Buenos Aires, 25/03/2017

Amalia Granata conserva un lujoso estilo de vida

La decisión de mantener la relación a pesar de la infidelidad de Leonardo Squarzon mantuvo el "statu quo" de la pareja

(CABA) Hace sólo unas semanas, la vida de Amalia Granata era otra. Un llamativo mensaje de Whatsapp mientras hacía la tarea un lunes de abril en su departamento de Palermo con su hija, Uma, torció su destino. Del otro lado de la pantalla se encontraba Leonardo Squarzon quien, tras solicitarle su celular a Yanina Latorre, no ocultó en ningún momento su intención de “cortejarla”. De ahí en más, todo sería distinto.

Lejos de resistirse, Granata le redobló la apuesta al empresario, quien se encontraba de vacaciones en Estados Unidos. “Empezamos a chatear y, a las tres horas, me dice que estaba en Miami y que volvía el viernes. Faltaban cuatro días. Le dije: ‘Bueno, voy para allá’, y me respondió: ‘Vení’”, reconoció la mediática en el ciclo de Susana Giménez.

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Sólo once horas después de recibir la respuesta positiva del empresario, Amalia despegó rumbo al país del norte. Y cayó, claro, con lo puesto y con la valija vacía. “Fuimos al shopping y compramos todo. Fue muy generoso. Además, teníamos el casamiento de (Guillermo) Coppola, así que aproveché porque necesitaba vestido, zapatos, todo”, destacó.

“Creemos que Roque fue concebido en Miami”, reconoció la mediática, quien dos meses después de la escapadita romántica dejó el departamento que compró en diciembre de 2010 para instalarse junto a su hija y el empresario en un coqueto piso de Puerto Madero. Lujos, cenas y carteras de diseño comenzaron a aflorar en las fotos que la mediático publicaba orgullosa y enamorada en las redes. Incluso se animó a emular a Wanda Nara y publicó una foto del nuevo vestidor que financió Squarzon. Sólo en la foto angular se pueden contabilizar 50 pares de zapatos: todos de reconocidas marcas, obvio.

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Enamorada de la vista del departamento, ubicado sobre uno de los diques próximos al Yacth Club, las postales de Granata acariciando su panza cerca de los ventanales de la propiedad se convirtieron casi en una postal diaria. Lo mismo sucedió con los paseos junto a su hija.

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“Estamos apostando por esta familia. Lo de Leo no fue que se enamoró de otra, fue una calentura”, fueron las palabras con las que Amalia justificó su decisión de perdonar al padre de su bebé. Y, claro, mantener así la tranquilidad que habían empezado a construir juntos desde uno de los barrios más caros de la Ciudad. NT

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