Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Alquilar una habitación en una villa porteña cuesta hasta $1500 por mes

Las familias recurren a estos alquileres en donde las condiciones de vida son precarias porque no acceden al sistema formal por falta de dinero y documentos.

(CABA) Quienes alquilan dentro de las villas porteñas pagan hasta 1500 pesos mensuales, a veces mucho más, por una habitación simple, sin baño ni cocina de uso exclusivo. Las familias recurren a esta modalidad de hábitat en donde las condiciones de vida son precarias porque no cuentan, entre otras cosas, con avales para incorporarse al negocio formal.

Un relevamiento realizado por el Consejo Económico y Social de la Ciudad (CEyS) entre 304 familias que viven en distintos barrios de emergencia -sobre todo dentro del área de influencia de las comunas 1, 4 y 8, en las que se concentra el mayor problema habitacional- permitió cuantificar una realidad que se acrecienta.

El informe es concluyente: el 37% de los encuestados abona entre 500 y 1000 pesos mensuales por una habitación, mientras un 31,7 % paga hasta 1500 pesos; otros desembolsan un monto mayor. Para el 43% de los entrevistados, estos valores de arrendamiento significan gran parte de su sueldo, ya que el hogar percibe ingresos promedio de entre 3600 y 7200 pesos.

Cuando los resultados se refieren a la vivienda como una “habitación”, es literal: un lugar reducido donde las familias, muchas de ellas compuestas por hasta cuatro miembros, deben compartir con otros el baño y la cocina. Más del 80% de los relevados reside en piezas que pueden tener la modalidad de “habitación en casa de familia” (47,7%) o ser “piezas en inquilinato” (33,6%), según el informe.

María Luisa Acosta, de 58 años, hace siete años que vive en el Barrio Fátima (ex villa 3), en Villa Soldati. Ya no recuerda las veces que alquiló allí y tuvo que cambiar de vivienda. Residió en todo tipo de habitación, pero por suerte para ella y su pareja ahora pudo conseguir una casa con todos los servicios acordes con las necesidades de su marido, que tiene una pierna amputada.

Se hace muy difícil pagar el alquiler. Unos meses atrás estaba pagando 2000 pesos, pero de un día para otro subió a 3500 por mes”, dijo la mujer a LA NACION. La pensión que cobra su marido debido a su problema de salud, sumada al magro sueldo que percibe la señora, no le alcanza para abonar el arrendamiento, por lo que Acosta sale a la calle a pedir ayuda.

“Tampoco puedo alquilar fuera de la villa porque no tengo garantía ni plata para hacer un depósito”, reflexionó. Según los datos recabados por el CEyS, el caso de Acosta se encuadra dentro de las principales razones por las que la gente alquila en barrios precarios. El 28,3% de los encuestados dijo no contar con garantía para un alquiler formal, el 24,3% está allí por trabajo y un 21,7% lo hace porque gran parte de su familia ya vive en ese sitio.

Acosta no pierde las esperanzas de, algún día, tener una casa propia. Algo parecido debe pensar su hija de 25 años, que también vive en el Barrio Fátima. La joven apenas puede abonar el alquiler de una pieza. Por 2500 pesos, sólo tiene espacio para la cama de una plaza y su ropero. Apenas entran ella y su bebe, y no cuentan con baño propio ni cocina, detalló Acosta.

Ante la consulta, Rosa Ortega, una referente del barrio, no pudo ocultar su indignación: “Hay punteros que se aprovechan de quienes más necesitan un lugar para vivir. Cobran mucho y aumentan los precios muy seguido”. El 47,7% de los vecinos encuestados reconoció que el alquiler se incrementa al menos una vez al año. Los ajustes se deciden de manera unilateral y sin previo aviso.

Para Ariel Cabañas es difícil pensar en irse de la villa Rodrigo Bueno, en la Costanera Sur. Las condiciones en las que vive son precarias, lo sabe, y le cuesta pagar el alquiler, “pero siempre estuve aquí”, dijo a LA NACION. Abona 1000 pesos, una quinta parte de su sueldo, por vivir en una pieza de cuatro por cinco metros. El baño y la cocina son de uso compartido.

Problema “serio”
Como queda expuesto, las familias que recurren a esta modalidad de hábitat informal deben afrontar alquileres proporcionalmente tan elevados como los del mercado formal, aunque las condiciones de vida son mucho más precarias.

“¿Qué hubiese pasado en estos últimos 20 años si, en lugar de gastarse fortunas incalculables en acción social para sostener una calidad de vida que no hay, se hubiese destinado ese dinero para la fabricación de viviendas?”, preguntó el presidente del CEyS, Sergio Abrevaya. Para Abrevaya, el problema “más serio” en la ciudad es la falta de viviendas y consideró que la urbanización de las villas se trata de “una solución precaria”.

Para resolver el problema de los arrendamientos informales en villas, la entidad propone promover la formalización mediante un programa público de alquiler social que requiera la intervención del Banco Ciudad y la presencia del Estado dentro de estos barrios. NR

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Fuente: La Nación

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