Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Cada vez con menos tiempo libre, los chicos ya no eligen salir a jugar

Hace no mucho tiempo atrás tiempo libre significaba, para un chico, salir a jugar a la pelota o juntarse con amigos. Hoy el poco tiempo libre que tienen los chicos se ha reducido al uso de computadoras y video juegos. (CABA) Los chicos tienen cada vez menos tiempo libre y lo usan cada vez menos para jugar. Y cuando eso ocurre, mirar la televisión y usar la computadora y las...

Hace no mucho tiempo atrás tiempo libre significaba, para un chico, salir a jugar a la pelota o juntarse con amigos. Hoy el poco tiempo libre que tienen los chicos se ha reducido al uso de computadoras y video juegos.

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(CABA) Los chicos tienen cada vez menos tiempo libre y lo usan cada vez menos para jugar. Y cuando eso ocurre, mirar la televisión y usar la computadora y las consolas de juego es lo que hacen 9 de cada 10 chicos en su tiempo libre. Entre preadolescentes y adolescentes es aún peor: el 84% de los que tienen entre 10 y 13 años ocupa sus horas libres en hacer la tarea. Son pocos los que practican deportes fuera del colegio, y menos los que participan de actividades culturales.

Este diagnóstico, que los especialistas ven con preocupación, surge de distintos estudios y sondeos realizados por Unicef, el Observatorio de la Deuda Social de la Infancia (de la Universidad Católica Argentina) y la Sociedad Argentina de Pediatría.

El caso de Stefano y Fabrizio Corzini, de 10 y 11 años, refleja muy bien ese panorama. Cuando llegan a su casa después del colegio, lo primero que quieren hacer es conectarse. Con la compu, la tablet o la Play. La pelota les tira, pero como segunda opción.

En el departamento en el que Stefano y Fabrizio viven en Belgrano no hay mucho espacio para jugar a la pelota. Su mamá, Marcela Casakin, que es contadora, sabe que tiene que estar muy atenta para que el mundo de sus hijos no se convierta en una burbuja tecnológica.

Impusimos casi un régimen prusiano para evitar que estén todo el tiempo conectados. Sólo pueden hacerlo entre media y una hora por día. Van al colegio doble jornada y además decidimos mandarlos a un instituto japonés dos veces por semana para que estudien matemática y lengua. Hace poco tuve que enseñarles en la vereda de qué se trataba la rayuela“, cuenta Marcela.

Cuando los chicos no tienen espacios de juego, “no tienen cómo liberar y descargar su energía lúdica, que cumple un rol fundamental en la formación y socialización de la infancia“, dice Beatriz Bakalarz, prosecretaria del Comité de Familia y Salud Mental de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP).

En la última Encuesta sobre Condiciones de Vida de la Niñez y Adolescencia que realizó Unicef, sólo seis de cada diez chicos de entre 5 y 17 años dijeron usar su tiempo libre para jugar. Entre los que sí juegan, son mayoría (el 63,4%) los que por jugar entienden realizar actividades como leer, hacer trabajos manuales o juegos tranquilos. El 62,6% elige juegos físicos activos.

El juego siempre es una relación“, dice la socióloga Carolina Duek, investigadora del Conicet, que acaba de publicar el libro Juegos, juguetes y nuevas tecnologías, editado por Capital Intelectual. Para la investigación analizó a lo largo de un año las formas de juego de los chicos de hoy y las comparó con las que imperaban en los 80. “Cambiaron los soportes, los formatos, los espacios, pero los personajes, las dinámicas y los dilemas siguen siendo los mismos. Porque lo que hace el juego hoy y siempre es construir vínculos“, dice.

En las últimas décadas cambió sí la cantidad de juguetes y dispositivos que puede acumular cada niño. En el país hoy se fabrican ocho millones de kilos de juguetes por año, según la Cámara de la Industria del Juguete. Y éstos son sólo el 35% del mercado. El resto viene del exterior. No hace falta mucho más para entender por qué los cuartos de los niños suelen estar atiborrados de juguetes y los padres ven con preocupación la llegada de un nuevo cumpleaños.

La fantasía que instaló este nuevo paradigma del mercado, según Duek, es que el chico ya no necesita de otro para jugar. “Uno escucha a las madres decir: «Tiene el cuarto lleno de juguetes, pero no juega con nada». Los adultos creímos que los juegos «preseteados» reemplazaban a los adultos. Pero fue una ficción de reemplazo. Porque no es el juguete lo que hace jugar a un niño, sino el vínculo que establece a través del juego con otro, sea un par o un mayor. En realidad, fuimos los adultos los que dejamos de jugar“, apunta.

El ámbito de juego dejó de ser el espacio público. Las redes sociales son la nueva calle de buena parte de la infancia. Los niños del interior del país juegan más tiempo que los que viven en Capital, según la encuesta de Unicef. Entre otras razones, porque el 80% de los porteños vive en departamentos y sólo el 20% en casas. En el interior del país, la proporción es al revés.

Según esa investigación, cinco de cada diez niños argentinos de entre 5 y 9 años utilizan su tiempo libre para chatear, navegar por Internet o bajar música, contra sólo tres de cada diez que realizan actividad física programada.

El informe del Observatorio de la Deuda Social de la Infancia de la UCA apuntó resultados similares. Casi seis de cada diez chicos de entre 5 y 17 años en la Argentina urbana no suelen realizar actividades físicas o deportivas extracurriculares. Y más de ocho de cada diez tampoco actividades artísticas o culturales.

Los niños tienen pocas posibilidades de acceder a juegos de estímulo“, dice Ianina Tuñón, que dirigió el estudio. Según sostiene, esta baja participación en actividades culturales o recreativas no se relaciona con la inseguridad o con la proximidad.

Vemos que no existen propuestas comunitarias para estimular el juego y su aspecto formativo en los sectores medios y bajos. Observamos una fuerte retirada del Estado en este aspecto del proceso formativo y socializador de la infancia“, agrega.

Fuente: La Nación

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