Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Buenos Aires, capital de la twitcam

¿Qué hace falta para ser el nuevo rey de Internet? La versión 2012 de la receta requiere una webcam, una cuenta de Twitter y (nada es gratis en la vida) una idea y algo de exhibicionismo. Joven argentino, si tienes lo necesario, el mundo de las twitcams está a tu disposición: ni más ni menos que una especie de programa televisivo en vivo y sin red en el que uno...

¿Qué hace falta para ser el nuevo rey de Internet? La versión 2012 de la receta requiere una webcam, una cuenta de Twitter y (nada es gratis en la vida) una idea y algo de exhibicionismo. Joven argentino, si tienes lo necesario, el mundo de las twitcams está a tu disposición: ni más ni menos que una especie de programa televisivo en vivo y sin red en el que uno mismo es conductor, director, guionista y operador técnico. Un chat de Messenger con la camarita prendida pero hablándole a quien quiera oír. Un show de Cam4 pero sin la parte de la desnudez.

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(CABA) Hagamos memoria digital. En 2008, una chica y su fotolog se convertían de la noche a la mañana en the next best thing: todos al Abasto de chupines multicolores. Dos años después, Cumbio había vuelto a ser Agustina Vivero, una adolescente del montón. Ya era el tiempo de los videos de autor. Malena Pichot -en el papel de La Loca de Mierda- fue cabeza de lista de un formato que sigue vigente con nombres como Dross Rotzank, Kion y Vedito y Julián Serrano como ejemplos bien disímiles. Las twitcams, como salto (casi) natural, arrancan despojadas. Sólo hay una pequeña pantalla con la imagen generada por la webcam y, a la derecha, los tweets enviados por el “conductor” y la “audiencia”. Los mensajes que cada “televidente” escribe son leídos por todos sus seguidores en Twitter, asegurando la viralidad. Que el internauta que llega a la transmisión se quede es pura responsabilidad del señor transmisor.

Hay de todo: desde pibes que cantan frente a la cámara hasta periodistas de la tele que debaten con expertos y desconocidos sobre el tema del día.Diego Poggi, locutor y creador de Radioactivo, se autodefine como el primer argentino que comenzó con el formato. “Empecé en 2010, cuando me acababa de quedar sin laburo. Un día entré a una twitcam, me gustó y dije ‘esto lo puedo hacer desde casa’. Empecé a pasar música con la webcam y de a poco empezó a entrar gente. Al principio tenía 30 personas, a la semana ya eran 100, 120, 200, y cada vez fueron más y más”, explica. Con el correr de los meses, Radioactivo se convirtió en un fenómeno que consigue hasta 40 mil usuarios únicos por emisión (tres horas, cuatro veces por semana). En cámara, sólo él en primer plano, junto a algún invitado ocasional. La vedette, acá, son el propio Poggi y su rol de conductor-DJ disparando rolas upbeat.

Una oficina céntrica reconvertida en miniestudio se revoluciona minutos antes de salir al aire. “¿Sos periodista? Siempre con la cola lista”, dispara al cronista Naty Menstrual, invitada del día de Paralell World (sic), la twitcam que comandan dos miembros de Improcrash, Charo López y Rodrigo Bello, junto a Gustavo Lista y Tomás Eloy Fernández. Con un promedio de 300 “televidentes” simultáneos, la Paralell es una mezcla de formatos: un show de entrevistas, un experimento de viralidad, un ciclo de sketches. “Un amigo nuestro, el dueño de la agencia digital donde está el estudio, nos dijo si nos interesaba hacer esto y probamos”, cuenta Charo. “Empezamos muy tímidos, el día del amigo de 2011. Éramos los cuatro juntos sin mirar a cámara, vestidos normales… parecía un ciber”. Hoy es todo lo contrario: campeonatos de rimas como el del principio del párrafo, una entrevista a unas Trillizas de Oro de origen dudoso y hasta una depilación de axilas en directo.

Desde su casa, Esteban Menis conduce la Twitcam con Humanos, “un programa de entrevistas con estética amateur y humor absurdo” que nació como apéndice de su sitio Lloro de Felicidad. Hasta aquí, Menis (de profesión director de cine) parece disfrutar de las mieles de la precariedad técnica. “Me gusta el plano único, me gusta que la persona esté muy cerca de la pantalla. Cuando viene el invitado le pido que se siente bien al lado mío, y es una incomodidad copada que hace que, si el tipo se suelta, está bueno”. Por su casa pasaron figuras de todo tipo, desde Ronnie Arias hasta Tomás Escobar, el creador de Cuevana. “En la twitcam que hicimos con Liniers, Alberto Montt y @mic_y_mouse llegamos a tener mil y pico de personas mirando… cuando empecé eran 20”. El 9 de abril arranca la segunda temporada, con nuevo “estudio”, dos cámaras y hasta dos productores. “La idea es hacer un late night show de una hora y 20 minutos, con un invitado musical al final y varias cosas tecnológicas que estamos empezando a probar”, anticipa.

¿Se puede ganar plata con esto? Menis dio su primer paso con un canje. “Una amiga que trabaja en una bodega en Mendoza me vio en la twitcam y me dijo ‘están tomando agua, te mando los vinos'”. Ese es el piso. “Un día me llamaron y me dijeron que me habían visto y querían producirme, y terminaron comprando el formato”, recuerda Poggi, que hoy prepara un nuevo proyecto que mantiene en secreto. “Me mudé solo, me dio más laburo… estoy feliz”. A prender la cámara entonces: parece que se puede.

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