Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

Carta Abierta a los radicales de la ciudad

En las elecciones de 1983, el radicalismo en la ciudad de Buenos Aires obtuvo 14 diputados nacionales y 38 concejales (hoy legisladores).

Por Facundo Suarez Lastra

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En las elecciones de 1983, el radicalismo en la ciudad de Buenos Aires obtuvo 14 diputados
nacionales y 38 concejales (hoy legisladores). En 2011, en la última elección obtuvimos un
solo diputado, y ni un legislador ni un comunero. El Radicalismo, que ha tenido cuatro muy
buenos gobiernos en la ciudad, que le ha dado la autonomía y la elección del Jefe de Gobierno
por voto popular, que ha llevado adelante las leyes y políticas más vitales para sentar las bases
fundacionales de una ciudad moderna, progresista y dinámica conectada con el mundo, se
debe una profunda reflexión si quiere salir de este desastre.
Utilizo el medio que nos permiten las redes sociales y las nuevas tecnologías, para abordar

algunos temas que quiero debatir con los radicales de la ciudad, los afiliados y también los
que sin estarlo se sienten o se han sentido parte del devenir de este partido. Mi propósito
es que estas reflexiones se transformen en las semanas venideras en acciones que nos
permitan encarar las próximas primarias y luego las elecciones de octubre con una mirada y
una actitud acorde no solo al rol que el radicalismo tuvo históricamente en el distrito, sino
también a todas sus posibilidades y responsabilidades con los vecinos de la Ciudad y con todos
los que quieren desarrollar su vocación política dentro del radicalismo.

Está claro que el 2013 es el año de la oposición. Hay en el aire una creciente sensación de
urgencia. Cada nuevo anuncio de las políticas del gobierno prenden las luces de alerta de un
final de época desquiciado. Y está en la oposición el deber no ya de marcar los errores sino de
llevar adelante el cambio que nos saque de la trampa de un país dividido en cientos de partes
que no pueden encontrar un mismo norte. Por supuesto que entre los distintos sectores de
la oposición hay diferencias. Es sano para una democracia que las haya, es imposible pensar
en un país plural y dinámico sin ellas. Es un otro distinto el que nos motiva al desafío. Es lo
diferente lo que nos impulsa a pensar mejor nuestras propuestas.

La nueva Ley de Primarias Abiertas y Obligatorias (PASO) es una herramienta que nos
permite, en la medida de nuestra habilidad, patriotismo y compromiso con la demanda de la
gente, acordar un programa en el que unamos fuerzas y que luego el voto popular ordene en
la presentación de la oferta electoral que propongamos con nuestros aliados.
El radicalismo de la ciudad no puede seguir cometiendo los mismos errores que nos llevaron
a casi desaparecer del escenario político, cuando los bloques nacionales del radicalismo en
la Cámara de Senadores y en la de Diputados por número y fuerza política, son la mejor
garantía para ponerle un freno al desmadre del proyecto kirchnerista y ser efectivamente,
como ya lo hemos hecho, la opción que supere al peronismo, para ser gobierno en el 2015
tanto en el ámbito nacional como en el de la ciudad donde el proyecto de Mauricio Macri
pierde capacidad competitiva frente a la imposibilidad de su re reelección. Es en este marco
que la estrategia del radicalismo de la ciudad no puede ser chica, no puede ser pequeña.

Desde que asumió la nueva conducción, el Comité Capital está interviniendo activamente
en el diálogo con los otros partidos políticos, lo que ha mejorado y formalizado la relación
con los posibles aliados, constituyendo un paso adelante. Pero todavía no se ha avanzado lo
sufiente en definir el plan estratégico con vistas al 2013 y al 2015 tanto en el plano nacional
como en la presentación de una propuesta de gobierno para la ciudad.

Hay quienes piensan que el radicalismo de la ciudad debe esconderse en un acuerdo político
con otros sectores. Son los que creen que nuestro objetivo en las próximas elecciones es solo
renovar la banca de diputados que se pone en juego.

El radicalismo es una fuerza nacional con 14 senadores y 38 diputados. No hay otra fuerza
política en la oposición que tenga más de dos senadores y en diputados solo nos sigue el
frente peronista con 20 representantes y luego viene el Pro con solo 11.
Si tenemos conciencia de esta dimensión, es muy distinto pensar que el radicalismo convoque
a otras fuerzas o incorpore hombres y mujeres de gran prestigio y reconocida capacidad para
formar un frente electoral, que esconderse en un acuerdo político entre sectores que no
paran de fragmentarse por expresar exclusivamente proyectos personales.

