Buenos Aires, 24/11/2017, edición Nº 1836

Alfredo Heer: “Yo me dedico a las Holga y con las Holga me quedo”

El famoso fotógrafo que promovió la primera muestra en el país de fotos tomadas con celulares ahora vuelve al amor analógico con una cámara que casi es de juguete. (CABA)Francia, 1998. Alfredo Heer llega a cubrir el Mundial de Fútbol con su computadora, dos cámaras y una valija con 400 rollos. Dieciseis años después, el mismo fotoperiodista retrata los festejos callejeros por la llegada a la final del Seleccionado argentino...

El famoso fotógrafo que promovió la primera muestra en el país de fotos tomadas con celulares ahora vuelve al amor analógico con una cámara que casi es de juguete.

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(CABA)Francia, 1998. Alfredo Heer llega a cubrir el Mundial de Fútbol con su computadora, dos cámaras y una valija con 400 rollos. Dieciseis años después, el mismo fotoperiodista retrata los festejos callejeros por la llegada a la final del Seleccionado argentino en el mundial de Brasil, pero ya no usa ni la Nikon, ni la Canon ni la Leica. Elige, en cambio, volver a la fotografía analógica de la mano de la Holga, una cámara de plástico sencilla y relativamente económica capaz de generar resultados misteriosos y de ensueño. “Porque la calidad –dice– siempre fue mejor que la cantidad.

Paremos con el indiscriminado disparo con las digitales y pensemos bien cada cuadro que hagamos“, declama el santafesino en su sitio web Holgaargentina.com, un espacio de culto a esta “pasión por el 6×6, el famoso y –complicado para algunos– formato cuadrado“, o como también define: “Un camino de ida.

No es Fredy –como lo llaman sus amigos– un renegado de las nuevas tecnologías. A lo largo de su trayectoria profesional ha experimentado con cámaras de todo tipo y tamaño y hasta presentó, en 2007, la primera muestra de fotografías tomadas con teléfonos celulares, cuando esos dispositivos recién comenzaban a ampliar sus funciones.
A los 30 años se mudó a Buenos Aires desde Esperanza, donde había montado su propio laboratorio fotográfico entre las vacas y gallinas del campo santafesino. “En aquella época no había zoom, no había nada, pero sabíamos si una foto había salido bien.” En su historial como reportero gráfico, Heer cubrió “todos los deportes habidos y por haber“, y también se especializó en la fotografía de obras de arte con cámaras de placa.

Empecé a cansarme de lo digital, por el peso de las cámaras, el miedo a los robos. Nunca me gustó tirar demasiadas fotos: si no va a salir, no la saco.” Su primera Holga la trajo de Estados Unidos en el ’97. No tenía adaptador para trípode ni la opción de disparar en bulbo, ese modo que permite dejar entrar la luz a la película durante el tiempo que el fotógrafo elija, al mantener apretado el disparador. Hace algunos años volvió a encontrarse con esa cámara y pareciera no haber vuelta atrás: “Yo me dedico a las Holga y con las Holga me quedo.

Dentro de lo que se llama lomografía están las Lomo, las Lubitel, las Diana y las Holga. La mayoría son de plástico“, explica. En estas cámaras, el viñetado (bordes y esquinas sombreadas), los colores vibrantes y el formato cuadrado son parte fundamental, aunque la Holga también permite ajustarse para obtener fotografías rectangulares.

Diseñada en China en 1981, la Holga es una de las llamadas cámaras de juguete por su lente de plástico, su simplicidad y su bajo costo, que ronda los 50 dólares en Estados Unidos. Los primeros modelos, cuenta Heer, fueron creadas para brindar la posibilidad de fotografiar en formato medio a un precio accesible.

El nombre no se remonta a su creadora ni ninguna otra mujer, sino que proviene del término chino “ho gwong“, que significa muy brillante. En sus imágenes se revelan distorsiones, fugas de luz azarosas, (d)efectos oníricos y borrosos; es lo impredecible de la Holga lo que sorprende y atrae.

