Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Casa Foa presenta una nueva edición de su mega feria de arte

Cuatro mil metros cuadrados del histórico edificio Tornquist, en el microcentro porteño, son el escenario de la 30 edición de Casa Foa, la mega feria de arquitectura, diseño y paisajismo. (CABA) Decoradores, arquitectos, diseñadores y paisajistas se dan cita en una nueva edición de este encuentro que dirigen las hermanas Mercedes e Inés Campos Malbrán, y que permanecerá abierto hasta el 10 de noviembre, de 12 a 20, en el...

Cuatro mil metros cuadrados del histórico edificio Tornquist, en el microcentro porteño, son el escenario de la 30 edición de Casa Foa, la mega feria de arquitectura, diseño y paisajismo.

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(CABA) Decoradores, arquitectos, diseñadores y paisajistas se dan cita en una nueva edición de este encuentro que dirigen las hermanas Mercedes e Inés Campos Malbrán, y que permanecerá abierto hasta el 10 de noviembre, de 12 a 20, en el edificio de Bartolomé Mitre 559/531, Capital.

Livings, habitaciones, ateliers, cocinas y oficinas, entre otros espacios habitables, son ambientados en los más diversos y vanguardistas estilos, a lo largo de un recorrido -no muy bien señalizado- que respeta la construcción original del edificio de estilo neoclásico, en Bartolomé Mitre 559, construido por Alejandro Bustillo en 1926.

Los estilos elegidos van de lo clásico a lo moderno, pasando por algo más campestre, floral, despojado y eco friendly, casi para todos los gustos, como evidencian por ejemplo el colorido “Atelier de las flores. Mujeres que crean” de Sofía Willemoes o el elegante Lounge para un hotel de Carolina y Caia Gibrat.

El recorrido revela al espectador dos conceptos fuertes que sobrevuelan de principio a fin muchos de los espacios: el arte y la sustentabilidad, una premisa que se impone.

Casi en el comienzo, sorprenden las alfombras artesanales, tejidas en lana de oveja hilada a mano, del grupo Huarmisachamanta, de Santiago del Estero; una obra de la artista Nushi Muntaabski o las formas escultóricas de Omar Estela, en un largo pasillo dedica a Artes y oficios de Buenos Aires, idea del arquitecto Iván Robredo.

“Vivir en una burbuja” es la premisa del espacio diseñado por Sergio Muchnik, un lugar de inspiración que invita a sentarse y crear sin pensar en nada más, en un área de trabajo cómoda y funcional, mientras que el aroma a pan recién horneado atrae ni bien se ingresa a la Boulangerie de María Zunino y Geraldine Grillo, un espacio dedicado exclusivamente a la venta de pan, colocado sobre inmensos estantes.

La arquitecta Cristina Le Mehauté toma objetos de la basura y una vez reciclados, los transforma en un nuevo lenguaje y la Sala de lectura de Angélica Campi, en tanto, se preocupa por dialogar con la arquitectura original del edificio, remarcando sus partes más bellas, aunque con agregados tecnológicos que generen distinción.

El “Dormitorio para un hombre de negocios” combina el relax con el trabajo y la más flamante tecnología, sin romper el equilibrio del ambiente, obra de Sol Galeano, Walter y Ximena Russo, mientras que en el otro extremo conceptual, el Jardín de invierno de la arquitecta Silvina Descole es la fusión de un living y un patio apto para la lectura, el descanso o el relajo escuchando música.

Elegancia y masculinidad en un dormitorio tradicional y cálido a la vez es lo que se desprende ni bien se ingresa al espacio de los diseñadores Gustavo Yankelevich y Máximo Ferraro, con varios relojes que indican la hora de diferentes ciudades del mundo.

La recorrida permite conocer también el comedor de Gabriela Barrionuevo y Adriana Sierchik, donde dominan los grises, negros y blancos, sobre una alfombra de aires nórdicos en colores naturales y reminiscencias de los años 60 en las sillas de diseño. Las lámparas sobre la mesa son un racimo de “faroles” de diferentes tamaños, como una suerte de hiedra que todo lo recorre.

Otro de los comedores, en cambio, ofrece líneas netas y simples de cuidada manufactura y materiales nobles como maderas macizas y chapas preciosas (de la arquitecta Mónica Ini).

El hall y la escalera que comunica el primer piso con el segundo -las dos plantas donde se desarrolla la feria- también están ambientadas, en colores brillantes, y esferas que se suspenden sobre inmensas macetas.

Todos los años, sorprenden las creaciones presentadas al concurso de bancos urbanos, como en esta edición lo logra el Banco papiro, que homenajea al soporte de la escritura, otro banco armado con cañas de bambú que simulan flotar en el aire, de manera sinuosa y ondulante, y otro banco que venera a la Pachamama, una estructura de hormigón revestido con cemento alisado beige para evocar el color de la naturaleza.

Fuente consultada: Télam

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