Buenos Aires, 22/11/2017, edición Nº 1834

Anasagasti: el nuevo bar que está en boca de todos los porteños

Está ubicado en un encantador pasaje de Palermo.

(CABA) Anasagasti, es un poco complicado de pronunciar, pero igual va de boca en boca; es que, a tan solo cinco meses de su apertura, este nuevo hidden bar porteño ya es famoso entre los amantes de los cócteles.

Por empezar, su ubicación es privilegiada, en una casona declarada Patrimonio Histórico de la Ciudad que se encuentra en un tranquilo pasaje de Palermo, en Agasagasti 2067.

Además, su head bartender, Matías Granata, recientemente fue coronado ganador del primer desafío de World Class Competition en la Argentina, la prestigiosa competencia que distingue a los mejores bares y bartenders del mundo.

La carta se divide en dos grandes partes: la de Classic Cocktails, que respeta de principio a fin recetas locales como el Pajarito Cardenal de Pichín Policastro, y la de Craft Cocktails con las creaciones “de la casa” realizadas con insumos 100% artesanales, desde seis tipos de bitters, vermouths, hasta un propio ahumador y un absenta casero.

El bar también cuenta con almíbares de todo tipo, hielos tallados a mano y con propuestas refrescantes para compartir entre 4 u 8 personas como los Punch Party: cuatro opciones de cócteles servidos en poncheras de vidrio. Todo eso, y más, es lo que sale de la barra de Anasagasti en delicadas copas, específicas para cada receta: vintage para los clásicos y modernas para los Craft.

A la hora de comer, Anasagasti ofrece diferentes opciones de tapeo. La cocina está a cargo del chef Ruby Guttie, quien junto a Nicolás Garófalo –dueño y también chef– elaboró una carta bien diversa y repleta de sabores del mundo. ¿Los imperdibles? Calamaretti y zucchini frito con chips de lima y mosto de uvas, Degustación de tres tipos de hamburguesas, Tiraditos de pesca blanca (con cebolla morada, mango, cilantro, jugo de limas y jarabe de chila), o la clásica Tortilla de papas con secos de jamón ibérico.

Sin indicaciones a la vista para conservar la intriga, para entrar sólo es cuestión de tocar un timbre de bronce con figura de león. Una vez dentro, se puede disfrutar la plenitud de esta casona de principios de siglo, minuciosamente reciclada que conserva intacta la fachada y refleja lo mejor de la arquitectura de los años ‘20 y ‘30 de Buenos Aires.

En cada uno de los tres pisos que conforman esta propuesta se ven los detalles de la cuidada restauración del lugar, reflejo de más de tres años de trabajo previo. Madera, cobre, delicados sillones antiguos, una chimenea y una imponente araña completan el ambiente de esta casa de 1927.

Sus tres espacios, a los que se accede a través de un moderno ascensor vidriado, están pensados para adaptarse a momentos y propuestas bien diferentes. En la planta baja, el corazón del lugar, se encuentra la amplia barra y sus sillones invitan a sentirse como en casa. En el primer piso, que se inaugurará a comienzos de 2017, funcionará un restaurante y, un piso más arriba está la terraza: Ideal para las noches de calor porteño, es un espacio amplio con techo corredizo, verde y barra.

S.C.

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