Buenos Aires, 27/05/2017

Carla Carrizo: “Mi generación aprendió en democracia lo que es importante no olvidar”

La diputada nacional UCR en Cambiemos analiza la figura de Aldo Rico y el cristinismo

(CABA) Tenía 21 años cuando el entonces coronel Aldo Rico se alzó contra el Gobierno constitucional de Raúl Alfonsín. Compartí esa noche, junto a muchos argentinos, la vigilia de la democracia frente al grupo carapintada. La cruz y la espada, como en 1930, vestidas esta vez exclusivamente de guerra, solicitaban lo mismo que aquel septiembre: paz con violencia y orden con sublevación.

El país pudo, sin embargo, en 1987, y a diferencia de 1930, sostener la democracia porque el peronismo renovador también cuestionó la sublevación como metodología. Y, en ese acto, más que en las primeras elecciones internas de su historia, en 1989, decidió emanciparse de la matriz golpista con que nació, en 1943 y de la que fue emancipándose, elección tras elección, hasta dejar de citarla en sus discursos como fecha de origen.

El peronismo se proyectó así en el Domingo Perón del 72 y La Hora del Pueblo con Ricardo Balbín, y no repitió ninguna historia. Ahora sí, el que gana gobierna y el que pierde ayuda, es decir, sostiene.

Es cierto que Aldo Rico fue luego indultado durante el Gobierno del ex presidente Carlos Menem y sucesivamente postulado como candidato en nombre del peronismo, el kirchnerismo y el cristinismo. En nombre de esa última trayectoria es que pudo afirmar: “Soy un hombre libre”, cuando fue interpelado por la prensa a propósito del repudio que generó su participación en el desfile por los festejos del bicentenario. Y es verdad. Pero, entonces, ¿qué nos molesta de esa verdad? Dos razones.

La primera. Que los pueblos, como las personas, solemos grabar en la memoria más la intensidad de una agresión que la levedad de un acto que consideramos normal y que, como tal, no genera temor o amenaza, es decir, no genera intensidad. Nos molesta esta verdad actual del ex coronel, porque recordamos su verdad “verdadera”: su postura de guerra frente a una ciudadanía despojada de golpismo y aferrada al poder civil de los votos como único escudo y defensa. Y es esa agresión primigenia contra algo que nos costó construir y conservar la que hace que olvidemos su relegitimización social a través de la competencia electoral. Acaso porque aprendimos que los votos no lastiman y la militarización sí. Nos molesta, así, “su verdad”, porque con él mi generación aprendió en democracia lo que es importante no olvidar.

La segunda. Que no representa al peronismo democrático que construyeron aquellos peronistas renovadores del que fueron hijos, sucesivamente, los peronismos pragmáticos de Menem y de Kirchner, y que dieron en llamarse como se llaman los peronismos democráticos, con el nombre circunstancial que nombra el liderazgo presidencial. Rico, el competitivo, es, en este sentido, peronista y kirchnerista. Apoyó y criticó a Menem, apoyó y criticó a Eduardo Duhalde, apoyó y criticó a Néstor Kirchner, apoyó y criticó a Cristina Kirchner. Pero el primero, el que resiste en lugar de competir y combate en lugar de representar, no. Ese Aldo Rico, hoy, es sólo cristinista, ni peronista ni kirchnerista.

Lo que rechazamos de ambos, hoy como ayer, no es la democratización, sino la intensidad de su agresión: espada y teología en la arena política. NT

Comentarios

Ingresa tu comentario