Buenos Aires, 29/04/2017

Aumentan los casos de mal de Parkinson en menores de 50 años

Confirmaron en el Hospital de Clínicas de la UBA, la enfermedad ya no se asocia sólo con la vejez

(CABA) “Cada vez se ven más casos de Mal de Parkinson y trastornos asociados en menores de 50 años”, dice Federico Micheli, jefe del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas, que depende de la UBA. No hay estadísticas oficiales sobre el padecimiento. Pero en algunas ONG, como la Asociación Civil Enfermedad de Parkinson (Acepar), calculan que existen unos 90 mil pacientes. En esa organización, también señalan que es más frecuente detectar el mal a edades tempranas.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta enfermedad afecta a 1 de cada 100 personas mayores de 60 años. ¿Por qué aumentan los casos? Una línea experimental investiga si existen más diagnósticos por motivos ambientales. “Una de las hipótesis es que puede existir un factor tóxico ambiental que favorezca la enfermedad. De hecho, en ensayos con animales se ha demostrado que el MPTP, una sustancia tóxica, produce síntomas similares y las mismas lesiones cerebrales que el Parkinson”, amplía Micheli. El MPTP es una sustancia química que suele ser el resultado accidental durante la producción de algunas drogas, como la heroína. Pero no existen hasta el momento conclusiones científicas definitivas. “Hoy existen diagnósticos más precisos que pueden descubrir el deterioro neurológico a edades más tempranas que décadas atrás”, señalan desde Acepar. Esa razón es la más aceptada para explicar el aumento en los diagnósticos precoces.

Según los especialistas, el 15% de los pacientes diagnosticados con Parkinson tuvieron familiares con el mismo padecimiento, por lo cual incidió la herencia familiar. Al mismo tiempo, el 85% de quienes recibieron el diagnóstico no presenta esos antecedentes, aunque sí puede tener genes que resultan claves en el desarrollo de la enfermedad. Como no resulta claro qué dispara el padecimiento, tampoco existen terapias de prevención. El Parkinson es una enfermedad neuronal que progresivamente degenera el sistema nervioso central. “Por alguna razón, las neuronas se deterioran precozmente”, explica Micheli. Entre los síntomas se cuentan la rigidez muscular, lentitud en los movimientos y temblores de distinto tipo en el cuerpo. Pueden aparecer, también, alteraciones en el sueño y constipación. Cuando se dan varias de estas manifestaciones, la enfermedad ya pudo haber tenido un desarrollo previo (y silencioso) de 10 años. Además, existen otros síntomas, llamados cognitivos, que se manifiestan más temprano: desde dificultades leves en la fonación hasta cuadros de depresión aguda. El padecimiento dificulta la independencia de los pacientes. “Los más cercanos a la persona, su entorno, su familia y sus relaciones sociales se ven afectados”, dice Cristina Pecci, coordinadora del área de Calidad de Vida en el Programa de Parkinson del Clínicas. “La enfermedad tiene un impacto psicológico. Las limitaciones son progresivas así como es progresiva la enfermedad, por eso la persona necesita aprender a convivir con su mal, no a sufrir, sino a convivir”, describe.

En lo que tiene que ver con el tratamiento, Micheli explica: “Lo primero es que el paciente esté informado sobre su problema. El paso siguiente es discutir la necesidad o no de tratamiento, que no es curativo. Por último, se elige la medicación y la dosis”. La droga madre que se utiliza se llama levodopa y recupera los niveles de dopamina en el cerebro. Pero con el transcurso de los años, su eficacia decrece. La terapia se puede acompañar con disciplinas que estimulan la actividad motora, desde la kinesiología hasta la danza. Los especialistas creen que la actitud del paciente puede favorecer mejores resultados. Por eso, la contención emocional y psicológica también es fundamental. NT

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