Cada lente es diferente, en algunas entra luz de una manera particular, en otras se generan barridos; cada uno va jugando“, explica el fotógrafo. La cámara utiliza rollos de 120 mm con 12 tomas y permite tomar dos, tres o cuatro fotografías superpuestas. Aparecen así, retratos casi fantasmales, edificios multiplicados, texturas florales que pintan rostros y hasta panorámicas imperfectamente estéticas.

Tomar una foto con esta cámara parece sencillo: 1 metro, 2, 6, o distancia infinita; sol o sombra; velocidad automática o bulbo; luz natural o flash. Limitados ajustes que brindan, sin embargo, un amplio y aleatorio espectro de resultados posibles. “Es simple, pero muy complicado, como todo lo simple“, dice Heer. Y es que mientras la industria fotográfica avanza en la perfección de las nuevas cámaras digitales, las analógicas suponen una vuelta hacia otro tiempo; el regreso de la incertidumbre, de la sorpresa y del merecido valor del fotógrafo por sobre la cámara y de cada toma como única e irrepetible. Las hay de todos los colores y diseños porque, como destaca Heer, hace rato que la sutil y hábil Holga “está muy de moda”: Estados Unidos, China, Portugal y Francia son algunos de los países donde hace foco este movimiento de fotógrafos o aficionados que comparten el gusto por lo imperfecto.

Lo cierto es que, en la actualidad, tomar fotos resulta cada vez más sencillo y accesible. En los nuevos celulares inteligentes abundan las aplicaciones que permiten retocar, editar y compartir al instante cada captura.
Con las redes sociales, esta ola fotográfica creció exponencialmente. Y parece haber llegado para quedarse: Instagram ha crecido hasta llegar a más de 200 millones de usuarios que han publicado 20 mil millones de fotografías en los últimos tres años. Como una Holga digital, la red social –que fue comprada por Facebook en 2012– recupera la estética y el formato de la lomografía y seduce, por sobre todo, al público juvenil.
Alfredo Heer dice que “para la Holga no hay edad“. En los encuentros que organiza participan holgueros jóvenes, adultos y hasta una abuela de 63 años, que comparte la pasión con su nieta de 16. Es que en Argentina, también, esta particular forma de retratar el mundo atrapó a una creciente cantidad de seguidores. Heer se propuso juntarlos y así dar fuerza al movimiento colectivo. Hace tres años organiza dos muestras por año y difunde en forma permanente entrevistas, relatos, ensayos e imágenes de la comunidad holguera que se congrega en la Web.

La fotografía fue y es mi vida, pienso y vivo para ella“, dice el fotógrafo, que hace 50 años mira el mundo a través de un lente. Fue por esa época, también, cuando conoció a su actual esposa. Cecilia Maidana es psicóloga y hace algunos años, cuenta, se dejó atrapar por la pasión a estas imágenes extrañas e inesperadas.

Muchos me dicen que no voy a llegar a nada con la Holga, porque es de plástico. Siguen creyendo que uno juega con esto, pero yo lo tomo como algo serio“. En su página de Facebook, el santafesino insiste en que “la calidad de la fotografía no depende del material con que esté hecha la cámara“. También cita, en defensa de la película por sobre los soportes digitales, al reconocido fotógrafo estadounidense William Eggleston: “Sólo hago una fotografía de una cosa. Nunca dos. Si tomase más de una, luego sería muy complicado decidir cuál es la mejor. Sería ridículo. Hago una y es la que es.
Entre su vasta colección de cámaras antiguas, un viejo maletín guarda decenas de Kodak Fiesta del ’60, fabricadas en Argentina. Y son todas casi iguales. “No sé por qué las colecciono, eso es lo lindo. Tengo 66 años y ya hice de todo. ¿Qué más puedo pedir? Sólo seguir sacando fotos.”

10 reglas

1) Lleva la cámara a donde sea que vayas.
2) Usala cuando sea necesario.
3) Integrala a tu vida.
4) Intentá disparar a la altura de la cadera.
5) Acercate tanto como puedas al objetivo.
6) No lo pienses dos veces.
7) Dispará tan rápido como puedas.
8) No tenés por qué saber lo que salió
en la foto.
9) No te preocupes
por las reglas.
10) Que sea lo que
Dios quiera.

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