Andrés Rosler: “la línea entre la defensa propia y el castigo privado...

Andrés Rosler: “la línea entre la defensa propia y el castigo privado parece estar en vías de extinción”

Andrés Rosler, profesor de Filosofía del Derecho (UBA-CONICET)

(CABA) Una parte considerable de la sociedad argentina parece estar más que dispuesta a extender el espacio de la legítima defensa a tal punto que la línea entre la defensa propia y el castigo privado parece estar en vías de extinción.

Lo que subyace a esta ampliación de la defensa propia es la creencia de que vivimos en lo que la jerga de la filosofía política suele llamar “estado de naturaleza” (y no en el buen sentido de la expresión, si es que existe). Dado que el Estado por diversas razones (ineficiencia, corrupción, falta de recursos, etc.) no cumple con su tarea de proteger la vida de los ciudadanos, estos se ven tentados a recuperar el derecho pre estatal de castigar.

Esta manera de pensar no advierte que si los particulares recuperaran el derecho pre estatal de castigar a sus agresores debido a la inacción estatal, el castigo privado no solamente rara vez disuadiría la conducta de los eventuales futuros agresores, sino que además muy probablemente socavaría todavía más la autoridad del Estado, todo lo cual no haría sino lograr que la situación presente recrudeciera aún más.

Tal como lo han enseñado los grandes pensadores del Estado moderno (Hobbes, Kant y Hegel), la línea que separa entre víctimas y agresores existe solo gracias a la autoridad estatal. Una vez que el Estado deja de tener autoridad, esa línea queda desdibujada dando lugar a un estado de naturaleza en el cual somos todos agresores y víctimas, todos nos perseguimos mutuamente. La estructura de la interacción en tal caso haría que fuera razonable y legítimo perseguir o atacar preventivamente solamente por las dudas, para no ser víctima del ataque de los demás. El castigo privado, entonces, lo único que haría es eliminar la distinción entre agresores y víctimas; pero en tal caso no tendría sentido hablar siquiera de castigo, privado o de cualquier otro tipo.

Las víctimas de un delito suelen tener naturalmente el deseo de vengarse de sus agresores, por la sencilla razón de que primitivamente, en el estado de naturaleza originario en el que vivían nuestros ancestros, no había Estado alguno y por lo tanto no había otra forma de protegerse. Ahora, que tenemos un Estado con muchos defectos, no debemos debilitarlo mediante el castigo privado, sino mejorarlo. Los ciudadanos cumplen con su responsabilidad pagando sus impuestos (amén de participar y controlar al Estado) y los funcionarios deberían cumplir con la suya.

El Estado tiene una enorme deuda con sus ciudadanos, particularmente en el área de la prevención del delito. Y debe ponerse al día (no solo castigando sino fundamentalmente atacando las causas del delito). Sin embargo, hay que ser conscientes de que el castigo privado lo único que lograría es que dicha deuda se acrecentara, con la muy previsible bancarrota final de toda la sociedad. NR

andres-rosler-2

Fuente: Clarín