitalistas. Pasaron a festivales caros y exclusivos para que las multitudes “deliren” con DJs-celebrities. Ahora, un grupo de músicos de la electrónica se propone dar vuelta esa tendencia con una rara experiencia que –con algo de marketing, como todo– busca recuperar el viejo espíritu. La fiesta se celebra una vez por mes en el centro porteño y lleva el nombre de “Church rave”. ¿Qué tiene de raro? El house, tech house y tecno estalla en lo que tiempo atrás fue una capilla cristiana de la comunidad sirio-libanesa.

El templo, en Suipacha al 800, perteneció a la Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquía. Con los años se transformó en sala de conciertos y, si bien en los 80 ya se usaba para recitales de rock (tocaron Soda Stereo y Sumo, entre otras leyendas), preserva la estética y las señas religiosas. En la entrada, un friso con dos apóstoles. Adentro, se baila en la construcción en forma de cruz cristiana y con cúpula. Donde deberían estar los bancos, la gente sacude los pies. En el lugar del sacerdote, el ritual queda a cargo de los DJ’s y sus punchi punchi punchi. La acústica de la iglesia, aunque fue aggiornada, acompaña las sensaciones.

Se ve ladrillo a la vista, como en los templos levantados a principios del siglo pasado, columnas adornadas con angelitos, techos altísimos, ventanas alargadas y algún vitreaux.

“Es una movida under y la idea es que sume ese espíritu místico”, le dice a Clarín Luis Masi, sociólogo y uno de los DJ que organiza estas fiestas (la próxima, el sábado 15). “Queremos que la música electrónica no sea sólo el circuito mainstream y que la gente no tenga que apiñarse frente al escenario, de cara al DJ y haciendo colas para todo, sino que se recupere la verdadera fiesta comunitaria”, asegura.

Masi y su socio, el DJ John Perez, que pasó años en Nueva York, enfatizan que en las “Church rave” sólo está el personal de seguridad obligatorio. No hay sector VIP, no hay derecho de admisión, no hay patovicas preparados para pelearse. Las entradas rondan los $100, pero son limitadas. Tocan músicos electrónicos del under. Una noche de delirio místico con pocas limitaciones. Las luces acompañan el tema religioso y se refuerza la paradoja santidad-pecado con bailarinas vestidas con hábitos religiosos y hot. Los que pinchan los discos, aunque tocan desde un escenario que fue altar, están cerca del llano. La gente sube, les camina por al lado y bebe con ellos. El clima tiene algo de la bohemia loca de las fiestas que se hacían en los 90 en Berlín, tras la caída del muro, cuando todo era libertad. Pero en Make You Dance, la empresa que fundaron los DJ, dicen que la inspiración fueron las “Church rave” que para la misma época se armaban en el boliche Limelight, en Manhattan, en el edificio de una iglesia gótica construida en 1844.

Church Rave

Fuente: Clarín

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