Buenos Aires, 15/12/2017, edición Nº 1857

Aerosmith tocará en el Personal Fest en GEBA

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La banda liderada por Steven Tyler y Joe Perry toca el sábado, en el Personal Fest, en GEBA.

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(CABA) Después de la cuarta postergación de la entrevista, alguien de la oficina de Aerosmith llama y se disculpa. “Es difícil lograr que Steven agarre el teléfono”, dice. Y propone nuevas coordenadas. En vano.

Sin embargo, cuando el sexto intento también parece destinado al fracaso, el cronista atiende el celular y la inconfundible voz del cantante de una de las bandas en actividad más veteranas del rock avisa que en un par de minutos llamará al teléfono de línea. Y cumple.

“Estoy pasando unos días en Los Angeles, atendiendo cuestiones de management, tratando con abogados, viendo temas de mi próximo álbum solista y ajustando detalles de la etapa sudamericana de la gira”, cuenta Steven Tyler, que el sábado subirá con su grupo al escenario de GEBA, para cerrar la primera jornada del Personal Fest.

Lejos de los viejos malos tiempos en los que la insinuación de un proyecto solista de alguno de los gemelos tóxicos era sinónimo de pelea, su anuncio apenas es un dato de color en medio de un presente armónico en el que Aerosmith dejó de ser un espacio de permanente tensión.

“No hay una ecuación simple que explique lo que sucede con Aerosmith. Cada uno de nosotros ama hacer música para sí mismo, pero algo mágico ocurre cuando compartimos el escenario. Esa magia hace que sigamos disfrutando de ser una banda, de tocar juntos, de dar vueltas por el mundo mostrando nuestras canciones; las nuevas y las viejas. Estamos orgullosos de lo que somos”, dice.

¿En qué medida el deseo del público de escuchar los hits condiciona el armado del repertorio?

Es una cuestión de equilibrio. Si incluyéramos siete canciones o más del álbum nuevo, la mayoría de la gente reclamaría por los clásicos. Ellos quieren escuchar I Don’t Want to Miss a Thing, Cryin’, Crazy, Walk This Way. Pero si sólo hiciéramos esos clásicos, algunos reclamarían material nuevo. Si eligiéramos dos temas de cada disco, tendríamos que estar tocando durante más de cuatro horas. Por suerte, tenemos una buena cantidad de hits. Entonces, no queda otra alternativa que buscar un balance.

La actualidad del grupo parece contrastar con otros tiempos, difíciles. ¿Cuánto tuvieron que ver los excesos en esas turbulencias?

No mucho. No creo que el inconveniente haya sido ese. Cuando tuve mis problemas con adicciones, los traté y volví bien. El tema es que si sos Aerosmith, cuando terminás de tocar y se baja el telón del Madison Square Garden, en New York, no te vas a tu casa a jugar al ping pong. Vivís una vida extrema. No podés ser un Aerosmith e irte a tu casa a tejer. Y los extremos… son extremos. Hasta los ‘80 vivimos en el límite, e hicimos algunas cosas que nos metieron en problemas. Pero no creo que haya sido un tiempo perdido. Aún cuando vivíamos drogados, escribimos muchas canciones, tuvimos muchos amores; sólo que las cosas eran de ese modo. No fue culpa de las drogas que tardáramos 11 años en sacar un nuevo disco de estudio.

¿Y qué fue?

Sucedió que después de estar trabajando juntos durante más de 30 años, cada uno quiso hacer cosas por su lado. Joe Perry estuvo girando con su proyecto solista, Joey Kramer se volvió a casar. De pronto, la banda estaba viviendo su vida. Queríamos tener un rato de vida normal.

¿Podés tenerla, con tanta gente pendiente de vos, aún cuando no estás haciendo música?

Es difícil. Son las dos caras de este mundo. Querés ser famoso, pero eso te quita la posibilidad una vida íntima. Hoy, todos tienen una cámara en su teléfono, así que cuando vas a un restorán donde no hay paparazzis, la gente los reemplaza. Entonces, te aislás. Y cuando estás mucho tiempo solo, no encontrás nada mejor que darle lugar al Jack Daniel’s. Mientras estás rodeado de managers intentando hacer más dinero, de abogados, de gente empujándote en la dirección incorrecta. Es un juego increíble. El dinero y el negocio de la música, a veces se pueden convertir en un infierno. Y uno tiene que trabajar duro para que no lo sea.

¿Cómo?

Manteniéndote cerca de la gente con la que te gusta escribir canciones, buscando lugares a los que puedas ir, sin gente acosándote para sacarte una foto. Y eso es más fácil cuando estás sobrio. Es un juego complicado. En nuestra situación, cualquiera se tomaría un trago al final del día, y diría: ‘Mierda, mirá lo que pasó hoy’. Afortunadamente, a mí me encanta escribir canciones, sacar cosas de mi interior; y al final del día escuchar lo que hice y decir: ‘Ey, esto suena bien’.

Sos Aerosmith desde 1971, fuiste jurado de American Idol, diseñás tus modelos de motos; ¿te quedan asignaturas pendientes, a tus 65 años?

Ninguna. Me gusta hacer buena música. Ser feliz, rodearme de gente que entienda la vida como la entiendo yo. Espero grabar y hacer canciones con mucha gente, en distintos estilos musicales. Me gusta el proceso creativo de la canción. No puedo explicarlo demasiado, porque ni siquiera yo llego a comprenderlo del todo. Pero sé que al final del día, después de haber escrito con Marti Frederiksen, con Julian Lennon, con Joe Perry, o con Johnny Depp, siempre sale algo. Es como pescar.

Llevan 42 años juntos. ¿Te ves festejando los 50 de Aerosmith en un escenario?

Me encantaría. A mí, me hubiera gustado ser un rock star, ser un ídolo, tener cuatro chicos hermosos; y lo logré. Además, no sé qué otra cosa haría. Amo a la banda, estar en la ruta y hasta a algunos managers y abogados. Este negocio puede ser un lugar oscuro y solitario, en el que hay un montón de gente que quiere apropiarse de una parte de vos. Te despedazan, si dejás que eso pase. Es muy difícil sobrevivir a todo eso. Y que lo sobrevivan tu banda y tu música. Es duro. Pero cada día que lo lográs, te hace sentir muy bien.

Fuente consultada: Clarín

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