Buenos Aires, 21/11/2017, edición Nº 1833

Brinks compra MACO y compite por el liderazgo del negocio del transporte de caudales

Una vez aprobado el deal, la firma de los EE.UU. duplicará su tamaño en el mercado local, que actualmente es liderado por Prosegur-Juncadella.

(CABA) La transportadora de caudales Brinks anunció la adquisición de su competidora Maco Argentina, con un desembolso que rondaría los u$s 209 millones, aunque el precio final está sujeto a ajustes por el tipo de cambio. La transacción, que debe ser aprobada por Defensa de la Competencia, permitirá a la firma estadounidense duplicar su participación en el mercado argentino (pasará del 15 al 30% del share), que actualmente es liderado por Prosegur-Juncadella con casi el 65%.

Es la tercera vez que Brinks intenta comprar a Maco, por lo que la operación no resultó una sorpresa, y está en línea con una tendencia a una consolidación de este negocio en pocos jugadores de actuación global, comentaron a El Cronista fuentes del sector.

En un comunicado emitido por Brinks, su CEO Doug Pertz, señaló que “la reciente adquisición (de Maco) responde a un plan de crecimiento en Sudamérica, nuestro segmento más dinámico”.

Según declaró Pertz, “acelerar el crecimiento rentable a través de adquisiciones es un elemento clave de nuestro plan estratégico a tres años, que incluye lograr sinergias sustanciales en los costos. Esperamos que esta operación impacte positivamente en nuestros ingresos netos de aquí a 2019″.

Fundada en el estado de Virginia en 1859 y con 59.000 empleados en 100 países, Brinks opera en la Argentina desde 1997. Aquí cuenta con 16 sucursales en todo el país, una flota de 200 unidades y 1400 empleados, ofreciendo servicios de transporte de valores y mercaderías sensibles nacional e internacional, cajas de seguridad inteligente (compuSafe), atención de Cajeros Automáticos, outsourcing de tesorería y pago de sueldos, consultoria en medios de pago y servicios de seguridad. A nivel global, la firma reportó ingresos por u$s 71 millones en el primer cuatrimestre del año.

Maco Argentina, creada hace 18 años, tiene presencia en la ciudad de Buenos Aires, área Metropolitana y la ciudad de Mar del Plata, con 150 camiones y 1100 empleados. Durante los últimos 12 meses, obtuvo ingresos de u$s 90 millones y una ganancia bruta (EBITDA) de u$s 24 millones.

Se espera que la transacción sea aprobada en los próximos 30 días, y hasta entonces, las compañías continuarán operando bajo sus respectivos nombres y logos.

En el país, la actividad de las transportadoras de caudales está atravesando una transición. “Se pasó de un período de mucho movimiento hasta el año pasado, y ahora se transporta menos, porque no hay circulante”, señaló una fuente del sector a ese diario. “Nosotros no sólo trabajamos con bancos, sino también con supermercados, cadenas de farmacias, estaciones de servicio y todo tipo de comercios que manejan efectivo, que nos están pidiendo menos viajes”, detalló.

Además, según la misma fuente “hasta el semestre pasado teníamos las bóvedas llenas de dinero en desuso (que los bancos descartan porque al estar en mal estado les traba los cajeros automáticos), esperando que el Banco Central se ocupe de destruirlo. Esto genera costos en traslado, almacenamiento y seguros, ya que si llega a ser robado, hay que pagarlo como si fuera dinero en circulación”.

Hoy los bancos representan el 50% de la facturación de las transportadoras de caudales, y los comercios el otro 50% aunque en número son muchos más (casi el 98%). En los últimos años se generaron nuevos negocios complementarios, como la custodia y transporte de sumas de dinero a particulares, especialmente para la realización de transacciones inmobiliarias, que suelen hacerse en efectivo.

Aunque el uso de efectivo viene descendiendo en las transacciones comerciales (o al menos crece más lentamente que otras formas de pago); su uso continúa siendo fuerte en Argentina, y sobre todo en el interior del país, donde la economía es menos formal y aún hay un 40% de la población que no está bancarizada.

A fines del año pasado, el gobierno intentó imponer un impuesto del 1% sobre las transacciones en efectivo de más de $ 10.000, a fin de impulsar la bancarización y la formalización de la economía. La medida, que resultaba perjudicial para el negocio de las empresas de cobro de facturas como para las transportadoras de caudales, aún no entró en vigencia. NR


Fuente consultada: Cronista

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