Buenos Aires, 13/12/2017, edición Nº 1855

Bajan las agresiones físicas en los Hospítales

Pero continúan los ataques verbales. Así lo indica un relevamiento de las denuncias que recibió la Asociación de Médicos Municipales desde 2010

Rejas y vidrios blindados, cámaras, botones antipánico y seguridad privada. En los últimos años, los médicos y los enfermeros tuvieron que aprender a convivir con la violencia. En los hospitales porteños, esas medidas lograron disminuir algo más de la mitad de las denuncias por agresiones físicas. Pero ni los insultos ni las amenazas ceden. Esto alcanza también a los equipos de atención de emergencias.

Un informe de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) que repasa las denuncias por agresiones en los hospitales porteños y los auxilios domiciliarios del SAME desde 2010 indica que se limitaron sólo los ataques con golpes y armas luego de las medidas que se debieron implementar cuando el Ministerio de Seguridad de la Nación retiró a la Policía Federal de los centros de salud.

Los insultos y las amenazas se mantienen, sobre todo contra los residentes, los pediatras y las médicas y las enfermeras. Las demoras en la atención, la exigencia de curar a un paciente grave, las adicciones y la demanda indebida de certificados médicos y recetas son los principales motivos de agresiones. Es tal la preocupación que en el último Congreso Argentino de Cardiología hubo un panel sobre el tema.

Hace cinco años, la AMM recibía 100 denuncias anuales de violencia contra el personal de la salud. Los casos disminuyeron a 50 en 2013, y el año pasado hubo 40 denuncias. Este año se repetiría la cifra.

Las medidas de seguridad comenzaron luego de dos incidentes graves en 2012 en el hospital Santojanni, en Liniers. En enero de ese año, una facción de la barra de Nueva Chicago ingresó a la guardia, donde las cámaras registraron los desmanes. En agosto, 60 personas subieron a los gritos, haciendo pintadas en las paredes, hasta la Maternidad y el Servicio de Neonatología del primer piso. Exigían “justicia por Jenni”, una adolescente que había muerto en el parto. En el camino, tiraron camillas y balanzas para los bebes y agredieron a cuatro enfermeras y patearon en el piso a una estudiante de Medicina de la UBA. “Se firmó un acta acuerdo con los ministerios de Salud y Seguridad porteños y los gremios, y se tomaron medidas para impedir el acceso de los violentos. Al año siguiente, hubo un nuevo incidente entre barras de Boca y esto llevó a tomar acciones más drásticas: el hospital se transformó, entonces, en un lugar de altísima seguridad”, recuerda el director, Sergio Auger.

Contra los violentos

Aquel acuerdo regía para todos los hospitales, pero comenzó por el Santojanni, que era el que más violencia estaba sufriendo entonces. Se colocaron rejas alrededor del hospital y en los ingresos, el acceso a los consultorios externos y el interior para poder cerrar los sectores si ingresaban grupos violentos. Las puertas de vidrio de la guardia, los consultorios externos y el centro de obstetricia se reemplazaron con acero y los vidrios pasaron a ser resistentes a puñetazos y golpes con palos. Con más de 35 cámaras, la seguridad hoy se reparte entre 20 vigiladores privados, la Policía Metropolitana y, cuando se activa el botón antipánico, la Policía Federal.

Eso sucede, por ejemplo, cuando llegan delincuentes heridos y la banda los quiere liberar. “Ponemos en alerta al hospital -cuenta Auger-. No pudieron ingresar grupos grandes. Tuvimos varios intentos, pero quedaron en la calle. Así están seguros el personal y los pacientes.”

Los hospitales de alto riesgo son el Santojanni, el Piñero (bajo Flores), el Argerich (La Boca) y el Penna (Parque Patricios). La cercanía de la villa 1-11-14 al Piñero aumentó su vulnerabilidad. Vadim Mischanchuk, abogado de la AMM, está a cargo de la línea 0800 de la entidad, vinculada con el Ministerio de Seguridad porteño para recibir las denuncias. “Las agresiones se fueron haciendo cada vez más graves hasta el año pasado. Hoy, nuestros registros indican que bajó la agresión física, pero no los ataques verbales, como los insultos y las amenazas”, explica.

Para Marcelo Struminger, jefe de la Unidad Coronaria del Santojanni y miembro del Comité Ejecutivo del AMM, las agresiones son un problema de salud pública. “Atacar al médico es atacar al sistema de salud. Por las conmoción que eso provoca cierra una guardia o deja de atender un servicio. Cuando estos hechos se difunden, no se consiguen profesionales para los hospitales de las zonas de riesgo. Es un problema sanitario.”

En el SAME, también bajaron los ataques físicos, pero aún sus equipos se quitan el reloj si la asistencia será en un barrio con problemas de seguridad. “El equipo sufrió mucho los embates de la exaltación injustificada en los últimos tres años”, cuenta su director, Alberto Crescenti. “Y este año la gente está muy exaltada. En alguno que otro auxilio recibimos agresiones verbales. Por suerte, no hubo ataques con arma blanca ni golpes de puño”, agrega. Para evitar demoras que exacerben los ánimos, pidió a la población llamar al 107 del SAME, en lugar de hacerlo al 911 de la Policía Federal.

“Las agresiones que sufrimos no son sólo en el sector público, sino también en el privado, donde la violencia verbal es una constante y más en las áreas críticas, ya que muchas veces las noticias no son lo que imaginan los familiares”, dice Alejandro Risso Vázquez, coordinador médico de Terapia Intensiva del Sanatorio Otamendi. “A los profesionales hoy nos preocupa la falta de medidas para que esto no siga ocurriendo”, indica.

Héctor Garín, secretario general de la Asociación de Médicos de la Atención Privada (AMAP), confirma que en el sector privado existen denuncias, pero no tantas como en el sector público y el SAME. “Los pacientes no tienen tantas necesidades acumuladas como en los hospitales -dice-. Hay agresiones porque algo les molesta, y en general son las demoras. Cuando no se reemplaza a un médico durante la licencia porque los empleadores no quieren gastar de más, eso genera violencia en quien tiene que esperar.”

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