Buenos Aires, 18/10/2017, edición Nº 1799

Así opera el ejercito narco de la Villa 1-11-14

Jorge Rodríguez, ex asesor del Ministro de seguridad, y Gustavo Vera explicaron como funciona el ejército de 300 soldados narco en la villa del Bajo Flores

(CABA) El ex asesor del Ministro de Seguridad Jorge Rodríguez denunció ayer la existencia de diez laboratorios de producción de clorhidrato de cocaína de máxima pureza en la villa 1-11-14 del Bajo Flores. De acuerdo al reporte que presentó junto al legislador porteño Gustavo Vera, la zona que definieron como “un territorio liberado” está custodiada por unos “300 hombres armados de nacionalidad peruana“.

El reporte es en realidad un compendio de los 235 informes que Rodríguez le presentó entre los primeros días de 2011 y agosto de 2013 a Garré, con información precisa y detallada sobre el narcotráfico en el Bajo Flores y sus vínculos con la policía. El ex asesor denunció que su jefa “no hizo absolutamente nada“, al igual que el juez federal Sebastián Ramos, a quien le presentó el resultado de sus investigaciones, que entre otras cosas, detallan cómo operan esos 300 hombres armados.

El 27 de diciembre de 2010, unos días antes de asumir, Rodríguez presentó una carta a Garré en la que adelantaba algunas cuestiones del trabajo que estaba por asumir. En el punto séptimo le explicaba cómo funciona el territorio liberado en la villa 1-11-14. “Se rigen por sus propios poderes y ‘leyes’, nadie ingresa en las mismas sin su autorización, tienen una estructura cuasi militar y operan ante la absoluta ausencia del Estado Nacional y del de la Ciudad. Existen ‘soldados’ y también “oficiales“, buena parte de los cuales habrían pertenecido a Sendero Luminoso e incluso algunos serían originarios de la Provincia (peruana) de Ayacucho, en la cual nació Sendero y se hizo fuerte en sus comienzos el profesor Abimael Guzmán Reinoso (el ‘Presidente Gonzalo’)” y jefe máximo del grupo terrorista.

El 9 de marzo de 2011, Rodríguez le envío a Garré su doceavo informe, el primero que hablaba de la villa del Bajo Flores. Entre otras cosas, explica los códigos que hay que conocer para poder comprar droga en la zona. “Pueden observarse ‘soldados’ peruanos -también llamados ‘perros’- en distintos retenes, que suelen preguntar ‘¿qué onda causa?’ y a veces en vez de ‘causa’ utilizan la palabra ‘papu’ (‘causa’ es un peruanismo bastante lumpen que significa algo así como ‘ladrón’ o ‘el que roba con uno’, en tanto ‘papu’ tiene que ver con ‘papá’ o ‘papi’). La respuesta correcta a esas preguntas debería ser ‘alto’ o ‘bajo’, que significan cocaína o paco, lo cual opera como una especie de contraseña“, repasa.

Más adelante, el mismo informe detalla: “A los compradores los ‘soldados’ hacen levantarle la remera o el buzo para ver que no porten armas -en general no suelen palpar al visitante salvo que les resulte muy sospechoso, como ha ocurrido conmigo- y se puede entrar caminando o en motos, en cuyo caso permiten de a una persona solamente, a marcha muy lenta y frenando en cada retén“.

En caso de llevar mochilas los compradores, los ‘soldados’ suelen revisarlas minuciosamente, ya que les preocupa sobremanera que puedan ser filmados. Por ese motivo suelen además exigir que se guarden los teléfonos celulares“, añade el informe.

En el reporte presentado ayer, Rodríguez cuenta que en una reunión con funcionarios del ministerio y de inteligencia explicó que en la villa del Bajo Flores hay “300 ‘soldados’ peruanos armados con FAL, AK 42 y AK 47” y que en los pasillos vio “peruanos con Uzi y mini Uzi“. Recuerda que lo miraron “con cara de asombro“.

Al respecto, el mismo informe del 9 de marzo de 2011 decía: “Los ‘soldados’ en general portan armas cortas en la cintura y a la vista, y sólo algunos llevan armas largas“. En otro pasaje, afirmaba: “No tenemos dudas además de que los ‘soldados’ apostados en algunas de las terrazas disponen de lanzamisiles RPG, conforme nos han informado varias fuentes peruanas, como también de granadas, y que sin dudas saben utilizarlas“.

Rodríguez relata que cuando le dijo a las autoridades de Gendarmería que los narcos tenían fusiles de asalto calibre 7.62, lo miraron “como un marciano, hasta que empezaron a encontrar cápsulas servidas o munición 7,62 completa en las calles o los pasillos internos, que los soldados peruanos les dejaban para amedrentarlos“.

En este punto, resulta llamativa la comparación que Rodríguez hace entre el equipamiento de los narcos y la Gendarmería. “Soy testigo de que los chalecos RB2 que tienen los gendarmes son atravesados por ese tipo de calibre con balas perforantes casi como si fueran de papel. Además, los gendarmes llevan escopetas 12.70 con postas de goma, un enfrentamiento contra fusiles 7.62 resulta una broma de mal gusto, tal como me cansé de informarle varias veces a la Ministra (Garré) por escrito“, comenta.

Los soldados suelen ser asistidos por “campanas“. Al respecto, detalla Rodríguez: “Buena parte de los ‘campanas’ también están armados, pero suelen ocultar sus pistolas o revólveres, intentando pasar mínimamente desapercibidos“. Y agrega: “Los ‘soldados’ y ‘campanas’ se comunican entre sí por timbres y también por Nextel”.

A su vez, también están los “oficiales“, una autoridad superior a los “soldados“. Sobre ellos, el informe del ex asesor de Garré revela que “según sus jerarquías, algunos tienen chalecos antibalas de los más costosos y suelen portar Uzis o Mini Uzis también a la vista (colgadas de sus cinturas o de sus hombros). Se los puede ver también entrando y saliendo tanto de las ‘cocinas’ eventuales como de las casas operativas“.

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