Carolina, la ministra del super presupuesto para planes sociales

Carolina, la ministra del super presupuesto para planes sociales

(CABA) Abogada recibida en la UBA con un promedio de 9.45 puntos, hija de un ex Citibank, esposa de Federico Salvai, nuevo jefe de Gabinete bonaerense encumbrado a superministro, Carolina Stanley es pieza central en las políticas sociales del Gobierno. Y, por lo mismo, lo será en la estrategia electoral hacia los comicios de octubre de 2017.

Desde Desarrollo Social, maneja el tercer presupuesto de la Nación, después de los asignados a los ministerios de Trabajo y Seguridad Social y de Energía, grandes porque uno tiene adentro el pago de las jubilaciones y la ANSeS y el otro, los subsidios a la luz y el gas.

El año que viene administrará una caja de $ 131.178 millones que, a valores de hoy, equivale a 8.313 millones de dólares. Y para que se entienda mejor, es mayor a las de los ministerios de Interior y Obras Públicas, de Educación y de Seguridad y casi triplica a la de Salud.

Si el presupuesto de 2016 fuese el que existe hoy, cosa que a este paso no será, el de 2017 implicaría un incremento nada menos que del 39%. Que supera ampliamente la pauta inflacionaria oficial del 17% y pasa de largo el aumento del gasto total proyectado en el 22%.

“No hay ninguna posibilidad de que haya conflicto social a fin de año”, ha afirmado Stanley. Y no sólo por la pericia que el macrismo le atribuye se comprende por qué dice lo que dice.

Planillas de la Secretaría de Hacienda cuentan que, hasta el último 6 de noviembre, ha usado el 80,5% del cupo destinado al llamado al Plan Trabajar o a apoyar el empleo, como lo llaman en Desarrollo Social. Esto es, $ 8.439 millones distribuidos entre unos 185 mil titulares de planes o, puesto de otra manera, entre organizaciones sociales que los agrupan y con una buena dosis de interés también la respaldan..

A la misma fecha, Stanley lleva utilizado el 84,6% del gasto previsto para seguridad alimentaria. Esto es, $ 3.300 millones orientados a permitir que la “población vulnerable tenga acceso a alimentos nutritivos, suficientes y variados”.

Finalmente, el grueso del paquete de este año: $ 64.000 millones para sostener cerca de un millón y medio de pensiones; entre ellas, a la vejez, para madres de siete o más hijos y otras otorgadas desde el Congreso Nacional. Ya se consumió el 90% de esa partida.

El altísimo grado de ejecución de los tres programas –del 80 al 90%– revela que Stanley precisará más plata. También, que de aquí a fin de 2016 Alfonso Prat-Gay deberá exprimir la caja nacional, porque no es el caso arriesgarse a conflictos, como bien saben las organizaciones que exigen aumentos.

“Nuestra tarea consiste en contribuir a la meta pobreza cero”, dice una consigna de Desarrollo Social. Si suena a demasiado pretenciosa, lo cierto es que en 2017 los presupuestos de aquellos programas serán incrementados entre el 37 y el 90%.

Está definitivamente claro que si Stanley significa lo que significa en el esquema macrista, nadie andará escatimándole plata. Ni ahora ni más adelante.

Parte de lo mismo y ya por fuera del área de la ministra, es cosa resuelta que al plus de 1.000 pesos por familia en la Asignación Universal por Hijo se le van a agregar 200 por cada chico; en total, alrededor de $ 400 millones. Pregunta obvia: ¿serán suficientes para mejorar el clima social y contener presiones?

Los números suelen abrumar, aunque a veces ciertos números explican mejor las cosas que una cantidad grande de palabras. Pero vale un respiro.

Las planillas de Hacienda cantan también que se ha decidido acelerar el plan de viviendas Techo Digno y los gastos en obras de infraestructura social básica y atención médica para quienes cobran pensiones.

Junto al siempre activo, millonario programa de Vialidad Nacional –construcción y reparación de caminos, rutas y corredores–, el paquete revela que el Gobierno ya prendió los motores rumbo a octubre de 2017. Y prueba dónde ha puesto algunas de sus prioridades, tanto como que apelará sin vueltas al endeudamiento. Luego se verá, y se verá pasadas las elecciones.

Desde cuando el kirchnerismo advirtió el riesgo de mostrar la montaña de fondos de Vialidad que iba a Santa Cruz, o sea, a Lázado Báez, las planillas dejaron de identicar la ruta del dinero. Aún así, puede suponerse que la provincia de Buenos Aires gana hoy en el reparto.

Nada casual, María Eugenia Vidal acaba de reorganizar su gabinete con un objetivo evidente: reforzar la gestión y ponerla delante del proyecto electoral. Luego, si Stanley será la figura del articulado social, Vidal lo será en el armado político bonaerense.

Pieza de un disputa interna, hoy se sabrá qué hace el Banco Central con la tasa de interés. Si fuese por los coletazos que todavía pega la inflación, Federico Sturzenegger debiera mantenerla en 26,25% anual.

En línea con expectativas privadas que él toma como guía, el martes pasado decidió bajarla: fue un recorte leve, pero recorte al fin. El punto es que los índices del INDEC y de la Ciudad Autónoma mostraron, después, que tales expectativas no se correspondían con la realidad.

S.C.