Buenos Aires, 19/10/2017, edición Nº 1800

Alejandro Marmo: “La emoción de la gente marca la situación del arte urbano”

El autor del célebre mural de Evita sobre la 9 de Julio asegura que para él el arte es “una teoría de la salvación”.

(CABA) Alejandro Marmo tiene el tiempo justo porque en dos días viaja al Vaticano, donde tiene montado un taller. Charlamos mientras recorremos la 9 de Julio, que también es recorrer parte de su obra. Sirena del Río de la Plata en la Recova, a metros el Obrero Metalúrgico (Posadas) y La Obligación (Av. Del Libertador), el Padre Mugica (Arroyo), Arturo Jauretche (Arenales) y, claro, Evita en el Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación. Dice que su arte es ver lo invisible, ese bagaje de recuerdos y saberes que alimentan el inconsciente colectivo y conforman una obra que ya está ahí antes de que él le dé forma. “Los que pasan a diario por acá escuchan la voz del mural en el imaginario porque Evita dio su último discurso ahí, la obra ya existía”, grafica.

Hijo de inmigrantes, de Tres de Febrero, aprendió el oficio de su padre. “Crecí en ese sainete mezcla de culturas y en un momento, sin saber qué hacer con ese universo, comencé a recordar aquello que hacía en la infancia como un juego: convivir con la multiplicidad de culturas, lenguajes, universos, historias, nostalgias”, explica.

¿Cuándo empezaste a hacer arte ya pensabas en la intervención en la Ciudad?

Creo que fue para integrarme. Como artista del Conurbano, la única manera de poder penetrar esa frontera blindada que tiene el arte elitista.

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¿El arte que se concentra en la Ciudad?

No, el arte en general. El arte está visto como una actividad elitista y los prejuicios hacen que exista un blindaje para la gente que vive en la periferia. Entrar al Centro era un desafío, me planteaba desde lo imposible hacer un arte para integrarme con los desechos en espacios de máxima visibilidad, era lo que me estimulaba y me entusiasmaba.

Y con materiales que son del espacio público, porque si trabajás con basura…

No basura sino rezagos, trabajo con el universo de la producción, lo que tiene que ver con la fábrica, el obrero. Es decir, ser el polo opuesto a este mundo del descarte, al mundo que margina, a la crisis de 2001.

La participación colectiva es otro de los ejes de su trabajo: el proyecto Arte en las Fábricas, otros en barrios marginales o con adictos en recuperación (antes con Jorge Bergoglio, ahora con el Papa). O lo que están haciendo hoy en el Paseo Champagnat de Pilar: una muestra de pinturas y esculturas que en septiembre se convertirá en un laboratorio interactivo para los chicos de la zona. “Me gusta la cosa no improvisada pero espontánea. En ese sentido, el arte me hace interpretar lo que falta donde voy a trabajar. En este caso se trata de construir un puente entre la cultura country y la periferia, hay mucha desigualdad en el territorio y en ese sentido es un buen laboratorio”, avanza.

Remarca que le interesa más esa mirada que la de los críticos de arte. Y la posibilidad de hacer acciones concretas para transformar vidas, más que las galerías de arte. “Me entusiasma la situación de transformación y en ese sentido lo fundamental es la interpretación. A la Ciudad hay que interpretarla antes de intervenirla”, sigue.

¿Cómo la interpretás?

La emoción de la gente marca la situación del arte urbano. Como en este caso, el recuerdo del último discurso de Evita ahí, lo que convierte al lugar en emblemático. Algunos lo odian, otros lo aman, no importa, emociona al pueblo. Sirena del Río de la Plata refleja lo que es esta ciudad, una ciudad surrealista donde te puede aparecer una sirena en cualquier esquina. Obrero Metalúrgico frente a un hotel 5 estrellas representa los contrastes. O el sol que alumbra la memoria del genocidio del pueblo armenio. O Aterrizaje en el Abasto en Ciudad Cultural Konex.

El trabajo va mucho más allá de lo artístico…

Es un trabajo que engloba muchas cosas, entre ellas la evangelización de la esperanza a través del arte, no de la cuestión católica. El arte es mi religión: al ser una suerte de apostolado creo que contagio un germen positivo a los que vienen de la periferia y el descarte para que crean en ese mundo de la imaginación para salvarse. Es una teoría de la salvación.

Fuente: texto de  Einat Rozenwasser en Clarín.

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