Buenos Aires, 11/12/2017, edición Nº 1853

Ansiedad: un trastorno peligrosamente común

Cada vez son más frecuentes las enfermedades nerviosas relacionadas con el estrés laboral. El Trastorno de Ansiedad Generalizado ya afecta a un 50% de la población argentina. ¿Cuáles son las opciones para combatirlo? (CABA) Que la mente deje de pensar sería como pedirle al corazón que deje de latir. Pensar es la función que nos define como homo sapiens, la que nos permite reflexionar, actuar, intelectualizar. Sin embargo, muchas veces...

Cada vez son más frecuentes las enfermedades nerviosas relacionadas con el estrés laboral. El Trastorno de Ansiedad Generalizado ya afecta a un 50% de la población argentina. ¿Cuáles son las opciones para combatirlo?

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(CABA) Que la mente deje de pensar sería como pedirle al corazón que deje de latir. Pensar es la función que nos define como homo sapiens, la que nos permite reflexionar, actuar, intelectualizar. Sin embargo, muchas veces pensamos sin control, la cabeza no para, se vuelve una tortura, nuestro peor enemigo. A veces hay razones concretas: problemas laborales, presiones económicas, enfermedades. Otras, no hay una causa específica; sin embargo, nuestra cabeza “rumia” y no nos deja dormir, ni descansar, ni ponernos contentos por nada. Nos enferma.

La mayoría de las personas conoce bien de qué se trata la ansiedad, y uno de sus síntomas más frecuentes es pensar, pensar, pensar. Darle vueltas al asunto, revisar una y otra vez la misma situación, una trampa sin salida atemorizante y amenazadora. Pero pensar no es reflexionar.

Las personas que sufren de esta situación se sienten cansadas, sufren de insomnio, dolores articulares y contracturas, temblores, miedos, palpitaciones y, en casos agudos, ataques de pánico. La ciencia le puso un nombre: TAG o Trastorno de Ansiedad Generalizada. Distintas disciplinas abordan su tratamiento desde varios enfoques.
La psicoanalista de la Fundación Estímulos, Cristina Canen (MN 8457), explica: “Cuando la cabeza no puede parar, repite una serie de pensamientos que, si bien portan diferentes trajes, siempre visten el mismo esqueleto. Conforman algo así como un bloque de palabras que no permiten ninguna grieta para la interrogación. Pensamientos que no logran anclar y dar paso a otro nuevo, sino que se compactan en la cabeza; aunque paradójicamente, la sensación sea la de un movimiento sin freno. La cabeza no para y luego de recorrer horas de insomnio vuelve a rehacer el mismo camino sin que la sopa de letras cambie el menú. Como el reflujo en los bebés, arranca una y otra vez.

Gabriela Martínez Castro es psicóloga y especialista en TAG (MN 18627), dirige el Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad (CEETA). Desde su perspectiva, “cuando la ansiedad supera los límites normales, comienza a ser un problema. El Trastorno por Ansiedad Generalizada afecta a más del 50% de los argentinos y en particular a los porteños; y la característica esencial es que tienen una preocupación excesiva. Quizás comprenden que algunas cuestiones no son para tanto, pero lo que no logran es controlar la preocupación. Todo esto va acompañado con sintomatologías físicas como sudoración, taquicardia, temblores, hasta en casos más graves sufren ataques de pánico. Lo que sucede es que esta gente no puede dejar de anticiparse y pensar negativamente sobre hechos que todavía están por suceder. Esto tiene recuperación con una terapia específica que se llama “cognitivo conductual“: es una terapia no convencional, se focaliza en el problema, es directiva, con tareas para hacer dentro y fuera de las sesiones y por supuesto, el tiempo de duración depende de la participación y el compromiso de cada paciente. Algunas de las tareas consisten en dimensionar en términos de probabilidad qué porcentaje hay de que algo malo suceda o no. Lo que vemos que se repite permanentemente es que las personas que sufren de este trastorno invierten los porcentajes. Pretenden tener el control total, pero eso es una utopía. En general, en el 98% de los casos que trato, lo peor que suponían que iba a pasar nunca sucede. En el tratamiento, lo que proponemos entre otras estrategias, es un stop del pensamiento. Es decir, parar el pensamiento de forma voluntaria y colocar en su lugar, con la mente en blanco, tres temas distractores, donde la cabeza tiene que estar elaborando algo, produciendo un pensamiento nuevo. No pueden ser imágenes ni recuerdos, puede ser la planificación de un viaje, la redecoración de una casa. Esto se entrena y la persona tiene herramientas para salir del pensamiento negativo.

