Buenos Aires, 20/10/2017, edición Nº 1801

Artistas callejeros: Ya son más de 2000 los que actúan a la gorra

Según la entidad que los agrupa, el número casi se duplicó; bailarines, músicos y malabaristas recorren zonas turísticas y barrios; reclaman una regulación que los proteja

(CABA) Cada vez son más los bailarines, músicos, clowns, malabaristas y estatuas vivientes que actúan en subtes, plazas y calles de la ciudad. En total, son unos 2000 artistas a la gorra los que siguen en Buenos Aires la tendencia mundial de grandes capitales, en las que es habitual que la gente disfrute de espectáculos gratuitos.

Según el Frente de Artistas Ambulantes Organizados (FAAO), el número de involucrados en el circuito prácticamente se duplicó: pasaron de ser unos 1250 durante los últimos años a más de 2000 en la actualidad. “La gente que se reúne en círculo alrededor nuestro se relaja, se descomprime. El mejor regalo es que nos brinden su sonrisa”, comentó Alejandro Cabrera, saxofonista de Jamaicaderos y presidente de la organización que agrupa a los artistas callejeros.

“Ellos alegran la ciudad. Cuando salgo del banco para almorzar, me quedo un rato escuchándolos”, dijo Fernanda Estévez, fan de La Roma Jazz, un grupo de mendocinos que toca en la peatonal Florida. “Les doy dinero para ayudarlos y para que sigan actuando acá”, aseguró.

Por lo general, estos artistas son jóvenes, llegan de diferentes puntos del país y hacen del arte urbano su único medio de subsistencia o lo utilizan para pagar los estudios. Algunos poseen instrumentos, pero otros se las arreglan como pueden: por ejemplo, dos enormes tachos de pintura invertidos pueden servir como tambores de batería. Sebastián Zoppi, que hace música con baldes en la city, fue descubierto por el ex Pink Floyd Roger Waters, quien lo sumó a uno de sus recitales en River, le regaló una batería y lo llevó de gira por Europa.

Para la mayoría de los vecinos y comerciantes, los artistas que pasan el sombrero son un atractivo que le imprime color y alegría a la ciudad. Sin embargo, algunos se quejan, especialmente cuando suena la música a volumen alto. Para Cabrera, el problema es que las actuales leyes no son lo suficientemente claras: “El decreto 1239/93 permite actividades artísticas en plazas y paseos porteños, siempre que no produzcan deterioros en los espacios que utilicen. Pero esto choca con la ley 1540, que delimita los máximos de vibraciones permitidas y las áreas de sensibilidad acústica”. En esta norma se suelen basar las autoridades para imponerles contravenciones; Cabrera acumula 62. Pero, aseguró, el público es tan fiel que hasta los turistas lo defendieron cuando la policía lo echó con su saxofón de la plaza.

En rigor, el arte a la gorra no está prohibido en la Capital, aunque tampoco está permitido. Según el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, “se está trabajando junto con la Legislatura en la evaluación de proyectos” regulatorios. El Frente de Artistas Ambulantes indicó que el diputado Pablo Ferreyra ingresó la semana pasada un proyecto impulsado por ellos. El texto prevé que deben respetar el nivel de ruido máximo establecido por la ley 1540 y no pueden obstruir la libre circulación de personas ni el acceso a comercios; también, que sus pertenencias no pueden ser decomisadas ni retenidas. NT

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