Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Catalina Scheliebener: filosofía y arte, de Santiago a Buenos Aires

Escribe Catalina Scheliebener (CABA) Nací en Santiago de Chile en 1980. La ciudad era muy distinta a hoy. Estábamos en plena dictadura y se respiraba. Crecí en una familia pequeña. En mi casa siempre se hablaba de viajar y conocer otros lugares; supongo que era el modo que mis padres habían encontrado para hablar de mi tío exiliado y de esa otra parte de la familia que vivía lejos. Con...

Escribe Catalina Scheliebener

(CABA) Nací en Santiago de Chile en 1980. La ciudad era muy distinta a hoy. Estábamos en plena dictadura y se respiraba. Crecí en una familia pequeña. En mi casa siempre se hablaba de viajar y conocer otros lugares; supongo que era el modo que mis padres habían encontrado para hablar de mi tío exiliado y de esa otra parte de la familia que vivía lejos. Con la llegada de la democracia y mi adolescencia, vinieron los viajes: primero a Venezuela para conocer a mis tíos y primos, y luego a Estados Unidos y Europa, con mi mejor amiga del colegio, que tenía padres diplomáticos. Desde muy chica, viajé sin mis padres y creo que eso me marcó mucho. Viajar era sinónimo de escaparse de aquello que conocía y que, de algún modo, me asfixiaba en Santiago.

Salí de la casa de mis padres muy chica. Viví con amigos y luego, en un pequeño departamento en el centro. Estudié Licenciatura en Filosofía y casi en simultáneo Bellas Artes. Desde mis primeros años de estudiante, di clases como asistente en universidades y participé de muestras en galerías y museos de allí y otras ciudades. Además, tuve otros trabajos, entre ellos, mesera y paseadora de perros.

En 2005 vine por primera vez a Buenos Aires por un par de meses. Estaba en el último año de Bellas Artes y atravesaba una crisis enorme con la carrera. Vine a pensar. Cuando regresé a Santiago, dejé y empecé a hacer mi tesis en Filosofía. Siempre me ha interesado el cruce de disciplinas: mi trabajo visual se construye a partir de ellos. Desde un primer momento, supe que volvería a vivir acá. Lo hice varias veces entre ese año y 2009, cuando finalmente me instalé.

Lo primero que me sorprendió de esta Ciudad es cómo, estando tan cerca de Santiago, podía ser tan distinta geográfica y culturalmente. Es enorme y cada barrio tiene una identidad. Siempre viví en Villa Crespo, uno de mis favoritos. Hay varios templos judíos y un montón de peluquerías y supermercados chinos. Parque Centenario está entre mis lugares preferidos. En la semana es tranquilo y te puedes sentar a leer o a mirar los patos. También puedes ir al Museo de Ciencias Naturales, que está cerca, y los fines de semana, a la feria en la que hay prácticamente de todo. Siempre me sentí muy cómoda: puedes encontrarte con mucha gente pero también, perderte sola. Me fascina la multiplicidad. Si sabes observar, todo el tiempo encuentras pequeñas historias. Es un buen lugar para ser extranjero.

Durante los dos primeros años, tuve la suerte de dedicarme casi exclusivamente a mi trabajo como artista visual gracias a una beca y venta de obras. Hago instalaciones, incluso en pequeño formato, trabajos gráficos y collages. Pero luego el panorama laboral se puso más complicado: fui vendedora en una librería y niñera, y di talleres de collage y clases de Filosofía del Arte. He hecho muy buenos amigos, por lo que nunca he extrañado mucho. Hoy mis amigos están repartidos en varias ciudades (lo que siempre es una buena excusa para seguir moviéndose).

El mundo del arte porteño es muy variado. No soy de ir a muchas inauguraciones y socializar (supongo que a veces me juega en contra). Sí, tengo amigos artistas con los que mantengo un constante intercambio de ideas. Me doy cuenta que cada vez me siento más fóbica respecto de ese mundo. Cuesta entenderlo y me distrae de mi trabajo.

El año pasado cerré mi casa como para irme. Vendí y regalé casi todo. Me quedé con algunas obras, libros y mi bicicleta, repartidos en casas de amigos. Pasé tres meses en Nueva York haciendo una residencia de artista y uno en Santiago, y volví a La Plata. En marzo haré una exposición en Buenos Aires y en abril iré a Nueva York para ser asistente de una artista un par de meses. Luego regresaré… aunque por ahora el futuro es bastante incierto, cosa que está buenísima.

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