Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Autos de colección: una pasión en crecimiento

A pesar de los altos costos, cada vez son más los que se animan a pasar del sueño a la realidad. Es que para la pasión por los autos no hay barreras, y esto lo evidencia la cada vez mayor cantidad de personas que incursionan en el coleccionismo. Un mismo espíritu los reúne: aquel que impregna a todo coleccionista, restaurador o aficionado, que, en busca de cierto goce estético, realiza...

A pesar de los altos costos, cada vez son más los que se animan a pasar del sueño a la realidad. Es que para la pasión por los autos no hay barreras, y esto lo evidencia la cada vez mayor cantidad de personas que incursionan en el coleccionismo.

Un mismo espíritu los reúne: aquel que impregna a todo coleccionista, restaurador o aficionado, que, en busca de cierto goce estético, realiza la noble tarea de rescatar de la “chatarra” la cultura, belleza y pasión por los automóviles clásicos. Pasión, claro, que transita sus propios senderos y posee reglas aparte.

Ciertas constelaciones de este universo suelen ser de difícil acceso, como ocurre con la dimensión económica. Sin embargo, un recién iniciado podrá, dependiendo el modelo y el estado, adquirir un auto entre los US$ 20.000 y US$ 60.000. Pero hay quien, durante los ’90, compró un gran ejemplar del automovilismo nacional por $ 7000 (pesos-dólares).

En tanto, la reconstrucción de un automóvil clásico puede suponer unos $ 100.000 y hasta cinco años de taller. “Una carrocería potable cuesta entre $ 10.000 y $ 20.000. El papeleo ronda los $ 4000. Modificar el chasis puede estar entre los $ 15.000 y $ 20.000, y, si se desea renovar el motor, un nacional está en $ 7000 y un V8 americano en US$ 6000”, detalla Bruno Marletta, técnico mecánico especializado en estos trabajos.

La cuenta no acaba allí: entre chapista y pintura se puede gastar alrededor de $ 25.000, dependiendo la cantidad de metros cuadrados que haya que pintar. Los detalles de estética, vidrios y electricidad suponen entre $ 5000 y $ 10.000; las cubiertas, ruedas y llantas nacionales cierran el cálculo con un valor de $ 5000 por eje.

Algunos especialistas aseguran nunca haber comprado un auto caro, aunque para ello se requiere cierto camino transitado. “Se llega conociendo gente y caminando mucho para encontrar una unidad bastante entera”, señala Jorge Rau, coleccionista de la ciudad de La Plata, quien exhibe su repertorio los fines de semana en un antiguo oratorio recuperado. Para Rau, el secreto está en encontrar algún “coche de galpón” que, a pesar del polvo acumulado por los años, se haya mantenido al resguardo del tiempo.

Virgen hasta las tuercas
A la hora de tasar un auto, se privilegia la originalidad ante todo. Los de mayor valor serán siempre los que no hayan sido modificados, que tengan “todo de ley” y mantengan vírgenes hasta las tuercas del motor. Para los amantes de épocas pasadas, el aroma del interior es un criterio importantísimo en el momento de definir una adquisición. “El olor del cuero, las alfombras y la madera te llevan a otras épocas, y eso es un detalle muy tenido en cuenta a la hora de cerrar una operación”, señala Luis Spadafora, del Museo del Automóvil de la Ciudad de Buenos Aires.

En los últimos años, en paralelo al coleccionismo que privilegia la originalidad, se desarrolló con velocidad el tunning. Marcelo Gigliotti, presidente del Club Dodge, hace notar que “se está buscando volver a lo original en cuanto al interior y los detalles, pero en el motor y la chapa se realizan las mayores modificaciones”. Se trata de preservar los modelos, aunque dotados de una presencia más atractiva según los estándares de hoy y mayor rendimiento en carrera.

Pero, ¿qué criterios seguir para hacerse de un auto retro? En principio, cierta idea de los precios, aunque fluctúan casi tanto como los criterios para tasarlos. Debido a la carga afectiva, comprar un clásico suele generar resquemores durante el ?regateo?, ya que “no se puede pagar el valor sentimental”, según Spadafora.

También se debe atender a la posibilidad de acceder a los repuestos. Los expertos coinciden en que “hay autos que, regalados, son caros”. Jorge Bonomo, de la Agrupación Clásicos e Históricos del TC, considera que “hay que informarse donde se consiguen los repuestos” o visitar los anticuarios de piezas, conocidos como Autojumble.

Si se trata de autos de producción masiva, la mayoría de las veces la búsqueda resulta exitosa. Pero los autos de línea especial requieren de algún fabricante de piezas a medida, o la versatilidad para encargarlo al exterior vía encomienda.

Un detalle para no descuidar son los mecánicos especializados en autos de cierta longevidad. Si bien aumentaron, no son fáciles de ubicar aquellos que presten sus servicios de forma ecuánime. “Lo peor es caer en manos de un restaurador abusivo”, advierte Spadafora. “No siempre se recupera lo invertido”, concuerdan al unísono los entrevistados. Con excepción de la venta, son pocas las oportunidades para capitalizar el auto y hacerse de rédito alguno.

El precio de la pasión
Con todo, a pesar de los altos costos, cada vez son más los que se animan a pasar del sueño a la realidad. Es que para la pasión por los autos no hay barreras, y esto lo evidencia la cada vez mayor cantidad de personas que incursionan en el coleccionismo.

Si se desean vehículos de primera mitad de siglo, “el Ford A o el Ford T son modelos ideales para arrancar”, considera Rau. El coleccionista dice que la marca del óvalo es un buen comienzo para aquellos que recién se inician por la disponibilidad de piezas y precios.

Lo cierto es que el cepo al dólar paralizó algunas ventas y moderó los anhelos de ciertos amantes de los fierros. Según Daniel Roca, del Club Chevrolet, cada vez son más los que optan por una variante nacional cuando el tipo de cambio blue devuelve un poder de compra menor a los pesos ahorrados.

Para Bonomo, en cambio, “primero hay que nutrirse, encontrar bibliografía, y luego orientarse a través de los clubes de cada marca”. En la misma línea, Spadafora sostiene que las asociaciones reciben con brazos abiertos a los interesados en adquirir un modelo e, incluso, le facilitan contactos y asisten con consejos.

En la medida que pasa el tiempo, son más los involucrados en el ámbito de la conservación de vehículos, tanto por el culto a nuevos modelos (que suman más clubs de fanáticos) como por la difusión que la actividad mantiene. “El año entrante será mejor que el que pasó”, coinciden. Luego, restará al novato el modo de encarar el hobby. Muchos de los que entraron en órbita lo utilizan como terapia, ya que, como sintetiza uno de ellos, “es mejor gastar en repuestos que en remedios”. Se trata de una medicina no tradicional que va en aumento.

Comentarios

Ingresa tu comentario