Buenos Aires, 24/10/2017, edición Nº 1805

SAME aéreo: un servicio para casos extremos

Médicos del aire.

Reciben alrededor de 30 emergencias al mes. Intervienen en grandes catástrofes y en lugares de difícil acceso.

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(CABA) “Base aérea, ¿me escucha? Tenemos un auxilio en la autopista 25 de Mayo, altura Carabobo, mano a Capital. Hay dos heridos por un choque de una moto con un camión.” A las 8.40, esa primera llamada de emergencia dispara la adrenalina de la guardia. El médico se acomoda el mameluco rojo con una mano, y con la otra aprieta el botón de un control remoto que hace sonar una fuerte sirena en todo el helipuerto Madero. Después corre, tan rápido como puede, hacia el helicóptero. Detrás de él, van el piloto y el técnico operario. Los motores se encienden. Despegan en menos de tres minutos y se pierden.

Éste es uno de los más de 30 vuelos que la base aérea del Sistema de Atención Médica de Emergencia (SAME) hace por mes en la ciudad. Tienen dos helicópteros Bolkow 105 de dos motores a su disposición y atienden, en promedio, una urgencia por día. Durante una guardia, lanacion acompañó a la tripulación para contar cómo funciona este servicio gratuito, solventado por la Ciudad, que se puso en funcionamiento hace cuatro años.

Mediante las llamadas al número 107, reciben pedidos de auxilio por accidentes y hacen traslados de órganos o de pacientes a punto de recibir uno.

Una vez en el aire, el tiempo vuela: el equipo aéreo tarda sólo cuatro minutos en llegar al lugar, donde los operarios de auxilio de la autopista ya cortaron el tránsito para que la aeronave aterrice. Cuando pisan tierra, está todo coordinado: el piloto Eduardo Forgan se queda dentro del helicóptero y le pasa información sobre el estado de los heridos al doctor que se quedó en la base; el médico Cristian Cuellar asiste a los pacientes y, con la ayuda del técnico Javier Revilla, carga al herido más grave “por la cola” de la aeronave.

A las 8.57, el equipo del SAME aéreo aterriza en el helipuerto del hospital Santojanni. Cuellar y Revilla descienden al paciente, con la ayuda de los doctores que lo reciben. Y mientras uno le pasa los datos del paciente, el otro recupera la tabla. Luego se suben al helicóptero para volver a la autopista 25 de Mayo, donde los espera el otro herido.

Es decir, que lo que a una ambulancia le tomaría una hora, en plena hora pico y con la autopista congestionada, el equipo aéreo del SAME lo resuelve en 17 minutos, desde que recibe la llamada de emergencia hasta que el herido llega al hospital estabilizado. Segundos que, en este caso, valen vidas.

Cualquier vecino de la ciudad que tenga un accidente puede ser atendido por nuestro equipo en entre cuatro y seis minutos, dependiendo de la distancia“, explica el piloto Forgan, no bien termina el vuelo. Cuellar coincide desde dentro del helicóptero, mientras esteriliza el material médico, “por si surge otro viaje de auxilio“, dice. Ahora sólo les queda sentarse a esperar.

Los médicos y operarios del SAME aéreo -que deben aprobar un curso especial de un año para brindar asistencia en un helicóptero- hacen guardias de 12 horas en el helipuerto Madero, situado en la avenida España al 3200.

Desde las 7 esperan que se active la alarma, que puede sonar entre una vez y cuatro por día, o ninguna. A veces la espera se vuelve larga. Y mientras no reciben emergencias, miran videos de otros rescatistas aéreos del mundo, escuchan música, duermen la siesta, toman mate, hacen chistes y charlan entre ellos.

Los helicópteros del SAME no son propiedad del gobierno porteño, sino que los alquilan a la empresa Modena Air Service. Las aeronaves están equipadas igual que las ambulancias. Cuentan con un tubo de oxígeno externo que dura dos horas y otro portátil que dura media hora; un equipo de aspiración de secreciones; un monitor que mide la presión arterial y el ritmo cardíaco; un respirador; una camilla; dos tablas para transportar a los pacientes y cuatro collares de contención. Además, tiene cuatro cámaras de seguridad: una interna y tres externas.

Los helicópteros son como un miembro más del equipo. Vuelan distinto y tienen sus mañas. A cada uno le pusimos un nombre. Hoy salimos en el azul, al que apodamos «Paturuzú»“, dice el operario Revilla, mientras come una milanesa con puré en la cocina de la guardia. “Sin ese equipo, no podríamos hacer nada. Es una unidad de terapia intensiva móvil muy rápida. Los pacientes viajan más estables que en una ambulancia, que se mueve mucho cuando el chofer atraviesa un bache o debe sortear el tránsito“, coincide otro médico que acaba de llegar al cambio de turno.

El equipo del SAME aéreo admite que durante la noche no sale con demasiada frecuencia por la falta de luz, que hace que el aterrizaje se vuelva más peligroso, pero queda una guardia pasiva para emergencias. Por ejemplo, en agosto pasado, efectuaron una salida nocturna para trasladar a uno de los prefectos heridos tras la explosión de un barco transportador en Zárate, desde el lugar del accidente hasta el hospital Churruca.

Fuente: La Nación

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