Buenos Aires, 21/10/2017, edición Nº 1802

Buenos Aires ¿una ciudad sobre el agua?

Construir sobre el río.

Costanera-norte

(CABA) Desde las barrancas de Belgrano (que son formaciones naturales) hasta el Río de la Plata hay entre un kilómetro y medio y dos de tierra. Lo mismo ocurre en la zona de Parque Lezama. Y mucho del área que se denomina “el Bajo”, alguna vez fue agua. La cuestión viene desde lejos, cuando las autoridades de cada época decidieron ampliar la Ciudad y usaron al río. Tal vez no haya sido la mejor opción darle siempre la espalda al agua para ganar terrenos, pero lo hecho, hecho está. Los que saben calculan que desde 1900 para acá, en la Capital se rellenaron cerca de 3.000 hectáreas en la costa del Río de la Plata. Ante lo consumado, vale una pregunta: ¿de dónde salieron las miles de toneladas para concretar semejante relleno?

Un aporte importante surgió cuando se decidió abrir la avenida 9 de Julio y las diagonales Norte y Sur. Por ejemplo, en abril de 1937, comenzaron a trabajar las piquetas para despejar el primer tramo de la Nueve de Julio, entre Bartolomé Mitre y Viamonte. Se afirma que, en 40 días, unos 1.500 obreros demolieron casi 56.000 metros cuadrados de edificación. Los escombros tuvieron dos destinos: se usaron como subcalzada en la avenida Juan B. Justo (el arroyo Maldonado ya había sido entubado) y de relleno en la Costanera Norte.

¿Por qué Costanera Norte? Por entonces ya estaba la idea de crear un parque ribereño, algo que empezó a gestarse en agosto de 1938. La franja abarcaba desde la actual calle Salguero hasta La Pampa y desde la costa hasta las vías del Ferrocarril Central Córdoba (después Belgrano Norte). Aquello se concretó en 1944 cuando se crea el “Parque de la Raza” (que en 2011 cambió su nombre por el de “Parque de la Integración Etnica”). Pero el proyectado parque se fue achicando porque ese mismo año se decidió construir el Aeroparque Jorge Newbery. Inaugurado en 1947 (se llamó Aeroparque 17 de Octubre), también se hizo sobre terrenos rellenados.

Y allí fueron no sólo escombros de distintas obras. También llegaron las cenizas que producía el horno incinerador de basura que desde 1926 funcionaba en Rodney y Concepción Arenal, en Chacarita. A una temperatura superior a los 1.000 grados, quemaba unas 500 toneladas de basura por día. También sirvieron para rellenar la zona de lo que hoy es la Ciudad Universitaria. Las cenizas de otros dos hornos (uno estaba en Nueva Pompeya y otro en Flores) sirvieron también para rellenar bañados en el Bajo Flores y algunas áreas de Villa Lugano.

Otra obra que produjo muchos escombros fue la construcción de las autopistas 25 de Mayo y Perito Moreno, inauguradas en 1980. Todo ese material fue volcado sobre el río en la zona de la Costanera Sur. La naturaleza hizo de las suyas y ese relleno se pobló de aves, animales silvestres y una vegetación cuyas semillas trajeron el agua y el viento. Así se formó la Reserva Ecológica, actualmente un pulmón verde para la Ciudad. En esa zona también están los terrenos ganados al río para lo que sería la Ciudad Deportiva de Boca Juniors. Iban a ser 40 hectáreas de islas. El proyecto quedó en la nada pero el agua se perdió.

Las construcciones de los subtes, los distintos ensanches (como el de la calle Corrientes, en los años 30), los alargues para la finalización de la 9 de Julio hasta Constitución y hasta Retiro, también hicieron su aporte. Y el más reciente fue el que generó la obra para ampliar el arroyo Maldonado. Ese movimiento de tierra fue a parar al relleno costero destinado a la zona de Aeroparque y la nueva traza de la avenida Rafael Obligado. Claro que las obras no sólo producen escombros. También quedan rejas, ventanas, puertas y otros elementos. Muchos de ellos fueron rescatados por el Museo de la Ciudad. Otros terminaron en Campanópolis, una curiosa aldea medieval que está en González Catán, partido de La Matanza. Pero esa es otra historia.

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