Buenos Aires, 26/05/2017

Un artista que transforma con la mirada las ruinas de la Ciudad

Entrevista a Jorge Pastorino. Luego de trabajar en Italia, prepara intervenir con luces las fachadas y el Puente de La Boca

(CABA) Del puente Avellaneda al Valle de la Luna: “Transformar la mirada tradicional sobre un patrimonio a través de la tecnología que está a nuestro alcance”. Así define el experto en iluminación y artista contemporáneo Jorge Pastorino su trabajo con la luz, el que por estos días lo tiene concentrado en las fachadas del barrio de La Boca, y que hace pocos días lo llevó a inaugurar una intervención lumínica de ensueño sobre las ruinas de los antiguos templos romanos de Paestum, en Italia. “Empecé esta búsqueda en La Boca, de chico venía y siempre fue para mí un lugar muy atractivo. Me pareció genial empezar a buscarle una luz particular, miradas diferentes a las tradicionales. La Boca es muy representativa de toda una cultura y mostrar el puente de una manera distinta es hacer que la gente lo vea de una manera distinta, que entienda que ese puente es nuestro, no es cualquier puente. El artista tiene la necesidad de atacar el espíritu público, y mostrarle lo que no se ve es una forma de atacarlo. En Paestum pasó algo muy particular que es que pasear de noche por las ruinas es una sensación muy extraña, que nos saca de la mirada particular que uno tiene cuando camina por esos espacios. Es absolutamente distinto, tiene su impacto”.

–Ahora que estamos veinticuatro horas expuestos a la luz de diversas pantallas: ¿es más efectiva la luz para interpelar a la gente?

–Es más eficaz. También estamos más preparados para ver que algo que admiramos desde hace siglos se transforme a través de la luz. Hace veinte años (no mil, veinte) hubiera sido mucho más agresivo. También la evolución de la tecnología de la luz me permite intervenir de una manera que antes no me permitía, dibujar con luz sobre cualquier superficie. Al final de la cuenta no deja de ser un marco, con una tela y pinceles. Mi marco será Paestum y mis pinceles los leds. Y después la gente circulará por ese espacio.

–¿Cómo es la luz y la iluminación de una ciudad como Buenos Aires?

–Buenos Aires fue vanguardia en Latinoamérica en el tema de iluminación en arquitectura en los años ‘70, ‘80 y ‘90. Después nos hemos ido quedando afuera… no es menor nuestro desarrollo, lo que pasa es que cuando tenés un acceso limitado a la tecnología, la luz es más difícil de manejar. Colombia y Perú han crecido mucho, Brasil tiene un festival del “mapping”, hay mucha gente trabajando en eso. Hay muchos diseños muy interesantes en vía pública y fachadas que en Buenos Aires todavía no se ven. Acá es muy difícil que nuestro sentido estético acepte eso. Si mañana viéramos un edificio de veinte pisos con una pantalla con formas de luz habría muchas críticas.

–¿Cuál es la implicancia de la sombra en el trabajo con la luz?

–Básico: si no hay sombra no hay luz. Es muy importante la sombra en la vida cotidiana. Para vivir la sombra nosotros tenemos que trasladarnos fuera de la urbe o meternos dentro de un museo que nos proponga eso y es dañino, nos quita una posibilidad de reconocimiento. Es verdad que empiezan a aparecer zonas como Belgrano R donde (independientemente del tema de la inseguridad) se empiezan a trabajar las sombras. La sombra no es algo tenebroso, es el descanso.

–¿Es más complejo trabajar plásticamente la luz en un contexto iluminado?

–Sí. Tenés que empezar a negociar con los medios lumínicos que te están molestando. Esa es la belleza de meterte en un medio como Paestum o el Valle de la Luna: la luz la manejás vos, la noche es tuya. Pero bueno, también es una realidad contemporánea, la luz hace falta, y a veces sobra. Depende de nuestra conciencia. Si nosotros ponemos una luz blanca a la entrada de nuestra casa y al tipo que pasa le pega en el ojo, estás tomando una decisión. Acá la idea es trabajar la sustentabilidad de cada instalación. Trabajé en un proyecto en el Lago Titicaca, para un hotel y el gerente estaba muy preocupado porque habían colocado unos enormes artefactos de cuarzo para ver el lago de noche, con lo cual, de ese lado del hotel, no había más aves. El gerente no podía dejar el lago a oscuras, pero tampoco podía generar eso en los pájaros. Hay que entender cómo funcionan la flora y la fauna y cómo funciona tu propuesta. Y tu necesidad.

–No se puede ser ingenuo con la luz, entonces.

–No. Pienso que en general en la propuesta del arte contemporáneo no se puede. (O no se debería).

S.C.

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