Somos la fuerza que en el Congreso lidera todas las batallas. La impronta que le ponen
nuestros senadores ha generado un gran crecimiento para el Radicalsmo y una confianza
en el electorado. Cuando se unen Sanz y Morales y aparecen en un ataque combinado a
las estrategias del gobierno, son oleadas de aire fresco, una avalancha de convicciones que
representa lo mejor de la Unión Civica Radical, que se planta, que defiende los intereses de
la Argentina, que propone caminos, que cumple con su rol histórico en los graves momentos
que vivimos.

No podemos tener una estrategia pequeña llamada “renovemos la banca del presidente del
bloque de diputados” y no entender que lo que ordena esta elección es sumar un Senador por
la ciudad de Buenos Aires a este bloque. Renunciar al senador no solo es una mala estrategia,
sino que no es una opción válida como primer bloque de la oposición. Al radicalismo de la
ciudad no le puede ser indiferente tener el senador. La gravedad de la realidad nacional, nos
llama a la responsabilidad de pensar en grande.

Debemos ganarle el senador al kirchnerismo que vota sistemáticamente en contra de la
opinión mayoritaria de la ciudad y es funcional a la arbitrariedad con que el gobierno nacional
la trata. Es fundamental para los intereses de la Ciudad de Buenos Aires que el principal
bloque de la oposición tenga un senador que la represente.
Dejar al kirchnerismo sin su senador por la ciudad lo aleja de la mayoría absoluta en el senado
y de la posibilidad de reformar la constitución para lograr la re-reelección que también

otro peronista, Menem, intentó y no pudo conseguir. Este no es un tema menor; solo un
radicalismo pequeño con su autoestima por el piso puede dejar de pretender titularizar la
disputa electoral por la renovación del los senadores de la ciudad.

El que no sienta alta la autoestima radical que de un paso al costado porque no está preparado
para dar esta pelea. ¡Basta de esconderse! Como radical, dirigente y ex Intendente de Buenos
Aires estoy convencido de que la ciudad necesita un senador radical que la represente. El
Congreso de la Nación necesita más y mejor radicalismo, la Legislatura de la Ciudad necesita
más y mejor radicalismo. El radicalismo debe volver a ser gobierno de esta ciudad. No hay
razón en su historia para que no lo sea. Lo que explica que pasamos de 38 concejales a 2
legisladores es que el partido en la Ciudad de Buenos Aires perdió la vocación de poder. Los
miles de dirigentes, cuadros técnicos, funcionarios, consejales y legisladores con quienes
hicimos las mejores gestiones en la Ciudad y saben lo bueno que fuimos gobernándola, son
a su vez la razón y uno de los activos principales que le dan base de sustentación a nuestra
vocación de poder.

Nuestros nuevos cuadros técnicos migran hacia otros distritos cuando no hacia otras
opciones políticas. Solo se van a quedar si el radicalismo de la ciudad es una opción de poder.
Nosotros, que creamos las nuevas reglas de juego, que incluimos la autonomía en la
Constitución, que garantizamos que esta ciudad tuviera elección del jefe de Gobierno por el
voto popular como fuerza política no entendemos la lógica de relación entre la política y la
gente, que es la búqueda de poder. Sin poder, es imposible llevar a cabo lo que sabemos que
necesita la ciudad y para lo que estamos preparados.

Un partido que no busca el poder no consigue ni seguidores ni sustento. Y quiero señalar que
no es esto lo que pasa con el radicalismo a nivel nacional. Muy por el contrario. En el ámbito
nacional el radicalismo es una opción posible y atractiva de poder. Entonces, ¿qué nos pasa
en la ciudad de Buenos Aires?

Cometimos el gravísimo error de entregar el gobierno de la ciudad de la Alianza a un dirigente
de un partido que desapareció, cuando veníamos de cuatro experiencias de gobierno exitosas
y reconocidas y la estábamos gobernando con más de 60% de apoyo. Y luego quiero recordar
que votamos una lista que llevaba a Telerman para Jefe de Gobierno.
¿Qué más se necesita para mostrarle a una ciudad que la abandonamos, que estamos retirados y que no somos
una fuerza política relevante en el distrito? Si, se podía hacer algo más: decirle a los vecinos
que nuestro mejor candidato en las últimas elecciones era Silvana Giudice, que ahora forma
parte de las filas del Pro como era fácil de prever con solo analizar su recorrido previo.

