Buenos Aires, 22/09/2017, edición Nº 1773

Buenos Aires, la ciudad “que se desvanece en el aire”

En un texto de Revista Ñ se habla sobre las transformaciones urbanas donde se “permuta lo viejo por torres, barrios perimetrados y una brecha social cada vez mayor”. (CABA) Las transformaciones en las grandes ciudades fueron eje de análisis en el artículo “Las ciudades que se desvanecen en el aire”, publicado en Revista Ñ y escrito por Gabriela Massuh. Al evocar lecturas como Ciudades Rebeldes  de David Harvey  y Todo...

En un texto de Revista Ñ se habla sobre las transformaciones urbanas donde se “permuta lo viejo por torres, barrios perimetrados y una brecha social cada vez mayor”.

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(CABA) Las transformaciones en las grandes ciudades fueron eje de análisis en el artículo “Las ciudades que se desvanecen en el aire”, publicado en Revista Ñ y escrito por Gabriela Massuh.

Al evocar lecturas como Ciudades Rebeldes  de David Harvey  y Todo lo sólido se desvanece en el aire de Marshall Berman, se analiza el porvenir de los grandes centros urbanos: “De manera creciente, la construcción devora los paisajes urbanos supliéndolos de escalas cada vez más ambiciosas: edificios cada vez más altos, rutas más anchas, autos más veloces, armas más potentes, drones más sofisticados. Ese “más” es el progreso y quien se oponga peca de nostálgico, retrógrado o loco”.

La situación de la ciudad de Buenos Aires no es diferente, asegura la escritora: “Un diez por ciento de su población, cuyo número total no llega a los tres millones de habitantes, vive en la precariedad extrema de las villas. Al mismo tiempo, el censo nacional de 2010 arrojó una la cifra alucinante del 27 por ciento de viviendas nuevas vacías. Habría que preguntarse para quién se sigue construyendo en una ciudad cuyo número de habitantes no ha variado desde 1946”.

Siguiendo la experiencia subjetiva de Marshall Berman, la atropellada transformación del tejido urbano provoca, si se permite el término, la ajenidad de un paisaje usurpado. Las calles pueden llevar el mismo nombre que en la infancia, pero no las reconocemos como propias porque han perdido su especificidad de ser huellas del pasado y amparo en el presente”, concluye el texto de Ñ.

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