Buenos Aires, 20/11/2017, edición Nº 1832

En ArteBA Leandro Erlich presenta “Ascensores”

Quien se encargó de "decapitar" al Obelisco, presenta hasta el domingo esta particular instalación

(CABA) Pocos objetos más usuales y corrientes para los porteños que los ascensores. La rutina (que es capaz de deglutir todo hasta la desaparición) ha hecho de estos espacios, umbrales fundamentales para el acceso a casi todos los lugares en los que nuestras vidas trascurren, una suerte de caja de tiempo muerto. Sintomática de esta situación es la típica expresión “charla de ascensor” con la que muchas veces definimos diálogos triviales que tienen como objetivo eludir la incomodidad que los silencios y los momentos ociosos, entre tanto ruido y furia, nos provocan.

A Leandro Erlich (Buenos Aires, 1973) le encanta jugar este tipo de juegos: abrir boquetes en las realidades grises de los espacios, por donde la imaginación pueda fugarse. Y si hace pocos meses este joven artista se dio el peculiar lujo de decapitar por un rato el Obelisco para ponerlo al ras del suelo con su proyecto, presentado en la explanada del Malba, La democracia del símbolo (mediante el cual los espectadores podían ingresar a la punta del monumento y recrear, a través de un sistema de cámaras, la sensación de estar un instante en la cima de la metrópoli), ahora le llegó el turno de jugar a los Ascensores, nombre de la instalación que presenta hasta este domingo en el Barrio Joven Chandon de la feria arteBA.

La instalación consiste en un cubo con seis ascensores (de los herméticos de metal) abiertos y solos –libres de edificio– en los cuales el espectador ingresa y, lejos de toparse con su propia imagen reflejada en el espejo, se encuentra con alguien más: otro espectador lo mira de frente. Entonces puede no haber cristal que le devuelva sus propios rasgos, pero sí otra cara que probablemente proyecte su mismo gesto de asombro. Un poco a la manera de los magos, Erlich lleva a cabo mediante una construcción sencilla (casi un gesto) una operación sorprendente.

“Era una asignatura pendiente mostrar esta obra –ya presentada en Estados Unidos y Japón– en Buenos Aires” comenta entre el bullicio de la gente que sube y baja de los ascensores quietos. “Y en el marco de la feria necesitaba una obra particular”. Como todas las obras de Erlich, Ascensores es una experiencia vivencial en la cual –a diferencia de la obra de otros ilusionistas– el descubrimiento de los mecanismos de encantamiento no neutraliza el efecto que ésta nos produce. NT

 

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