Desde el año 2000 hasta ahora nunca le ofrecimos a nuestro pueblo una propuesta de
gobierno para la ciudad a la altura de las circunstancias y de los recursos humanos de que
disponemos. Esto fue una renuncia expresa a la disputa por la ciudad que fue entendida
por nuestros votantes que se fueron acostumbrando a que el partido que mejor la había

gobernado no se ocupara de hacerlo. La razón principal por las que nuestros votantes han
migrado al Macrismo, al Frente para la Victoria o a desprendimientos del propio partido que
duraron lo que duró una elección, es que el radicalismo no le ha presentado desde hace 12
años, ninguna candidatura a Jefe de Gobierno del nivel requerido.

Tenemos que recuperar la vocación de poder perdida. El radicalismo en el país está fuerte.
Pelea el poder en casi todas las provincias. La ciudad de Buenos Aires debe hacer lo mismo.
Como nunca en los últimos tiempos se ha abierto en la ciudad un claro espacio entre el Pro
y el kirchnerismo. Ese es el espacio del radicalismo.

La vocación de poder en la Ciudad es lo que permite la renovación política. Si no la desarrollamos,
la profundizamos y evidenciamos, no podemos pretender que se acerquen a
nosotros nuevas personas con inquietudes políticas. Muchos de los dirigentes del radicalismo
de la ciudad, crecimos en ese Congreso, en esa Legislatura llena de radicalismo. Para renovar,
hay que ganar elecciones. Los que tenemos experiencia somos los que tenemos que salir a
dar esta pelea, acompañados por nuevos dirigentes para abrirles el camino. Los que siendo
jóvenes llegamos a las máximas responsabilidades políticas en el Congreso y en los gobiernos
de la mano de Raúl Alfonsín, sabemos, por experiencia propia, que la mejor renovación y
sangre nueva es la que se forma acompañando a la buena política y a los grandes dirigentes.
Para ser gobierno nacional nuevamente superar al peronismo que con sus distintas variantes
nos ha mal gobernado 25 años casi consecutivos, es indispensable que la ciudad de Buenos
Aires cuente con un radicalismo de pie, atractivo, convocante y superador.

No se trata solo de la importancia de la ciudad en términos electorales, sino de las posibilidades
de extensión de la influencia política de los liderazgos del distrito sobre el primer y el segundo
cordón del Gran Buenos Aires. Raúl Alfonsín en su momento, De la Rúa después, luego
Chacho Álvarez y Graciela Fernández Meijide y ahora Macri, han logrado extender su liderazgo
al primer cordón del área metropolitana. A los efectos de desafiar efectivamente el
poder territorial del peronismo, el radicalismo debe recuperar su vocación de poder en la
ciudad. No puede ser que el aporte que haga el radicalismo de la ciudad al proyecto nacional
sea retener la banca que ponemos en juego. Por eso digo que hoy la estrategia sigue siendo
pequeña. Al punto que cuando hay un radical reconocido que demuestra voluntad política
de ser candidato a senador e instala un discurso y una presencia, la mayoría de los dirigentes
y agrupaciones internas se hacen los distraídos.
Estoy cansado de ver a la representación radical en minoría en cuanta conferencia de prensa
existe. Somos la principal fuerza de oposición de la Argentina ¿Cómo el radicalismo puede
ponerse, de la mano del jefe de bloque de diputados, en minoría absoluta para plantear una
alianza? Eso no somos nosotros. ¿Cómo es que el radicalismo de la ciudad no es capaz de
verse desde otra perspectiva? Nosotros somos mucho más que un diputado. Somos una
fuerza política que gobernó esta Buenos Aires y que tiene qué ofrecerle a esta ciudad y a
este país.

