Buenos Aires, 17/12/2017, edición Nº 1859

A once años de su muerte, editan un libro en homenaje a Klemm

Controvertido, simpático, innovador, mecenas, artista… Federico Klemm fue muchas cosas, pero también un misterio. Ahora, la Academia Nacional de Bellas Artes editó a más de once años de su muerte la primera publicación sobre la obra y patrimonio de Klemm, (CABA) A pesar de que persiste la duda sobre si Federico Klemm fue en realidad el “Andy Warhol argentino“, un millonario extravagante con ínfulas de artista o apenas el mediático...

Controvertido, simpático, innovador, mecenas, artista… Federico Klemm fue muchas cosas, pero también un misterio. Ahora, la Academia Nacional de Bellas Artes editó a más de once años de su muerte la primera publicación sobre la obra y patrimonio de Klemm,

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(CABA) A pesar de que persiste la duda sobre si Federico Klemm fue en realidad el “Andy Warhol argentino“, un millonario extravagante con ínfulas de artista o apenas el mediático que mejor personificó el kitsch menemista, son pocos los que cuestionan su rol como mecenas y galerista, habiendo logrado acumular desde que heredó a principios de los 90 una fortuna de US$ 30 millones una de las más importantes colecciones de arte en la Argentina y premiando la creación joven -inclusive post mortem- a través de su fundación.

Tal vez con el deseo de clarificar cuál es su lugar en el panteón del arte nacional, o simplemente ejecutando un compromiso hacia quien fuese uno de sus mayores benefactores, la Academia Nacional de Bellas Artes editó a más de once años de su muerte la primera publicación sobre la obra y patrimonio de Klemm, un libro-objeto de casi 500 páginas que lleva en su tapa el impactante retrato que realizará Marcos López, un fotógrafo cuyo estilo irónico y excesivo era ideal para inmortalizar al conductor del delirante programa “El banquete telemático“.

Fernando Ezpeleta, gerente general de la Fundación Klemm, recibió a Infobae para hablar sobre el flamante libro, el cuestionado vínculo entre el artista y el ex presidente Carlos Menem, y el impacto del cepo cambiario en las actividades de la institución.

-El libro sobre la obra y colección de Federico Klemm llega a más de once años de su muerte. ¿Tardó la Academia de Bellas Artes en hacer este reconocimiento?

No, en absoluto. La idea era lanzar el libro para coincidir con el aniversario de los diez años de su muerte, pero se retrasó porque tuvimos muchas personas colaborando con los ensayos que aparecen sobre Federico, muchos historiadores del arte y académicos, y eso llevó su tiempo. Es un libro que cuenta con casi 500 paginas, así que fue mucho trabajo. Tuvimos además contratiempos administrativos importantes. El tema del cepo cambiario nos afectó muchísimo. Tené en cuenta que Federico dejó remesas que nosotros recibimos como fundación a través de diferentes entidades financieras internacionales y eso se convierte al dólar oficial. En el último tiempo, hemos trabajado con un 40% o 50% menos de recursos, y se ha visto disminuida nuestra capacidad de llevar adelante o finalizar proyectos.

-¿Cómo definiría el criterio de selección de las obras que conforman la colección?

Es una colección muy ecléctica, que verdaderamente revela lo que es el gusto de un coleccionista, no es técnica. Más allá de que tiene un cuerpo en el que se destacan obras de surrealistas, automatistas, y también hay mucho pop art nacional e internacional, Federico no impuso un criterio particular. Él compró lo que pudo, lo que le gustó, sin mayor rigor que el de su mirada. El confió en eso y de hecho consiguió una colección sumamente interesante de esa manera. No hay récords, no hay tapas de catálogos, pero tiene momentos de alto impacto. Él no podía alcanzar otro grado de visibilidad por una cuestión de recursos además. Federico en la liga de millonarios era un simple advenedizo. Pero él destinó todo su dinero a este proyecto, tanto en vida como en trascendencia.

