Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

Agrupaciones políticas proveen de material a una villa escondida en La Paternal

La Carbonilla ya tiene unos 4 mil habitantes y alberga construcciones de hasta tres pisos. Distintas agrupaciones políticas le proveen los materiales para continuar construyendo. (CABA)Está escondida, pero detrás del frente de casillas llega a tener dos manzanas de ancho, calles internas y casas de ladrillos. Ocupa todo el borde de las vías del ferrocarril San Martín. Se ve apenas desde desde arriba del tren y de un puente ferrovario,...

La Carbonilla ya tiene unos 4 mil habitantes y alberga construcciones de hasta tres pisos. Distintas agrupaciones políticas le proveen los materiales para continuar construyendo.

Capital Federal-20121013-00216

(CABA)Está escondida, pero detrás del frente de casillas llega a tener dos manzanas de ancho, calles internas y casas de ladrillos. Ocupa todo el borde de las vías del ferrocarril San Martín. Se ve apenas desde desde arriba del tren y de un puente ferrovario, pero está ahí. Y, como otras en la Ciudad, no para de crecer: la villa La Carbonilla, en La Paternal, sigue siendo considerada un asentamiento y aún carece de redes de servicios básicos, pero la construcción avanza sin ningún control y hoy se calcula que tiene 4.000 habitantes. Mientras espera por los resultados de su primer censo oficial, los ladrillos se acumulan en los bordes, las viviendas ya tienen dos pisos y algunas incluso tres. Separada por un alambre a unos tres metros de las vías, varios grupo sociales la incentivan y movilizan a sus habitantes para pedir la urbanización. Mientras, desde la Ciudad dicen que atiende las demandas de emergencias.

La punta de La Carbonilla está en la avenida Manuel Trelles y las vías, en su parte más ancha, y sobre terrenos que son del ferrocarril. Después bordea el tren y llega hasta la avenida San Martín, donde si bien se angosta igual se construye con materiales. Creada por un grupo de cartoneros en 2001, en los últimos tres se multiplicó: pasó de tener 40 familias a decenas de casas pobladas y pegadas unas a otras a lo largo de unas siete cuadras, o apenas separadas por pasillos. Muchos de los que la habitan son peruanos. Y tiene, además, una calle interna por donde entran y salen autos y una plaza con juegos para chicos que fue inaugurada a fines de 2012 junto a integrantes de agrupaciones políticas, entre ellas, y con más presencia, La Cámpora. Desde entonces, la agrupación kirchnerista realiza talleres y moviliza a los habitantes para que reclamen la urbanización. A cambio, dicen en el barrio, les dan ladrillos y ya les cedieron caños para hacer conexiones de cloacas.

“La mayoría llegamos hace tres años y empezamos a construir acá, porque era más barato. Pero con el tiempo vivir en este lugar también se puso caro, el alquiler subió y el ambiente se puso pesado. Llegamos a ver enfrentamientos. Ahora todo está más calmo”, contó María Suárez, sobre la esquina de Trelles. Dice que están esperando los resultados del censo. Que eso los va a ayudar. “Nos dicen que así vamos a poder elegir delegados y pedir que nos consideren como una villa más de la Capital, así vamos a poder pedir alumbrado, gas, electricidad, cloacas, y agua. Pero agua potable permanente y bien hecha”, sumó Luis Quesada, habitante del asentamiento desde 2012.

En las manzanas que rodean al asentamiento no ven con buenos ojos a La Carbonilla. Pero no pasa de eso. La Policía dice que se ocupa de los problemas internos. En los pasillos, de día, hay chicos jugando. En 2011 el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación plantó árboles y limpió el terreno. Hoy, el predio está judicializado, a la espera del resultado del Censo que hizo el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) en diciembre, a pedido de la jueza Elena Liberatori y que llegará, seguramente, después de la feria judicial. “Lo único que pudimos saber es que hay unos 750 votantes y 100 por revisar”, dijeron desde Colectivo por la Igualdad, otra organización política que reclama la urbanización.

Mientras tanto, en el Gobierno porteño aseguran que atienden las urgencias básicas y que lo harán hasta que la Justicia reconozca al asentamiento como villa de emergente y le de, así, la chance de habilitar servicios. “Por ahora es un asentamiento informal que ocupa terrenos que administra ADIF, la Administración de Infraestructuras Ferroviarias Sociedad del Estado, y nadie puede meter nada sin orden de la Justicia”, aclararon.

Fuente consultada: Clarín

Comentarios

Ingresa tu comentario