Buenos Aires, 24/09/2017, edición Nº 1775

Apellidos impronunciables, el drama de sobrellevarlo

Casi todos conocemos a alguien con algún nombre o apellido extraño, pero el caso de Flor Vrljicak es muy raro. La joven arma un revuelo cada vez que tiene que deletrearlo. Después, enseñar cómo se pronuncia, “Verlichac”, y responder de qué origen es: croata. Por último, dar una larga explicación de cómo impacta en su psicología ser portadora de un apellido que, al menos en la Argentina, resulta difícil de...

Casi todos conocemos a alguien con algún nombre o apellido extraño, pero el caso de Flor Vrljicak es muy raro. La joven arma un revuelo cada vez que tiene que deletrearlo. Después, enseñar cómo se pronuncia, “Verlichac”, y responder de qué origen es: croata. Por último, dar una larga explicación de cómo impacta en su psicología ser portadora de un apellido que, al menos en la Argentina, resulta difícil de pronunciar.La situación más desopilante la vivió hace algunos meses en una agencia de viajes. Le pidieron el nombre completo, empezó a deletrearlo y entonces…: “No, señora, no necesito su código de reserva, sólo su apellido”, algo gracioso pero a la vez insólito.

Explica, somos una colectividad de inmigrantes. Se estima que a principios del siglo pasado llegaron unos 4,2 millones de personas de todo el mundo, en su mayoría de Italia, España y Francia. Las guerras trajeron también alemanes, polacos, armenios, checos, árabes y algunas mas, explico. Eso significa que en el país viven miles de personas a las que la ortografía castellana no les hizo justicia.

Nils Ljungmann, es otro portador de un apellido muy peculiar, que tiene 19 años y estudia abogacía. Nos cuenta de como cuando dice su nombre, terminan llamándolo de otra manera. Por eso, a veces dice que se llama “Luis Guzmán”, que suena más o menos parecido. O como Darío Sztajnszrajber, a quien su exposición mediática lo rebautizó “el filósofo de apellido impronunciable”. Tanto que decidió incluir en la minibiografía de su cuenta de Twitter una explicación poco usual: “Mi apellido se pronuncia shtain-shraiber”.

La legislación porteña, permite cambiar el apellido para acercarlo a la fonética española, es algo común que haya personas que “argentinicen” su apelativo. así como la simplificación que sufrió Adrián Kirzner Schwartz para llamarse Adrián Suar, aunque en su caso el cambio fue sólo en el nombre artístico. Igualmente, no se han registrado casos de personas que hayan usado el recurso legal. Tal vez porque en la mayoría de los casos el apellido difícil se convirtió en una marca personal que hay que aprender a llevar.

Además algo para tener en cuenta que los millones de inmigrantes que llegaron al país tuvieron que hacerse de abajo. Y en muchos casos perdieron hasta su apellido. La mala voluntad o el escaso conocimiento de otras lenguas de los empleados de migraciones de la época acabaron por cambiarles la identidad a cientos de miles de familias. Sobre todo, cuando venían de países en los que se usaba otro abecedario. Por eso, por más difícil de pronunciar que sea, la mayoría de las personas con apellidos “complicados” no se lo cambiarían por una versión simplificada.

Si el apellido de sus abuelos sobrevivió a la mala gana de los funcionarios de migraciones, no van a ser ellos los que lo mutilen o simplifiquen su historia. 

Aparte de estos apellidos, hay muchos casos más como el de Diana Guenzugutchekian, nieta de Elías, un sobreviviente del genocidio armenio o la de Florencia Abd  que desciende de familia árabe. Su apellido significa “servidor”. Pero casi nadie lo pronuncia bien. Le dicen “abedé”, como si fuera una sigla. “Una vez en la facultad, al tomar lista, un profesor se enojó y a los gritos reclamaba que quién había anotado su nombre con siglas”, cuenta.

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