Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Caito dejó sin palabras a todos

Guillermo Pfening será Franco, el nuevo amor de Graziani (Julio Chávez), en “Farsantes” (El Trece). Pero anoche, en “Animales sueltos” (América), junto a su hermano Luis “Caíto” Pfening, habló sin guión y sin personaje. El actor estrenó recientemente su primer largometraje, “Caíto”, una mezcla de documental y ficción, que lleva el sobrenombre de su hermano por título porque es su historia la que cuenta la película. Cuando era niño, a...

Guillermo Pfening será Franco, el nuevo amor de Graziani (Julio Chávez), en “Farsantes” (El Trece). Pero anoche, en “Animales sueltos” (América), junto a su hermano Luis “Caíto” Pfening, habló sin guión y sin personaje. El actor estrenó recientemente su primer largometraje, “Caíto”, una mezcla de documental y ficción, que lleva el sobrenombre de su hermano por título porque es su historia la que cuenta la película. Cuando era niño, a Caíto (33 años) le diagnosticaron una distrofia muscular. Después, según dijo Guillermo en el programa de Alejandro Fantino, el diagnóstico fue revisado. Lo que en verdad padece es otro tipo de enfermedad neuromuscular. En cualquier caso, sus músculos carecen de la fuerza necesaria para ponerse de pie, caminar, sostener con sus manos objetos pesados. “Para todo necesito ser asistido”, explicó Caíto.

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Caíto vive en Marcos Juárez, provincia de Córdoba, junto a su padre, quien sale a trabajar a las seis de la mañana y regresa a casa alrededor de las diez, para ayudarlo a levantarse, desayunar, vestirse y recibir al profesional con el que cumple una rutina diaria de rehabilitación. Luego, el papá de Caíto vuelve a sus tareas y el joven queda al cuidado de una empleada, la misma desde hace años.

“¿Qué es para vos la libertad?”, preguntó Fantino. “A mí, la libertad me la dio el cuatriciclo que manejo, mis padres y mis hermanos”, respondió Caíto. Y agradeció el hecho de “vivir en Marcos Juárez, porque allí nos conocemos todos y sé que cuando voy en el cuatriciclo, nadie me va tirar encima su auto”. Sí, Caíto también sabe que en las junglas urbanas alguien podría cometer tamaña salvajada. Así y todo, el mundo se le antoja un buen lugar para vivir. Se lo veía entero. Agradecido de tener quien lo asista todo el tiempo porque “para todo necesito ser asistido”, repitió varias veces.

Fantino quiso saber cómo lidiaba con el cuestionamiento inevitable: ¿Por qué a mí? “Me digo que esto nos pasa a los fuertes —contestó Caíto—. A un débil no le pasa porque no lo podría soportar”. No me pregunten dónde se consigue semejante sabiduría. En eso estoy pensando desde que terminó “Animales sueltos” y soy definitivamente incapaz de encontrar la respuesta.

Lo que pude apreciar, en cambio, es que ese modo de asumir su destino le permite a Caíto mirar al mundo con ojos de titán. “Yo veo que ustedes —dijo en referencia a los que nos movemos por nuestros propios medios— tienen problemas que podrán resolver en dos días, una semana, un mes… Problemas para los que pueden encontrar una solución… Los miro y me dan ganas de decirles: ‘No te mortifiques tanto por lo que podés solucionar’”. Eso dijo Caíto y todo lo que quise entonces fue aprender y aprehender lo que acababa de escuchar. Grabarlo a fuego en mi cerebro y en mi corazón.

Alejandro Fantino aludió al imparable avance de la ciencia médica. Caíto también guarda la esperanza de que algún día, los benditos doctores hallen la cura para su enfermedad. “¿Cómo te imaginás que sería tu vida en ese caso?”, le planteó el conductor. La respuesta me dejó sin aliento: “Creo que me aburriría, porque yo veo que la vida sin esto es tan fácil… Es fácil, muy fácil”. No hay nada que agregar.

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