Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

ARGRA editó tres nuevos libros de fotografía argentina

Los libros buscan que las fotos sigan siendo un espacio contra el olvido. Uno de ellos registra una intervención con fotos tomadas en diciembre de 2001 de los mismos espacios públicos en donde ocurrieron los hechos (CABA) “Las fotografías periodísticas tienen un rol imprescindible en su carácter de huellas del pasado, sobreviven a muchas crónicas que se olvidan con el diario del día siguiente y pasan a formar parte de...

Los libros buscan que las fotos sigan siendo un espacio contra el olvido. Uno de ellos registra una intervención con fotos tomadas en diciembre de 2001 de los mismos espacios públicos en donde ocurrieron los hechos

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(CABA) “Las fotografías periodísticas tienen un rol imprescindible en su carácter de huellas del pasado, sobreviven a muchas crónicas que se olvidan con el diario del día siguiente y pasan a formar parte de la memoria social“, afirma la investigadora Julieta Casini en la introducción de 19 y 20 diez años. Fotoperiodismo en la calle. Se trata del primero de los tres libros publicados por la Fototeca de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (aRGra). 19 y 20 registra una doble acción: por un lado, las fotos tomadas en esos días de incendio y estallido social y, de manera paralela, la intervención realizada en espacios públicos como la Plaza de Mayo o las escalinatas del Congreso Nacional, diez años después. El segundo libro de la colección es Archivo 21. Recuperación y puesta en valor que registra el trabajo realizado por la Fototeca de aRGra para preservar miles de rollos de película fotográfica pertenecientes a la Revista 21 que habían sido arrojados a la basura. El tercero contiene las imágenes que el fotorreportero Pablo Zuccheri registró durante el Tercer Encuentro Nacional de la organización HIJOS en Tucumán en octubre de 1998. En ese momento –donde el pedido de memoria, verdad y justicia era sostenido por unos pocos frente a un Estado que implantaba el olvido como única política– los escraches se transformaron en una herramienta para visibilizar a los represores y enfatizar también la complicidad estatal. El fotógrafo falleció de manera inesperada al año siguiente.

La idea de los libros surgió el año pasado. Durante la muestra anual de aRGra que hicimos en el Palais de Glace, también mostramos el trabajo para poner en valor el archivo de la Revista 21. En ese contexto, decidimos hacer un libro con ese material y finalmente, iniciar una colección“, explica Diego Sanstede, coordinador de ese archivo. El fotógrafo está a cargo de la colección junto a Ezequiel Torres, Constanza Niscovolos, Leo Vaca y Daniel Vides. Además, Sanstede comenta que la fototeca comenzó su trabajo de preservación en abril de 2013 y que actualmente cuenta con un espacio propio en el Archivo Nacional de la Memoria que funciona en la ex ESMA, a través de un acuerdo establecido con la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Los integrantes del equipo de trabajo -que incluye, entre otros, a estudiantes de fotoperiodismo de aRGra y escuela de Conservación del Instituto Nacional de Arte (IUNA)– se encuentran abocados al rescate de 17 mil rollos de película fotográfica tomados entre 1998 y 2006, que aparecieron tirados en la calle. En estos rollos hay material de la vida cultural y política de esos años.

A partir de allí, surgieron los otros dos libros. Vaca escribió el prólogo de Pablo Zuccheri. Fotografías luego de encontrarse casualmente con las fotos de su compañero de trabajo en el estudio de Sanstede. En ese texto afirma que aunque hayan pasado los años, esas imágenes “siguen dándonos sus golpes de luz“. Las fotos registran el escrache de HIJOS que terminó con la ciudad sitiada con fuerzas policiales de Salta, Santiago del Estero y Tucumán, según le contó Raquel Robles a Vaca. “Los compañeros, que eran unos 1000, para evitar la confrontación frente a la gobernación, terminaron en el parque que había sido rebautizado por el flamante gobernador Bussi y sacaron el cartel ‘Parque Operativo Independencia’ y dejaron uno nuevo: Parque de la Memoria“, escribió Vaca. Y agregó: “Quince años después de las fotos (…) intervenidas por los hongos y la humedad, tienen la potencia de la memoria que se resiste al olvido.

Esto mismo subraya Sandstede en relación con el trabajo hecho por más de sesenta fotógrafos cuando se cumplieron los diez años de la crisis que explotó en diciembre de 2001. “La fotografía es una forma de memoria social y de ahí la importancia de que los medios gráficos preserven los archivos. Cuando salimos a la calle, a veces advertimos que estamos ante hechos que probablemente sean relevantes en términos sociales o políticos y obviamente, sabíamos que era el caso de lo que ocurría en los días de diciembre. Por eso cuando se cumplieron diez años de ese momento, aRGra hizo una convocatoria y un comité seleccionó material de sesenta fotógrafos. Algunas de esas fotos habían aparecido en medios y otras, no“, contó.

Con esas fotos se realizaron gigantografías que se exhibieron en el mismo lugar donde habían sucedido las corridas, las balas, la represión, los incendios; es decir, la calle. Esta intervención –que duró una semana– se extendió entre la Casa Rosada y el Congreso de la Nación. “Cuando decimos ‘en el mismo lugar’ es literal. Entonces, por ejemplo, pusimos la gigantografía del hombre baleado en la escalinata del Congreso allí mismo. Pusimos las fotos de las Madres amenazadas por la policía exactamente en el mismo lugar“, dice Sanstede. El resultado fue inquietante porque si bien por un lado trazaba una distancia abismal entre el pasado y el presente, a la vez congelaba el instante. No casualmente, una consigna que aRGra usó para esta intervención fue: “El verdadero contenido de la fotografía es invisible. Se deriva de la relación con el tiempo.“.

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