Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Alimentos con efectos protectores para el cerebro

La dieta debe ser adecuada no sólo en cantidad, sino en calidad.

(CABA) Mantener la presión arterial controlada es una de las principales recomendaciones para cuidar al cerebro. El ejercicio físico y mental (desde el punto de vista del entrenamiento cognitivo) son otras de las medidas. Y vinculada a esos ejes aparece la alimentación saludable, que redunda en un efecto protector particular y a la vez general, ya que impacta en todo el organismo. Verduras de hojas verdes, grasas “buenas”, probióticos y prebióticos, son los grupos de alimentos con efectos protectores para el cerebro.

Cuando se habla de proteger al cerebro nos referimos a un estilo de vida sano. Esto incluye hacer ejercicio, evitar la obesidad, el tabaquismo y el exceso de alcohol. Además, por supuesto, es muy importante controlar y tratar enfermedades que suelen tener impacto negativo sobre el cerebro como la hipertensión arterial, el colesterol elevado y la diabetes. En tercer lugar, afortunadamente, cada vez se le presta más atención a la alimentación”, dice al respecto José Bueri, jefe del servicio de Neurología del Hospital Austral.

Como primera medida, evitar el exceso de calorías es un paso fundamental, sostiene el especialista, quien explicó cuáles son las elecciones alimenticias que ayudan a proteger al cerebro.

Vegetales de hoja verde
El declive mental, relacionado específicamente con la pérdida de memoria, atención y velocidad de procesamiento de la información, es uno de los mayores temores que trae aparejado el envejecimiento.

Diversos estudios demostraron que vegetales como la lechuga, la rúcula, el brócoli, la espinaca y la acelga, entre otros, se relacionan con un menor riesgo de declinación cognitiva, dice Bueri.

Prebióticos y probióticos
Prebióticos y probióticos integran lo que se conoce como alimentos funcionales, es decir, que además de su efecto nutricional, son beneficiosos para la salud, favorecen el estado de bienestar y reducen el riesgo de enfermar.

Los prebióticos son ingredientes no digeribles que benefician al organismo por el crecimiento y/o la actividad de una o varias bacterias en el colon. “Contienen bacterias, fibras y residuos que promueven el crecimiento de bacterias intestinales (flora) que son beneficiosas. Los arándanos, el aceite de oliva, las nueces, los vegetales de hoja, la avena y la banana son alimentos prebióticos que agregan bacterias al intestino”, explica Bueri.

Los probióticos, en tanto, son microorganismos vivos que, ingeridos en cantidad adecuada, producen efectos beneficiosos en la salud. Entre ellos, el especialista destaca al yogur, los pickles y productos fermentados como el chucrut.

Estas bacterias que promueven los probióticos son parte normal de los procesos digestivos porque trabajan controlando fenómenos inflamatorios nocivos en nuestro cerebro. De este modo, los alimentos pre y probióticos reducen la inflamación en el sistema nervioso”.

Dieta mediterránea
La evidencia sobre el impacto de la dieta mediterránea en la salud e, incluso, en la longevidad es amplia. Basada en el consumo de frutas y verduras, legumbres, cereales, pescado, aceite de oliva y la ingesta moderada de vino ha demostrado también reducir el riesgo de enfermedad cardíaca. Y lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro, insisten los especialistas.

Esta dieta incluye nueces, pescado, aceite de oliva y el reemplazo de las grasas saturadas de la carne roja por la de los alimentos mencionados. Más opciones consisten en atún, salmón, nueces y pistacho.

Además, algunos tipos de pescado y nuez contienen niveles elevados de Omega-3, un tipo específico de grasa que reduce la actividad inflamatoria en el cerebro. Es que este tipo de ácidos grasos contribuyen a reducir el llamado colesterol “malo” o LDL, que es el que se acumula en las paredes de las arterias aumentado el riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular (ACV).

Gracias a estudios se estableció que los individuos que siguen esta dieta tienen menos probabilidades de padecer deterioro cognitivo y enfermedades como el Alzheimer o Parkinson, porque varios de los componentes grasos insaturados de Omega-3 participan en el crecimiento y desarrollo cerebral y constituyen una proporción importante de los ácidos grasos del cerebro, tanto en estructura como en función”, señaló Bueri. “Por estos motivos se recomienda una alimentación adecuada no solo en cantidad sino también en calidad y sin excesos. Una dieta inteligente debe tener en cuenta el cuidado de nuestro cerebro, corazón y arterias”, concluyó. NR

Fuente consultada: Clarín

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