Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Así funcionaba la red de vendedores de inmigrantes chinos

Una causa que instruye la justicia federal revela cómo operaba la banda liderada por un ciudadano oriental que traficaba compatriotas y los vendía a supermercadistas. (CABA) El plan era llegar al país para reencontrarse con su novio y juntos trabajar en un restaurante familiar. Cuando se subió al avión que la llevaría de China a Paraguay, Xiao Yong Qing conoció a sus compatriotas Zhuang Meiling y Yu Hong Lin. Los...

Una causa que instruye la justicia federal revela cómo operaba la banda liderada por un ciudadano oriental que traficaba compatriotas y los vendía a supermercadistas.

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(CABA) El plan era llegar al país para reencontrarse con su novio y juntos trabajar en un restaurante familiar. Cuando se subió al avión que la llevaría de China a Paraguay, Xiao Yong Qing conoció a sus compatriotas Zhuang Meiling y Yu Hong Lin. Los tres no sólo fueron compañeros de vuelo. Descubrieron que habían contratado, sin conocerlo personalmente, al mismo gestor que debía encargarse de tramitar sus ingresos en la Argentina. No sabía que habían caído en un trampa.

El largo viaje se transformó en una odisea y los tres pasajeros fueron capturados por una organización criminal que se dedicaba a ingresar en la Argentina, por pasos fronterizos ilegales, a ciudadanos chinos para después venderlos a supermercadistas orientales, tal como lo informó.

El presunto jefe de la banda era Jian Wen Lin, alias “Lucas”. Era quien, para los investigadores judiciales, tomaba las decisiones: se reunía con las personas que recibían a los “paquetes” (como denominaban a las víctimas) y coordinaba cómo debía ser la entrega del dinero.

Así lo sostuvo el juez federal Sergio Torres en la resolución por la cual procesó con prisión preventiva a Wen Lin y a otros sospechosos, identificados como Félix Encina, alias “Juan”; Raúl Martínez, conocido por sus apodos de “Chucky” o “Betum”, y José Luis Blanco, “el Viejo”. Los cuatro fueron acusados de integrar una asociación ilícita.

“[Los acusados] actuaron agrupadamente y, sobre todo, planeaban actuar en un futuro reiteradamente, en un número indeterminado de oportunidades, con objeto de concertar ingresos de extranjeros en el país, trasladarlos a través de las fronteras con países limítrofes, recibirlos de este lado del límite interjurisdiccional, transportarlos hasta esta ciudad y el conurbano, y «entregarlos» en locales comerciales, donde sus titulares actuarían como receptores. Todo ello, vale agregar, en un contexto que involucra una transacción económica y el intercambio de altas sumas de dinero”, afirmó Torres en la resolución.

A los delincuentes algo no les salió como habían planeado y el ingreso ilegal en la Argentina de Yong Qing, Meiling y Hong Lin fue descubierto en Chaco, por la Dirección Nacional de Migraciones y quedaron detenidos. Para conseguir la libertad ambulatoria, según el expediente judicial, debieron pagar una multa de 15.000 pesos por cada uno.

Después de ser liberados de su retención migratoria, un ciudadano chino, que se presentó como familiar y, ahora, se sospecha que era otro eslabón de la organización criminal, subió a Yong Qing, Meiling y Hong Lin en el interno 96 de la empresa Águila Dorada Bis con destino a Retiro.

Pero la odisea no había terminado. Cuando el ómnibus hizo una parada en el Talar de Pacheco, los tres ciudadanos chinos fueron capturados por la fuerza y obligados a subir a unos automóviles. Se sospecha que, una vez en la ciudad de Buenos Aires, estuvieron cautivos en un taller textil.

La organización criminal, desbaratada por la División Antisecuestros de la Policía Federal, quedó al descubierto porque el novio de Yong Qing, identificado por fuentes judiciales como Yang Gou Feng, se presentó en una comisaría porteña para denunciar que su novia estaba secuestrada y que, por su liberación, los captores le exigían 30.000 dólares.

Al padre de Zhuang Meiling también lo llamaron y le exigieron una suma similar para liberar a su hija y a su yerno. Las tres víctimas fueron liberadas, pero aún no se pudo descubrir si se pagó rescate.

Sí el juez Torres, su secretario Pablo Yadarola, el fiscal federal Carlos Stornelli y la División Antisecuestros de la Policía Federal pudieron determinar que en el supermercado de “Lucas” Wen Lin, en Carhué 186, en Mataderos, se ocultaban los “paquetes” hasta ser vendidos.

En su resolución, el magistrado afirmó que “Lucas” era el jefe de la organización, y sobre los demás sospechosos afirmó: “Sus funciones puntuales han sido distribuidas en conducir vehículos, acompañar a las personas ingresadas en el país en sus viajes mediante transportes de larga distancia, concretar pagos, realizar entregas de dinero por las operaciones, recibir y dar instrucciones”.

Según la investigación, “los indagados conformaron una organización involucrada en una pluralidad indeterminada de delitos, todos ellos consistentes o al menos adyacentes al ingreso irregular de personas de origen extranjero, involucrando además el manejo de altas sumas de dinero a modo de contraprestación”.

Fuente consultada: La Nación

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