Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

Cada vez se casa menos gente en Capital Federal

En 2012 sólo 12 mil parejas pasaron por el Civil, contra las 27 mil de 1988. Mientras tanto, aumentan exponencialmente la cantidad de parejas que “conviven”. Advierten sobre la falta de derechos de los “sin papeles” a la hora de la separación. (CABA) En la ciudad de Buenos Aires los casamientos se redujeron a la mitad en 25 años. No es que ya no haya parejas sino que optan por...

En 2012 sólo 12 mil parejas pasaron por el Civil, contra las 27 mil de 1988. Mientras tanto, aumentan exponencialmente la cantidad de parejas que “conviven”. Advierten sobre la falta de derechos de los “sin papeles” a la hora de la separación.

1268169424_74198519_5-Fotografia-Profesional-Casamientos-Bodas-Quince-anos-Moda-Santa-Fe-1268169424

(CABA) En la ciudad de Buenos Aires los casamientos se redujeron a la mitad en 25 años. No es que ya no haya parejas sino que optan por la convivencia. El tema es que al volverse masiva y habitual se cree que la convivencia es lo mismo que el matrimonio, y no es así. Mientras dure el amor sí, pero no si hay una separación. Sin papeles de por medio, las rupturas son complejas por demás. Si no hay hijos no hay demasiado para hablar ni reclamar. Si hay niños, los hombres suelen tener más inconvenientes en el vínculo con ellos, y las mujeres quedan más desprotegidas en lo económico. Por eso hasta las más feministas gritan a los cuatro vientos que hay que casarse.

En 1988 hubo 27.500 casamientos en la ciudad. En el último año fueron 12.667 los enlaces y 5.866 los divorcios. A su vez, las parejas que eligen convivir se cuadriplicaron desde los 80. Más del 60% de los chicos porteños no tienen padres casados, pero tienen los mismos derechos que los hijos de los casados. No así la pareja, ahí casi no hay derechos. ¿Por qué tal resistencia al Registro Civil?

“El desencanto del matrimonio se deriva de constatar que l a ley no garantiza la perdurabilidad de las uniones conyugales. Y los amargos conflictos frecuentes cuando el vínculo termina generan obstáculos que se prefiere evitar”, dice Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Pero advierte sobre los efectos “adversos” de la consensualidad: “Los varones pueden enfrentar mayores obstáculos para continuar el vínculo con sus hijos. Las mujeres enfrentan más dificultades en el reconocimiento económico del trabajo maternal y doméstico que les sacó tiempo para el trabajo en el mercado. Muchas mujeres enfrentan situaciones de carencia económica al separarse”.

En “Tendencias sobre la convivencia, matrimonio y maternidad en áreas urbanas de Argentina”, Georgina Binstock, del Centro de Estudios de Población, sostiene: “Los cambios familiares en Argentina en las últimas décadas, incluyendo la postergación del matrimonio y el incremento de las uniones y nacimientos no matrimoniales, son similares a los países desarrollados e incluyen los comportamientos familiares que se asocian a la segunda transición demográfica, que explica los cambios en la familia europea occidental”. Esto es, la búsqueda del bienestar y la realización personal ante todo. Queda bien claro en la edad de las parejas: nadie se casa antes de los 30, promedio.

“Que los matrimonios bajaron tiene varias explicaciones –dice Viviana Koffman, abogada del Club de las Divorciadas–. Es una generación de padres divorciados y tuvieron dificultades como hijos de divorciados. El problema es que piensan que tienen los mismos derechos que los casados y Argentina no da derechos a las concubinas, apenas pensión si prueban convivencia de más de cinco años, y algunos logros jurisprudenciales como seguir como locataria en la casa si muere la pareja”.

“Separarse sin estar casados no es lo mismo –repite el abogado Osvaldo Ortemberg–. Si eran convivientes no hay bienes gananciales. Se queda con los bienes el que los tiene a su nombre. Tampoco hay derecho a alimentos”.

Para que los concubinos tengan los mismos derechos que los casados habrá que esperar la reforma del Código Civil, aún en veremos.

“La ley a veces oprime, pero también protege y arbitra conflictos. Tal vez cuando se experimente lo adverso de renunciar a lo instituido, se busquen nuevas formas legales que alivien lo opresivo pero conserven la protección legal necesaria”, dice Meler.

Koffman es más terminante: “¡Hay que casarse para tener derechos! No queda otra”.

Fuente consultada: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario