Buenos Aires, 26/09/2017, edición Nº 1777

Casi el 40 % de las parejas porteñas convive sin estar unida formalmente

En 1980 apenas llegaban al 8,3 por ciento del total de los hogares en la ciudad de Buenos Aires. Es más usual entre parejas más jóvenes.

(CABA) En los últimos treinta años, en la ciudad de Buenos Aires la cantidad de parejas que convive sin estar unida formalmente se multiplicó casi cinco veces. Mientras que en 1980 las parejas unidas de hecho eran la excepción, y llegaban solo al 8,3 por ciento del total, los registros de la Encuesta Anual de Hogares (EAH) indican que el año pasado eran el 38,5 del total. La convivencia es más habitual entre quienes tienen entre 35 y 44 años; y las uniones informales, más usuales entre las parejas más jóvenes. Las señas particulares de las familias porteñas fueron relevadas en “Las nuevas realidades en la conformación de los hogares familiares de la Ciudad. Año 2014”, el informe elaborado por la Dirección General de Estadísticas y Censos del Gobierno de la Ciudad, que además de retratar cambios brinda algunas pistas para interpretarlos.

Las geografías domésticas, puertas adentro, cambian con las décadas, las costumbres y las mentalidades. Y no lo hacen tan gradual ni levemente. De hecho, de acuerdo con los registros de 2014, alrededor del 7 por ciento de los hogares familiares porteños están constituidos por familias ensambladas, algo que tiene incidencia en sus ingresos, entre los más bajos del total. En tanto, el 71 por ciento de los hogares familiares tiene dos proveedores, algo que redunda también en sus ingresos –pero de manera positiva–; esos hogares, además, son los más igualitarios en términos de educación de mujeres y varones.

La EAH relevó que, el año pasado, en la ciudad el 63 por ciento de los hogares eran familiares. Es decir, indicó el informe, que “en la mayoría de los hogares sus miembros están vinculados por lazos de parentesco”. De la población mayor de 14 años, cerca de la mitad vive con su pareja. La convivencia se registra con más frecuencia entre quienes tienen entre 35 y 44 años (el 74,5 por ciento de los varones y el 66,1 de las mujeres), una franja etaria en la que predominan las uniones formalizadas ante el Registro Civil (del porcentaje de varones unidos, el 52 por ciento está casado; del de mujeres, el 53). Le sigue el grupo de quienes tienen entre 45 y 54 años (70,6 de los varones; 57,3 de las mujeres), y en la franja de 65 y más años el estudio relevó una diferencia notable entre mujeres y varones. La brecha entre ambos “aumenta con la edad” y trepa a una diferencia de 33,9 puntos porcentuales en el último grupo (el 69,4 por ciento de los varones está unido, frente al 35,5 de las mujeres). “Estas diferencias encuentran explicación en la mayor probabilidad de unión de los varones (composición del mercado matrimonial y mayor reincidencia de los varones) y en la mayor longevidad de las mujeres (sobremortalidad masculina)”, indica el informe.

Las mujeres comienzan sus convivencias más tempranamente. “En los menores de 35 años, el porcentaje de mujeres en unión, sea esta legal o consensual, es mayor que en los varones”, algo que se invierte a partir de los 35 años. El informe explica ese cambio a la edad y las diferencias de género: por un lado, inciden las rupturas de uniones anteriores; por otro, “la mayor reincidencia masculina”.

Las familias ensambladas se hicieron más numerosas en el paisaje social urbano, y las estadísticas pueden registrarlo porque la EAH “además de la relación de parentesco con el jefe/a del hogar obtiene información sobre la filiación de los menores de 25 años, ya que identifica a la madre y/o padre cuando son miembros del hogar”. Así, los registros aseguran que son familias ensambladas el 7 por ciento del total de los hogares familiares completos. El 43,1 por ciento de estas familias se integra sólo con hijos que la jefa o el jefe de hogar tuvo con una pareja anterior, mientras que el 56,9 restante suma hijos de la nueva unión.

Estas familias son más frecuentes en el grupo de entre 30 y 49 años, que aglutina el 78,3 por ciento del total (un número que duplica, y un poco más, la incidencia de esa franja etaria en el total de hogares, donde apenas ronda el 35,6 por ciento). “Los cónyuges de las familias ensambladas son jóvenes: en el 85,4 por ciento de las parejas, ambos tienen menos de 50 años”, indica el estudio, que atribuye ese panorama a “la disminución de la edad al momento de la ruptura”. Eso, señala, “aumenta las posibilidades de reincidir y disminuye la edad al momento de formar una nueva pareja”.

Las familias ensambladas, en promedio, están conformadas por 4,4 personas (1,1 persona más que los hogares nucleares completos), lo que prácticamente duplica el tamaño promedio de los hogares porteños. En estas familias, lo populoso tiene incidencia sobre la economía doméstica. El mayor tamaño del hogar reduce el ingreso per cápita familiar (IPCF) de estas familias, que “registran un IPCF de $ 4456, mientras que en el resto de los hogares familiares completos es de $ 6505. En la distribución de hogares de acuerdo con quintiles de ingreso per cápita familiar ubica a estas familias “en los quintiles más pobres (1º y 2º), mientras que el 53,5 por ciento del resto de los hogares nucleares completos se ubica en los quintiles más ricos (3º a 5º)”.

De los hogares en los que hay “hijos solteros y mujer (jefa o cónyuge) de 20 a 60 años de edad”, el 71 por ciento son hogares con dos proveedores, es decir, que se sostienen con los ingresos de ambos integrantes de la pareja. En estos casos, la estadística dice que “las mujeres que forman parte de estos núcleos conyugales tienen entre 30 y 44 años, (y) menos de tres hijos”, en su mayoría menores de 13 años. En comparación con otras parejas, en éstas “más de la mitad de las mujeres equipara su nivel educativo al de su pareja, y casi una tercera parte tiene un nivel educativo mayor”. Además, el 58,6 por ciento de estas mujeres aporta a la familia un ingreso igual o mayor al del varón. Por ello, “se observa una mejor situación económica” en estos hogares: en ellos, el 71,5 por ciento “tiene un nivel medio o alto, mientras que en el total ese nivel lo alcanza el 60 por ciento de los hogares”.

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Fuente: Página12

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