Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

Butoh y danza-teatro en el barrio de Abasto

De danza teatro al butoh japonés, el nuevo circuito de danza del barrio de Abasto ofrece nuevas experiencias culturales para el curioso. (CABA) En el barrio del Abasto se conformó un sólido circuito de danza contemporánea independiente y entre otras propuestas y lugares, hay allí dos recomendables: Amaralaniñafuego, de Rhea Volij (Pata de Ganso, Zelaya 3122; sábados a las 21) y El Otro, de Gustavo Friedenberg (Teatro del Abasto, Humahuaca...

De danza teatro al butoh japonés, el nuevo circuito de danza del barrio de Abasto ofrece nuevas experiencias culturales para el curioso.

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(CABA) En el barrio del Abasto se conformó un sólido circuito de danza contemporánea independiente y entre otras propuestas y lugares, hay allí dos recomendables: Amaralaniñafuego, de Rhea Volij (Pata de Ganso, Zelaya 3122; sábados a las 21) y El Otro, de Gustavo Friedenberg (Teatro del Abasto, Humahuaca 3549; jueves a las 21). Obras distantes entre sí en casi todos los sentidos posibles, ambas sin embargo revelan universos hermosos y personales.

Friedenberg es un coreógrafo joven y ésta es su segunda obra, basada como la primera en textos de la escritora argentina Alicia Steimberg. Aunque el término “danza-teatro” suele ser impreciso, El Otro lo es en la medida en que los intérpretes bailan y también actúan y hablan (muy bien, por otra parte). Son seis personajes estrafalarios: un travesti judío que dice un texto muy cómico, cuatro superhéroes retro-futuristas y una bailarina de inspiración árabe que gira interminablemente al final. Las escenas se suceden sin lógica aparente, pero hay una idea -misteriosa- que las conduce, o una atmósfera lograda que las contiene.

Rhea Volij se formó en el exterior con maestros de la danza butoh, inició su carrera en esta disciplina hace unos quince años y en ella continúa con sus espléndidas piezas solistas. No pretendemos explicar el butoh, corriente de danza contemporánea nacida en Japón hacia fines de los ‘50. Hoy existen demasiadas derivaciones y no es un fenómeno único. Pero basta asistir a lo que pone en escena Volij para percibir algo inusualmente profundo, trabajado en sus mínimas manifestaciones y muy bello en sus formas más grotescas.

Las palabras “misteriosa” o “enigmática” aplicables a las dos obras no debería hacer retroceder a ningún espectador. Su fuerza escénica da lugar a una experiencia feliz por la que es bueno pasar.

Fuente: Clarín

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