Propiciamos un frente electoral, pero el radicalismo tiene que estar muy conciente de su
fortaleza, para saber qué aportale y cómo integrarlo.
Las elecciones Primaria Abiertas Simultáneas y obligatorias (PASO), son una excelente
oportunidad para la presentación de alternativas y propuestas de perfiles competitivos que
al final signifiquen una unidad y coherencia que potencien la propuesta, y sea la participación
popular la que ordene las preferencias en las listas. La abundancia de propuestas de dirigentes
y perfiles cuando se trata de primarias abiertas, potencia, integra y amplía las posibilidades
de participación y competencia. En definitiva, enriquese el proyecto.

Que seamos amables entre nosotros, no tiene que significar que no seamos enérgicos en
presentar nuestros argumentos. La competencia dentro del radicalismo no es entre buenos
y malos. Es entre buenos y mejores para la estrategia que más le convenga a nuestro partido
para crecer y contribuir a los nuevos tiempos que se vienen en la República Argentina.
Esto es una oportunidad que no debemos desperdiciar. En definitiva somos el único partido
de la Argentina que tiene naturalizado un mecanismo democratico. Arreglar listas evitando
confrontaciones sigue mas la vieja lógica de la internas radicales que la de las nuevas primarias
abiertas y obligatorias.

Estamos de acuerdo en que un frente electoral que potencie a la oposición como alternativa
es lo que el país necesita, y en ese sentido estamos trabajando. Las PASO tienen que ser
presentadas de forma tal que cualquiera sea el resultado, la integración de las listas exprese
los mejores matices del conjunto.

La Coalición Civica se viene desmembrando desde la creación del ARI hasta quedarse
limitada a una dirigente aislada con una manifiesta incapacidad para desarrollar proyectos
colectivos. El FAP tiene tantas estratégias distintas como distritos electorales en el país.
En la ciudad de Buenos Aires, el socialismo que es aliado del radicalismo en Santa Fé, apoya
a Pino Solanas. De la propuesta de Frente electoral que reeditara la Coalición Cívica solo
quedan Libres del Sur y PODES frente a la deserción de la Coalición Cívica y los socialistas.
El remedio para la deteriorante fragmentación de los partidos opositores es un radicalismo
fuerte y dinámico que asuma su responsabilidad de principal fuerza nacional de la oposición y
desde allí se convierta en una alternativa efectiva frente al cada vez más evidente derrumbe
del gobierno y división del peronismo.
Va cayendo el mito popular de que solo el peronismo puede gobernar bien la Argentina.
Gobiernan muy mal en las mejores condiciones económicas que jamás tuviéramos.

Las limitaciones del gobierno son más que evidentes como su incapacidad para resolver los
problemas que su propia incompetencia generó. Es pésimo en lo económico, en lo político,
en lo social y en la decencia. La corrupción más burda que jamás hayamos visto es el moño
del paquete que envuelve al mal manejo y la ineptitud.
El mito de que los radicales no sabemos gobernar, no es real. Irigoyen, Alvear, Illia y Alfonsín,
fueron hombres de su tiempo y muy buenos presidentes. En todo el país el radicalismo tuvo
y tiene buenos gobiernos provinciales y municipales. Y la ciudad de Buenos Aires nunca fue
mejor gobernada que cuando la gobernamos los radicales.

Los convoco a repasar nuestra historia. Raúl Alfonsín siempre decía que la política era
docencia. Así como el radicalismo ha hecho docencia en la construcción de la democracia,
es bueno también que sea el radicalismo el que haga una vez más doncencia, esta vez con las
PASO invitando a la más amplia participación ciudadana con una oferta amplia y abundante
en dirigentes y matices para que conformemos la mejor propuesta electoral para el tiempo
que vive la Ciudad y la Argentina.

Es el momento. No nos podemos volver a equivocar. Son varias las veces que cometimos
errores electorales muy fuertes y que hemos llegado al día del cierre de las listas sin ninguna
capacidad de expresar algo distinto a una estrategia de derrota y falta de protagonismo.
La ciudad está siendo atacado y desatendida por fuera y por dentro. Por eso el Radicalismo
tiene que estar ahí dando todas las batallas. Los convoco a una reflexión que nos permita
reorientar la política del partido en nuestro distrito. Y siendo el partido más importante de
la oposición presentar lo mejor que tenemos en todos los flancos: Senador, diputados y
legisladores, para permitir de esta forma volver a entusiasmar, volver a enamorar con la
política, volver a ser lo que sabemos hacer y para lo que estamos destinados: liderar el cambio
que la Argentina y la Ciudad necesitan.

(*) Candidato a Diputado Nacional

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