Las observaciones de la medicina oriental

Patricia María Bell dirige el Centro Armonía. Es naturópata, profesora de shiatsu, digitopuntura china y reflexología, terapeuta floral Bach, instructora de yoga, profesora en matemática y cosmografía. Desde hace muchos años se dedica al estudio y práctica de estas disciplinas.

Para las culturas orientales, el hombre está parado entre el cielo y la tierra, al igual que un árbol: los pies son las raíces, las piernas el tronco, los brazos las ramas, las manos las hojas y el rostro es la flor. Estamos permeados por las fuerzas de la tierra y del cielo. Esas electricidades cósmicas y telúricas nos impregnan. Circulan por nuestro cuerpo a través de canales que en Occidente conocemos como meridianos. Vivir en una gran ciudad, donde tenemos estímulos todo el tiempo, hace que muchas veces no respetemos los ciclos naturales y eso genera desequilibrio. Con respecto a no poder parar el pensamiento, hay una frase de los chinos, muy sintética, que dice que una persona está saludable cuando tiene la cabeza fría y los pies calientes. Si eso no sucede, es como un árbol que no tiene raíces, tambalea.

La preocupación excesiva hace trabajar más el estómago (solemos decir “tengo un nudo, o acidez, o úlcera”). Y ante esos síntomas, los médicos, en el mejor de los casos, antes de medicar, responden: “Usted piensa demasiado, está muy preocupado, salga a caminar, distráigase.

Al mismo tiempo, está el fuego del corazón, que puede contener alegría o angustia, ansiedad, desasosiego. También el hígado, que es un gran órgano metabolizador; con la cólera, el exagerado impulso, etcétera, genera calor. Cuando hay desequilibrio, ese fuego que viene del estómago, del corazón y del hígado busca salir hacia arriba y va hacia la cabeza que actúa como si fuera una chimenea. ¿Cómo se manifiesta?

Desde la diagnosis oriental, el estómago en los labios y dientes superiores, el corazón en la lengua y la nariz, el hígado en los ojos, el riñón en los oídos. Los meridianos suben y bajan de la cabeza, como el cuello es angosto y también sujeto a muchas tensiones por las malas posturas, actividades intelectuales o emociones, esa “electricidad” de los meridianos en desequilibrio produce un efecto parecido a cuando enchufamos varios aparatos de un tomacorriente y se “recalientan” los cables. Esto afecta a la cabeza, que es la “computadora central”, y se manifiesta a través de síntomas o dolencias. Para aliviarlos, dice Bell, “enseño en mis talleres el autoshiatsu: shi significa dedo y atsu es presión. Se aplica digitopresión en líneas de puntos específicos, los meridianos, y se utiliza para descomprimir el cuerpo en general y restaurar la energía. La terapéutica oriental implica tratar todo el cuerpo en su integridad, pero en este caso focalizamos en la cabeza.” Nosotros tenemos varias zonas del cuerpo donde se refleja el estado del organismo completo. Esto es porque debajo de la piel tenemos corpúsculos sensoriales que registran frío, calor, tacto superficial y profundo, hay zonas del cuerpo donde hay mayor cantidad de sensores: las tres principales son el rostro, los pies y las manos. “Aquí volvemos al tema de los pies calientes y la cabeza fría como símbolo de salud. Este automasaje shiatsu o maniobras de digitopresión ayuda a aplacar el estrés y aliviar dolores y contracturas, en este caso, desde la cabeza, actúan en beneficio de todo el organismo“, cierra Bell.

En un trabajo realizado por la consultora D’Alessio IROL, que luego continuó la Sociedad de Medicina del Trabajo de la Provincia de Buenos Aires y se publicó en julio de 2013, sobre 500 personas, el 80% de los trabajadores del país dijo padecer estrés laboral, mientras que la mitad reveló padecer estrés frecuente, diario o semanal. Mara Diz, psicóloga especializada en clínica laboral, brinda talleres de calidad de vida y manejo del estrés. “Cada vez más, vemos gente que no puede dejar de pensar ni manejar las presiones laborales, tienen problemas de relación y dificultades para dormir.

