Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

Casa Maidana, un clásico de los sombreros a metros del Congreso

La familia Maidana mantiene el negocio en pie desde hace 105 años.

(CABA) El sombrero Corazón de Potro tiene una copa cónica, el ala de unos siete centímetros y el barbijo para sujetarlo por debajo del mentón o detrás de la nuca. Es de fieltro de pelo de liebre compactado. Al entrar al local de la familia Maidana de la avenida Rivadavia 1923, frente al Congreso de la Nación, el olor a fieltro se confunde con el del cuero, pero es fieltro, la materia prima con la que se elaboran los modelos exhibidos detrás de dos mostradores.

Desde 1972 hasta hoy vendimos dos millones de Corazón de Potro“, recuerda Jorge Maidana, el nieto del fundador de la tradicional sombrerería. Los achaques de su edad ya no le permiten estar al frente del taller donde se confeccionan los sombrero. Pero aún recuerda cuando creó el modelo que se convirtió en un símbolo del negocio familiar. Las nuevas generaciones aprendieron el oficio y continúan fabricándolos en forma artesanal, el sello distintivo de la casa.

Si querés perdurar en un negocio, que sea siempre la familia“, aconseja Adriana Maidana, hoy a cargo de la fábrica que hace 105 años fundó su bisabuelo Luis. La posta luego la tomó su abuelo, Luis Bonifacio, “que vivió los gloriosos años 40 y 50“, cuando el uso del sombrero explotó entre la clase media, que lo utilizaba como símbolo de distinción. Tiempo más tarde se hizo cargo su padre.

El paradigma cambió: lo que antes era un símbolo de estatus, hoy lo es de masculinidad. Ahora la peonada usa este tipo de sombreros, pero eligen más el modelo campero, el derivado del sevillano“, cuenta Adriana, desde el taller de la fábrica ubicado en el fondo del local.

La Casa Maidana es la única sombrerería porteña que mantiene la tradición de fabricar sus modelos a mano de acuerdo con el sistema Borsolino. El proceso de elaboración implica cuatro días por producto. La materia prima utilizada es el fieltro compactado en una matriz que se denomina closh (campana, en francés). La producción es a pedido o por stock, y los precios varían entre $ 1000 y 1800, según el modelo.

El procedimiento es el siguiente: al fieltro se lo pasa por vapor para que sea más manejable; luego dentro de la campana se coloca una orna de madera maciza del talle de la cabeza del cliente. Las hormas, de un marrón negruzco, tienen por lo menos 200 años. En el siguiente paso, se plancha el ala y la copa para luego dejar reposar el sombrero durante 24 horas. Al día siguiente, se recorta el ala, se alisa nuevamente y se le agrega el tafilete por dentro para que mantenga la rigidez de la copa.

En esos trabajos anda Daniel Gauto, en silencio, moldeando las campanas y aplicándole calor al fieltro con una vieja plancha de fundición. “Tomá, probá levantarla. ¿Viste lo que pesa?“, dice con orgullo. Cuando se rompe alguna, la reparan con cuidado porque “las planchas que se compran en el supermercado no sirven para este trabajo“.

La historia de la Casa Maidana no comenzó en Balvanera. El primer local estaba en Palermo, en la casa donde vivía Luis y su familia. “¡Mirá lo que es hoy Palermo! La antítesis“, exclama Adriana. “Para el golpe de [José Félix] Uriburu [en 1930], el local ya estaba frente al Senado, sobre la calle Victoria que hoy es Hipólito Yrigoyen. Y al promediar los años 30 nos mudamos acá“, recuerda.

La proximidad al Congreso de la Nación los nutrió de una clientela del ambiente político. Pero son los criadores de caballos criollos y los hacendados quienes compran la mayor cantidad de sombreros. Se fabrican unos 30 por día y en épocas de buena venta -mayo, junio, julio y agosto- se llegan a vender hasta 50 cada día. “Hay mucha demanda de uruguayos y brasileños que se llevan los sombreros para la peonada“, explica Adriana. Y para que no queden dudas de que la mayor clientela proviene del campo asegura: “Si a la Rural le va bien, a nosotros nos va bien“.

Fuente: La Nación

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