Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Awraham Soetendorp: “Las Madres y Abuelas nos han enseñado una lección para siempre”

El activista por los Derechos Humanos holandés, sobreviviente del Holocausto, se encuentra de visita en Buenos Aires para la inauguración del monumento a Ana Frank de Puerto Madero. En una entrevista habló sobre su historia, la de Ana Frank, sobre el Papa Francisco y destacó la labor de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. (CABA) “En mayo de 1943, cuando yo apenas tenía tres meses, un oficial alemán ingresó...

El activista por los Derechos Humanos holandés, sobreviviente del Holocausto, se encuentra de visita en Buenos Aires para la inauguración del monumento a Ana Frank de Puerto Madero. En una entrevista habló sobre su historia, la de Ana Frank, sobre el Papa Francisco y destacó la labor de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Soetendorp1

(CABA) “En mayo de 1943, cuando yo apenas tenía tres meses, un oficial alemán ingresó en nuestra casa y golpeó a mi padre, gritó y amenazó regresar al día siguiente. Me miró y según me contaron dijo: ‘Qué lástima que este sea un niño judío.’ Al irse, ese alemán me dio la oportunidad de sobrevivir. Esa noche mi familia tuvo que separarse”, relata el rabino holandés Awraham Soetendorp, sobreviviente del Holocausto, que dice creer en la compasión humana. Militante de los Derechos Humanos y miembro honorario del directorio de la Fundación Ana Frank, Soetendorp llegó a nuestro país para la inauguración de una estatua de Ana Frank en Puerto Madero, en conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos. “Las chances para que yo no esté hoy parado acá eran muy grandes, y mi destino hubiera sido el mismo que el de Ana y el de otro millón y medio de bebés judíos que fueron asesinados si no fuera por el poder de la compasión”, explicó. Su familia entabló amistad con Otto Frank, padre de la joven que se convirtió en un símbolo de la memoria de lo ocurrido en el Holocausto. Si Awraham fue un sobreviviente del exterminio nazi fue gracias a una alemana que, durante la ocupación, aceptó tomar a su cargo a ese bebé judío de tres meses que alguien de la resistencia le entregó oculto en una maleta.

Respecto de su historia cuenta: “Soy uno de los más jóvenes niños que sobrevivieron. Nací en 1943 de un padre rabino y mis padres trataron de encontrar un lugar donde esconderse para los tres juntos, pero era muy difícil hallar un sitio. No pudieron despedirse de mí; era mayo de aquel año cuando en Amsterdam ocurrió una gran razzia en la que se llevaron a muchísimos judíos. Un soldado alemán dudó en llevarnos y cuando me vio tan chiquito dijo que nos iría a buscar al otro día, pero ya no estábamos. Nos separamos, mis padres por un lado y yo en un pueblo llamado Velp, con una mujer alemana y su esposo holandés. Después me enteré de que mi papá adoptivo se había muerto por el efecto de una bomba.” Soetendorp llorará varias veces durante la entrevista. El suyo parece un dolor reciente, un dolor nuevo. Pero también dice sentirse agradecido de la vida al ver a los jóvenes involucrados en la lucha por las causas relacionadas con la defensa de los Derechos Humanos.

Al momento de la entrevista un contingente escolar visitaba el centro Ana Frank en Buenos Aires. “Mi historia, como la de Ana, ya no es privada, es universal. A Ana la conocí no sólo por sus diarios, sino también por su padre, Otto. Él era muy amigo de mi familia. Mi padre luchó junto a Otto para recuperar la casa donde los Frank se habían escondido, ya que había sido vendida y revendida. A través de Otto, podías ver a su hija Ana. Su deseo era que la casa de Ana Frank fuera un lugar al que se acercara gente joven y allí se formaran las bases de una sociedad más justa. Hoy, el museo en Holanda recibe casi un millón y medio de personas cada año.”

Soetendorp

Como activista por los Derechos Humanos, Soetendorp reivindica el trabajo de Madres y Abuelas de Plazo de Mayo: “Las Madres y Abuelas nos han enseñado una lección para siempre: la humanidad es un solo cuerpo y, cuando una parte duele, el cuerpo entero lo siente; y cuando no lo sentimos más, este es el comienzo de la muerte. Y esa sensibilidad de ser una sola familia humana se hace cada vez más fuerte”, asegura.

Soetendorp introdujo el Día del Respeto en más de 2000 escuelas holandesas y participa del Diálogo Islam entre decenas de acciones para acercar partes en conflicto. Su currículum es abundante en la creación de fundaciones y en su participación en acciones por los Derechos Humanos, como también en la cantidad de premios que ha recibido. También es un militante del diálogo interreligioso, tiene fe en la gestión del Papa Francisco. “Está haciendo un cambio en el diálogo y creo que llegó en un momento muy importante, en una suerte de revolución tranquila que se viene haciendo hace mucho tiempo. Muchos líderes religiosos se dieron cuenta de que necesitan juntarse para la paz y que así se es más fuerte. Cuando pienso en la Iglesia, pienso en mis padres adoptivos que eran católicos y entonces lo siento cercano e importante emocionalmente. Creo también que la Iglesia Católica es la religión más grande y poderosa, pero la más difícil de cambiar. Lo que está haciendo Francisco ha nacido desde el deseo de su corazón y puede ayudar al humanismo.”

Fuente: Tiempo Argentino

Comentarios

Ingresa tu comentario