-Luego de que él falleciera, ¿han podido incorporar obras nuevas a la colección?

No, la única forma que tenemos de incrementarla es a través del premio Klemm. Es el procedimiento que quedó previsto para evitar todo tipo de circunstancias que no sean absolutamente transparentes. Además, Federico dispuso que no se pueda enajenar ninguna de las piezas de la colección. De hecho, toda la colección, cuando los fondos destinados a su manutención se agoten, y algún día se agotarán, pasará a formar parte del patrimonio de la Secretaria de Cultura o el organismo que la reemplace. O sea, los museos públicos argentinos serán los destinatarios.

-La obra de Federico Klemm nunca gozó de un consenso positivo entre la crítica. ¿Le parece injusto que se tenga mayor aprecio por su labor como benefactor o coleccionista que como artista?

Bueno, es imposible lograr un consenso en la opinión de las personas. Es algo que depende además de la amplitud de la mirada del otro, y tampoco es que uno puede quedarse con ese veredicto. Pero hay mucha admiración por su obra. El Museo de Arte Contemporáneo de Rosario presentó hace unos años una retrospectiva suya y fue un un gran éxito. Todos los años hacemos en la fundación un homenaje a Federico recordando diferentes aspectos de su vida, ya sea como coleccionista, performer o artista visual y el entusiasmo de los jóvenes es sorprendente.

-¿Por qué cree que continúa provocando esa fascinación?

Es el fetiche. Federico era un tipo technicolor y, dentro de esta Buenos Aires gris, llamaba la atención. Recuerdo que una consultora de publicidad le dijo que estaba entre las diez caras que paraban el zapping en la televisión. En los últimos años se lo abordaba de distintos lugares y Federico consideraba que todo era lo mismo, no era un snob.

– Y cuando las críticas arreciaron por la condecoración que le entregó el entonces presidente Carlos Menem en 1998 por su contribución al arte, ¿también le dio lo mismo?

Él estaba muy atento a los insultos y a las críticas. De todas formas, la gente creía que Federico y el ex presidente se dormían charlando, y la verdad es que lo vio tres veces en su vida. No se benefició en absoluto con el gobierno de Menem. Él no producía, él gastaba, y todo lo dirigía hacia el arte.

¿Nunca vendió nada?

¡Nunca vendió nada! ¡Cortaba el zapping pero nunca vendió nada! Te doy un ejemplo. Nosotros con la galería Klemm trajimos en el año 92 fotos de Robert Mapplethorpe que ofrecíamos al publico en términos de 7 a 11 mil dólares las más caras… y no se vendió nada. Pero a Federico no le importaba.

-Durante los últimos años de su vida se convirtió en un personaje muy conocido gracias a la televisión. ¿Disfrutaba de esa popularidad?

Era un piropo más. Federico vivió toda su vida en la Argentina, y debió transitar épocas sumamente duras y dolorosas para alguien como él. Porque él siempre fue igual, no era un personaje que había creado para la televisión.

-¿Había algo de autoconciencia de su parte?

No, él era así y pagó un precio muy caro por ser honesto consigo mismo. Me acuerdo de un speech que dio en la fundación en el que dijo: “di mucho mas de lo que esperaban de mí”. Y verdaderamente fue así. Y dio más por la sociedad y el arte nacional que muchos argentinos más encumbrados. En nuestro país, la mayoría de las colecciones son privadas y son inaccesibles para el público, todo lo contrario de la de Federico, que cualquiera puede disfrutar.

-¿Alguna vez lo escuchó lamentarse de que el reconocimiento le llegara tan tarde en su vida?

De ninguna manera, porque él fue siempre reconocido. Tenía 20 años y enmudecía los teatros cuando entraba. Federico, cuando joven, fue muy bello. Y después que dejó de ser joven, fue muy rico, y eso le dio una alta visibilidad social. La belleza y el poder son las armas más excitantes, y él supo aprovecharlas.

Fuente consultada: Infobae

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