El estrés es primo hermano de la ansiedad, porque ambos se disparan frente a una amenaza, real o no. La mente no distingue si es realidad o fantasía, el cuerpo responde como si fuera cierta. En un mundo donde cada vez hay más presión, controlar las variantes que se nos presentan se vuelve muy difícil. Las empresas se fusionan, la gente cambia de trabajo, debe aprender y capacitarse muchísimo para mantenerse en el puesto, la competencia es enorme. El tiempo se vive como compactado y veloz, prima la sensación de urgencia. El ansioso se siente arriado en un ritmo vertiginoso y esta sociedad estimula el trastorno de ansiedad.

Como regla general, al ansioso se le disparó el acelerador y perdió de vista el freno, es el que aprieta cinco veces el botón del ascensor, el que mira el celular todo el tiempo a ver si le llegó un mail o un mensaje. No hay lugar para reflexionar.

El ansioso es alguien que no sabe qué hacer con el vacío. No se puede relajar, está siempre alerta, por eso tienden a ser personas con pensamientos catastróficos.

Las alternativas para superar este trastorno, según Diz, residen en desafiar esas creencias. “No se logró un objetivo en la empresa, bueno… ¿tan grave es? El cerebro, frente al estrés, responde como si estuviera amenazado por una cuestión de supervivencia, pero no todo el tiempo te va a comer el león.

La primera estrategia es poner en perspectiva, evaluar la situación en el tiempo. El 99% de las cosas no tienen la importancia que les damos. El ansioso no puede ver el presente, siempre está pensando para adelante, por eso no se banca meditar o relajarse, no sabe cómo comportarse.

En el mundo laboral los ansiosos son los que hacen carrera, con un costo personal alto, pueden tener un infarto antes de los 40 años. Viven para ayer y les piden a los demás que también lo hagan. “Los síntomas más habituales que encuentro son: contracturas musculares, problemas gástricos, insomnio“, señala Diz.

Cuando tenés el 25% de tu población empresarial con problemas de este tipo, tenés un problema serio. Esto significa que tenés gente que no durmió, que está irritable y eso eleva los niveles de accidentes. Los síntomas psicológicos son que sienten que nunca van a llegar a cumplir con todo el trabajo, no pueden tener un momento de ocio, extrañan el trabajo, pierden la paciencia, creen que tendrían que tomar ansiolíticos o sufren de bloqueo mental. Y piensan, piensan, piensan. El taller permite darles las herramientas para que entiendan que pueden parar, que ellos pueden hacer algo.” «

Prácticas para realizar desde el hogar:

Patricia Bell dictó en varias oportunidades en el Jardín Japonés un Taller de Autoshiatsu en cuello, cabeza y rostro. Aquí enseña cuestiones básicas:

?Cómo y dónde presionar: Cuando se presiona un punto de un meridiano se debe apoyar los dedos y aplastar como cuando se deja una huella digital. Al retirar, ya con este leve apoyo se activa la circulación en la zona, se oxigenan los tejidos.

?Metodología: Cada punto se presiona tres veces, en tres tiempos, siempre sobre el canal energético. A continuación se detallan algunos de los puntos básicos para tratar de aliviar la cabeza.

?El punto del entrecejo: con los dedos índices presione el punto en la raíz de la ceja y al costado del hueso de la nariz. Estire la piel hacia el entrecejo y desplace los dedos por la frente.

?El punto de la nuca: “es el que está justo en el huequito del pliegue que se acentúa cuando llevamos la cabeza un poco hacia atrás, entre la cabeza y el cuello, se llama “Vaso-gobernador 16” o “Puerta del Viento”. Con los dos dedos medios superpuestos, ligeramente la cabeza para atrás, haga una presión en este punto con la yema del dedo medio, en dirección al entrecejo. Retenga cinco segundos y repita de tres a cinco veces.

?En la coronilla: En el tope de la cabeza, siguiendo la línea que surge desde la parte más alta de las orejas, cuando se cruza con la línea central del entrecejo a la nuca, con los dedos medios en bloque (uno sobre otro), hay un huequito, presione, retenga cinco segundos y repita de tres a cinco veces. Este es un punto que se llama “cien reuniones” y los chinos”.

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